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La Depresión como un reto para todos

La Depresión como un reto para todos

La Depresión como un reto para todos; no solo para el profesional de la salud.

La depresión y el suicidio son graves problemas de salud mental a nivel global. Se necesitan esfuerzos coordinados y una atención especial para prevenir y tratarlos desde un enfoque multidisciplinario en el que la Logoterapia hace valiosos aportes poco conocidos para algunos profesionales de la salud mental y para la población en general.

Es una enfermedad silenciosa que puede destruir la vida a muchos niveles, por el dolor mental y emocional que implica, generando en quien la padece sensaciones de inseguridad, miedo a la vida, ansiedad…, alterando seriamente su vida cotidiana.

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), en el mundo, más de 264 millones de personas sufren de depresión. La depresión es la principal causa de discapacidad y aproximadamente 800.000 personas mueren por suicidio cada año, lo que equivale a una muerte cada 40 segundos.
20 millones de personas al año, tienen un intento de suicidio. Esta es la segunda causa de muerte entre los jóvenes de 15 a 29 años, muchas de ellas ligadas al tema de depresión. Y, según dicha Organización, aunque hay tratamientos conocidos y eficaces contra los trastornos mentales, más del 75% de las personas afectadas no recibe tratamiento alguno, ya sea por falta de recursos, por ignorancia, por el estigma social, o por la inadecuada capacitación del personal de salud.

Los índices, tanto de depresión como de suicidio varían según el país y la región. Algunos países tienen tasas más altas de depresión y suicidio debido a factores como la pobreza, la falta de acceso a la atención médica, los conflictos armados, el uso de sustancias psicoactivas. Otros por el alto nivel de estrés de un estilo de vida competitivo, consumista, así como por el hecho de tener cubiertas todas las necesidades básicas y más; como sucede en las clases socioeconómicamente altas y en algunos países con gobiernos que proveen a sus ciudadanos de todo lo necesario desde el nacimiento hasta la vejez; tienen de todo, pero no sentido.

Los índices pueden estar subestimados debido a la falta de acceso a la atención médica y la estigmatización de la salud mental.

En los últimos años la depresión se ha vuelto tan frecuente que ya muchas personas utilizan la palabra depresión para describir sus estados de tristeza o preocupación. Es común, especialmente en gente joven, decir “estoy en la depre” o “amanecí con depre…” sin embargo, es muy importante distinguir el sentimiento de tristeza, los cambios en el estado de ánimo o soledad, de una depresión.

La depresión no es decaimiento o tristeza, por profunda que esta pueda ser.

La depresión es mucho más que cambios en el estado de ánimo. Es un cuadro clínico, un síndrome con una gran variedad de síntomas. Definida como una condición incapacitante.
Toda enfermedad incapacita en diferente medida; de la etimología Infirmis = sin firmeza.

Mas cuando hablamos de depresión, este es el síntoma preponderante: sensación de incapacidad. Probablemente el que más sufrimiento y vergüenza les causa. Afectando grandemente su autovaloración, así como el rendimiento y productividad en su vida cotidiana, laboral, afectiva, social…

La depresión es un síndrome que se diferencia de la tristeza en cuatro formas básicas:

  • La depresión es mucho más profunda y dolorosa.
  • Es más prolongada.
  • Interfiere con la funcionalidad cotidiana. La persona se siente incapaz de realizar las tareas más sencillas, aun cuando las lleve a cabo con gran esfuerzo.
  • Implica una serie de problemas en la interacción social, en la conducta y en el funcionamiento mental y físico. Por lo tanto, requiere atención médica y psicoterapéutica.

Puede también tener distintos orígenes o causas.

Algunos especialistas la han llamado “la gran enmascaradora” debido a que oculta su verdadero rostro con síntomas comunes a otras enfermedades.

Mencionada por el Dr. Frankl como parte de la Neurosis Noógena en esa triada de agresión, depresión y adicción, como resultado de vivir en una frustración existencial durante largo tiempo: por su origen, esta correspondería a una depresión noógena.

Todos pasamos por períodos de vacío existencial. Es un fenómeno humano. Mas si este se vuelve crónico, podríamos desarrollar dicha patología: Neurosis noógena.

Parafraseando al Dr. Viktor Frankl, – Cada vez más, las personas tienen los medios para vivir, pero no un para qué vivir… Y así, se agreden, se drogan y se quitan la vida. –

¡Cuántas cartas de despedida para la familia diciendo “Mi vida no tiene sentido”!

El Dr. Frankl fue visionario al plantear que éste sería el malestar de nuestra época.

Como profesionales de la salud, debemos estar atentos a lo multifactorial del padecimiento para poder dar, no solamente una atención temprana sino integral desde un abordaje multidisciplinario. Sumando esfuerzos en lugar de descalificar unos a otros en detrimento del paciente y de su familia.

La depresión es un reto para el logoterapeuta, sí, pero lo es también para el médico, para el psiquiatra, para el psicólogo y para el psicoterapeuta de cualquier orientación.

Es indispensable entonces que no solamente los médicos, psicólogos y psicoterapeutas conozcamos a fondo lo que es el padecimiento. Al ser tan frecuente, toda persona necesitaría informarse por lo menos medianamente para poder detectar cuando un amigo, familiar, alumno, colaborador, etc., pudiera estar en riesgo por depresión.

Cuando la depresión es una enfermedad crónica por su origen endógeno (orgánico), se convierte en un dolor inevitable con el que hay que aprender a vivir de la mejor manera posible. Esto depende, en una medida importante, de que el profesional de la salud trabaje en equipo con otras disciplinas.

La depresión se clasifica tomando en cuenta los factores que la originan. Lo más frecuente es encontrar orígenes mixtos.

I Depresión endógena u orgánica:
Como su nombre lo indica, tiene como origen un desorden fisiológico.

Hay distintos tipos de depresión endógena:

  • Depresión mayor: se origina por una disfunción bioquímica del cerebro y contiene un elemento genético, es decir, es hereditaria.  Cuando se explora el árbol genealógico de la persona es común encontrar una larga historia de depresión y suicidio. Se presenta en forma de episodios de profunda depresión, alternados de períodos de una relativa estabilidad.
  • Distimia o depresión crónica: La persona está todo el tiempo deprimida, aunque no tan severamente como en los episodios de depresión mayor. Tiene una vida medianamente funcional pero ve la vida gris. Cuando una persona ha tenido este estado depresivo por dos años o más se diagnostica como distimia. Al ser tratadas con antidepresivo y psicoterapia, muchas de ellas manifiestan ver el mundo de nuevo, o por primera vez, a colores.
  • Trastorno bipolar, antes conocido como neurosis maniaco-depresiva: Es una forma cíclica en donde el paciente tiene períodos de euforia, hiperactividad, irritabilidad, conductas erráticas cuando está en estado de manía seguidos de períodos de profunda depresión.
  • Depresión tóxica: tiene un origen externo que afecta orgánicamente, como el uso o abuso de ciertos fármacos, abuso de alcohol o secuela de enfermedades virales como la hepatitis.
  • Depresión postparto: esta puede aparecer el tercer o cuarto día después del parto debido a desajustes hormonales y durar de un día a una semana; desaparece sin necesidad de tratamiento; si los síntomas aparecen desde el primer día del alumbramiento y existe una predisposición hereditaria o padecimientos afectivos previos, es necesario tener un tratamiento de inmediato.

II Depresión psicógena:

A diferencia de la depresión orgánica, esta tiene su origen en conflictos psicológicos, importantes carencias en la infancia, eventos traumáticos, etc.

La depresión de origen psicológico se deriva de experiencias tempranas en la vida de la persona como son las pérdidas, el abandono, padres emocionalmente distantes, atmósfera hogareña hostil o francamente agresiva, abuso sexual y/o emocional.

  • Reactiva: Surge a partir de una causa que es evidente, como la pérdida de un ser querido o de algo considerado valioso -trabajo, casa, ciudad-, etc.  La depresión que se vive en el proceso de duelo es de tipo reactivo. Es pasajera, como una difícil fase de dicho proceso y no necesariamente requiere tratamiento. Se presenta con menos síntomas físicos que la de origen orgánico. Comúnmente no hay pérdida considerable de memoria, ni malestares gastrointestinales, o dolores de cabeza. A veces se le clasifica como psicógena -aunque su origen es una causa externa- para no incluirla en los tipos orgánicos.

Existen factores que pueden precipitar un estado depresivo latente como una pérdida importante, una decepción o pérdida de un sueño, enfermedad física, estrés prolongado, crisis o un evento traumático, cambio de residencia, etc.

Los síntomas de la depresión tienen variaciones dependiendo de su tipo y de su severidad. Pero los síntomas más frecuentes son:

  1. Sensación de incapacidad
  2. Sentimientos de profunda tristeza y desesperanza
  3. Pérdida de interés e incapacidad para experimentar placer (anhedonia)
  4. Pérdida de apetito (anorexia) o aumento considerable del apetito
  5. Insomnio o hipersomnia
  6. Fatiga, bajos niveles de energía
  7. Sentimientos de inutilidad, incapacidad y culpa
  8. Angustia
  9. Incapacidad para concentrarse
  10. Baja autoestima
  11. Miedo persistente sin saber a qué o por qué
  12. Pérdida de sentido en la vida
  13. Pensamientos recurrentes de muerte y suicidio

El mayor éxito en el tratamiento de las depresiones orgánicas (endógenas) es el que incluye fármacos, que deben ser recetados por un psiquiatra, y tratamiento psicoterapéutico.

III Depresión noógena:

Pocos profesionales de la salud tienen presente este tipo de depresión que el neuropsiquiatra Viktor Frankl clasificó como un elemento de la neurosis noógena.

Según el Dr. Frankl, cada época padece sus neurosis y cada tiempo necesita su forma de psicoterapia.

La neurosis noógena que observamos con tanta frecuencia en la actualidad se origina en una frustración existencial de las personas que no encuentran la manera de satisfacer su necesidad de sentido, de dar un contenido coherente de significados, valores y trascendencia a su existencia.

Como se mencionó antes, el cuestionamiento por el sentido de la vida no es en modo alguno patológico; es algo totalmente humano, parte ineludible del tener consciencia de sí mismo y del ser-en-el-mundo.

Se convierte en generador de patologías cuando la pregunta por el sentido de la propia vida no obtiene respuestas, cayendo así en un vacío existencial crónico que empuja al absurdo, a la agresividad, la apatía, el aburrimiento, la adicción, depresión y suicidio: síntomas de la neurosis noógena, mencionada por dicho autor como la enfermedad de nuestro tiempo.

El filósofo Schopenhauer afirmaba que la humanidad oscila entre la necesidad y el aburrimiento. Para Frankl, el aburrimiento, da hoy en día más trabajo que nunca a los médicos, psiquiatras, psicoterapeutas y neurólogos ya que se ha convertido en una causa de enfermedad psíquica de primer orden.
Muchos suicidios se pueden atribuir al vacío interno, como es el de un tedio abismal.

Muchas personas en las sociedades posmodernas, van del estrés de una vida acelerada a la ansiedad y el aburrimiento del tiempo libre.  Muy conocida es la “neurosis del domingo” en que las personas se enfrentan al vacío de una vida sin sentido que “se aparece” sin remedio en el tiempo libre.
En palabras de V. Frankl “La neurosis dominical, ese tipo de depresión que aflige a las personas que se dan cuenta de la falta de contenido en sus vidas cuando terminan las prisas de la semana ocupada y el vacío dentro de ellos se manifiesta.”

El ritmo acelerado de la semana es, en ocasiones, un vano intento de evasión de la frustración existencial. Es posible que ese ritmo lo lleve también al fin de semana a través del deporte extremo o del “festejo o diversión extremos” tras el que sobreviene un vacío aún mayor.

Es cuestionable entonces, que la satisfacción de las necesidades básicas lleve a la anhelada felicidad.  Los países llamados del primer mundo, que han creado sociedades que “protegen” a sus ciudadanos atendiendo estas necesidades y más, tienen altos índices de suicidio.

La Logoterapia, escuela de psicoterapia centrada en el sentido de la vida, aborda los temas existenciales como el cuestionamiento hacia el sentido, el vacío existencial, la libertad personal – a pesar de los condicionamientos-, la responsabilidad en la construcción de una vida más significativa y hacia el bienestar personal, el sentido del dolor humano, etc.
Se conoce también, por lo anterior, como una psicoterapia existencial.

Sus herramientas son de gran utilidad para trabajar tanto con la persona que padece una depresión por falta de sentido, como con aquellas que sufren de una depresión orgánica y/o psicógena, ya que ellas necesitan también encontrar recursos para aprender a vivir con el padecimiento y a elegir para su existencia lo más significativo posible.

La Logoterapia es también una forma de psicohigiene que busca prevenir la depresión y otros problemas psicológicos al orientar a las personas a encontrar significado y propósito en su vida, desarrollando una perspectiva positiva de sí misma y de la vida, promoviendo la vivencia de valores como el amor, la compasión, la creatividad, la cultura, el encuentro, la solidaridad, etc., mismos que favorecen sentimientos de plenitud a pesar de los retos y dificultades.

Estadísticas de Suicidio.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) reporta que:

  • En los últimos 45 años los índices de suicidio han aumentado en el mundo en un 60%.  El suicidio se encuentra actualmente entre las tres primeras causas de muerte entre la población de 15 a 44 años de edad en ambos sexos.
  • Cerca de 800 000 personas al año se suicidan en el mundo.
  • Cada 40 segundos se consuma un suicidio.
  • A pesar de que los índices de suicidio entre la población de hombres adultos han sido tradicionalmente los más altos, los índices de la población joven han aumentado de tal forma que ahora se consideran el grupo de más alto riesgo en un tercio de todos los países.

La depresión –en sus distintos tipos- y el abuso de sustancias tóxicas están asociados con más del 90% de todos los casos de suicidio.  Sin embargo, el suicidio es el resultado de factores psico-socio-culturales complejos y es más probable de ocurrir durante períodos de crisis individual, familiar y/o socioeconómica.

Los Centros para el Control de Enfermedades de Estados Unidos reporta que:

  •  Mueren más personas por suicidio que por homicidio.
  • En Estados Unidos el suicidio es la octava causa de muerte de la población en general y la tercera entre la población de 15 a   24 años.
  • Los hombres tienen cuatro veces más probabilidad de morir por suicidio que las mujeres.

Advertencias o señales de riesgo suicida:

Es muy raro que una persona se suicide sin haberlo reflexionado tiempo atrás. Durante los días y horas anteriores a que una persona se quite la vida, es lo más frecuente que haya mensajes, señales y advertencias.

Las señales más fuertes y directas son las verbales: “ya no puedo más”, “ya nada me importa…”, o incluso algo más directo como “estoy pensando en acabar con todo” Los comentarios de este tipo deben siempre tomarse muy en serio.

Otros elementos para tomar en cuenta, que se observan casi siempre en las semanas anteriores a un suicidio son:

  • Estado depresivo severo.
  • Pérdida de un ser querido o de algo importante como trabajo, casa, etc.
  • Abandono de sí mismo (la persona no se asea ni se arregla, no le interesa atenderse, comer, etc.)
  • Comportamiento temerario.
  • Regalar posesiones de valor monetario o estimativo (arreglar testamento, poner en orden los pendientes, etc.)
  • Cambio drástico de comportamiento, actitud o apariencia.
  • Abuso de drogas y/o alcohol.

Evaluar el riesgo suicida es algo muy complejo.  El suicidio no se puede predecir, sin embargo, podemos tomar en cuenta diferentes aspectos que nos dan una idea más clara acerca de qué tan posible es que alguien pueda llegar al suicidio.

Mientras más elementos de la siguiente lista encontremos en una persona y en su circunstancia mayor el riesgo suicida:

Antecedentes:

  • Abuso sexual o físico
  • Historia de abuso emocional
  • Historial familiar de depresión, suicidio y/o violencia
  • Fallecimiento de un familiar o amigo íntimo
  • Separación o divorcio
  • Despido del trabajo o problemas laborales
  • Pobre rendimiento académico, próximos exámenes o resultados de los mismos.
  • Procesos legales inminentes
  • Encarcelamiento reciente o próximo
  • Fuertes problemas de pareja (celos)

 Conductas:

  • Comportamiento irreflexivo
  • Peleas y/o llanto frecuente
  • Infracciones a la ley
  • Herirse a sí mismo
  • Retraimiento. Aislamiento
  • Intentos de suicidio previos
  • Lecturas y escritos acerca de la muerte
  • Búsqueda en internet sobre formas de quitarse la vida
  • Impulsividad
  • Comportamientos extremistas
  • Hablar con frecuencia sobre muerte y suicidio

Cambios físicos:

  • Falta de energía
  • Falta de apetito
  • Insomnio o hipersomnia
  • Pérdida o aumento considerable de peso

Pensamientos y emociones:

  • Pensamientos recurrentes de muerte y suicidio
  • Pensamientos negativos y visión estrecha
  • Soledad (falta de red de apoyo familiar y social)
  • Rechazo (sentirse marginado)
  • Profunda tristeza
  • Ansiedad
  • Pérdida de auto valoración
  • Sentimientos de inutilidad y de vacío existencial

Las personas que planean el suicidio están convencidas de que no les queda alternativa.  Para ellas, en ese momento, la muerte es su mundo y es necesario comprender la profunda desesperación que las lleva a contemplar el suicidio como último recurso.   Es para ellas casi imposible pensar que el suicidio es a menudo la solución permanente a un problema pasajero o con solución.

La mayor parte de las personas que consideraron seriamente el suicidio y no lo llevaron a cabo, después se alegran de estar vivas, y hasta entonces comprenden que en ese momento solo deseaban acabar con un dolor o que no encontraban la forma de resolver un problema o de pedir ayuda.

Cuando una persona está sumida en tal desesperación y/o depresión no debe intentar arreglárselas sola, es indispensable que pida ayuda.  Si no cuenta con apoyo de familia o amigos, es necesario que acuda de preferencia a un profesional de la salud, a un centro de intervención en crisis, grupo de auto ayuda, o centro de salud.

Las señales de alarma que manda una persona que está al borde del suicidio son formas desesperadas de pedir ayuda porque lo último que en verdad quisiera es la muerte. La decisión de morir la toma, comúnmente, cuando no encontró respuesta a sus señales.

La primera ayuda psicológica puede ser ofrecida por un familiar, amigo, maestro, trabajador social, compañero, etc.., y ha de incluir una profunda escucha. Una persona deprimida y desesperada necesita de un oído atento. No quiere oír consejos, opiniones, casos de otros y mucho menos juicios o reclamos.

Necesita también a alguien que le acepte, aun con sus “pensamientos raros”, alguien en quien poder confiar. Necesita que no se le deje sola en su mundo caótico.

Será más fácil entonces que busque ayuda profesional o que se le pueda acompañar con un especialista que pueda atenderle integralmente devolviéndole su derecho a una vida digna y significativa.

María Teresa Lemus de Vanek
Psicóloga clínica. Logoterapeuta.
Directora de Logoforo.com

Fuentes bibliográficas:

Frankl, Viktor.
Psicoanálisis y existencialismo. De la psicoterapia a la logoterapia.
Fondo de cultura económica
México, 2013

Lammoglia, Ernesto.
Las máscaras de la depresión.
Editorial Grijalbo
México, 2003

https://www.who.int/es/health-topics/la-d%C3%A9pression#tab=tab_1

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