Joker: El retrato de un sistema enfermo. ¡El estigma!

 

El Joker, retrato de un sistema enfermo! Buen artículo publicado en la revista psiquiátrica española Medscape, del autor Dr. José J. Mendoza Velásquez.

¡Me parece una buena reflexión!

¿Tú, qué opinas?

Existe particular controversia generada por la empatía percibida hacia el personaje de Arthur Fleck, Joker, interpretado por Joaquín Phoenix en la película homónima.

El extraordinario desempeño actoral quita la atención sobre algunos puntos hasta generar algunas ideas poco acertadas sobre la salud mental, pero dejando en claro varios hechos sobre los servicios psiquiátricos y el estigma, y no solo ante la enfermedad mental.

El Dr. Malpica, de la Universidad de Carabobo, señala que la psiquiatría es un conocimiento de fronteras borrosas, y ante la necesidad de establecer sus límites se corre el riesgo de extraviarse, llegando más que a la omnipotencia, a la impotencia, y en ocasiones a la agresión, la alternativa y la charlatanería.

Pero problemas sociales como la violencia o las neurodiversidades trascienden los límites de la psiquiatría, dejando un gran margen descubierto que debe ser abordado por múltiples áreas de la salud mental. La psiquiatría y la formación actual en la misma debe ser revolucionada, a procesos basados no solo en la neurociencia y la psicoterapia, sino en la salud pública y la rehabilitación para poder establecer un proceso con principio y fin.

Ejercicios comunes, como interpretar las manifestaciones múltiples derivadas de un personaje ficticio o histórico, dejan en claro las limitaciones de una ciencia como la psiquiatría. Pretender que a través de una ciencia única podamos entender la complejidad humana habla de omnipotencia y de ingenuidad.

Arthur Fleck es un hombre adulto, al parecer portador de un padecimiento neurológico altamente estigmatizante, ya que su risa podría tratarse de una crisis gelástica derivada de las lesiones frontales presentadas en la infancia.

El término epilepsia gelástica se refiere exclusivamente a aquellas convulsiones relativamente raras donde la risa es el síntoma cardinal. Estas convulsiones pueden consistir exclusivamente en risas, pero con frecuencia se producen asociadas con un estímulo autonómico general y automatismos de movimiento y/o estados alterados de la conciencia.

Crecer dentro de un entorno poco conocedor y absolutamente insensible a la enfermedad, posterior a vivir años de incomprensión social y abuso, así como el estigma y las violaciones de los derechos humanos de las personas que padecen estos trastornos, agrava el problema. Un problema que puede ser oportunamente atendido en un ambiente social favorecedor y con posibilidades de tratamiento correcto con fármacos o cirugía, no en un ambiente hostil y violento, con servicios poco sensibles a la enfermedad mental o neurológica, ya que esto da lugar a episodios de violencia en respuesta a la violencia.

    Sirva esto de pretexto para abordar el principal problema mental planteado en esta película: el estigma.

Y la respuesta del sistema para Arthur Fleck no fue integral ni suficiente, solo polifarmacia, lo que me hace suponer la presencia de trastornos conductuales durante la infancia y la adolescencia (probablemente violencia que tiende a generar tratamientos basados en múltiples fármacos y dosis elevadas usualmente con efectos secundarios importantes, y facilitando la falta de adherencia), sin procesos de reintegración o rehabilitación, lo que incrementa consecuentemente la violencia en forma bidireccional y culmina en un acto de rebelión ante un sistema apoyado por todos los oprimidos por dicho sistema, los estigmatizados: Los nadies de Eduardo Galeano (que tanto nos recuerda el Dr. Quijada):[4] «Los nadies: los hijos de nadie, los dueños de nada. Los nadies: los ningunos, los ninguneados, corriendo la Liebre, muriendo la vida, jodidos, rejodidos: que no son, aunque sean.»

Porque para el común de nosotros, el enfermo mental crónico ha muerto socialmente, como menciona desde un punto de vista antropológico el libro La muerte social del enfermo mental crónico.[5]

Pretender que Arthur Fleck sea explicado en su totalidad por la psiquiatría es terriblemente ingenuo. Evaluar al paciente, ficticio y excelentemente interpretado en un episodio de su historia, nos dará una aproximación sencilla y concreta de lo aquí planteado y podría llevar a estigmatizar aún más a la enfermedad mental. Abordar al individuo en una visión basada en la teoría ecológica de Bronfenbrenner en la que se define un sistema ambiental basado en el desarrollo de los individuos a través de los diferentes ambientes en los que se mueve y que influyen consecuentemente en sus cambios y desarrollo cognitivo, moral y social, puede darnos una aproximación mayor.[6]

Un individuo diagnosticado con epilepsia muy probablemente posterior a un traumatismo frontal, en un ambiente limitado por la pobreza, la vulnerabilidad por la enfermedad mental familiar, la falta de educación formal y oportunidades laborales dadas por la desigualdad de un sistema como el nuestro, culmina en polarización y estigmatización cada vez mayores de recursos que apoteósicamente determinan un final esperado y en momentos necesarios: la destrucción del opresor en manos del oprimido.

https://espanol.medscape.com/verarticulo/5904895?nlid=133326_4763&src=WNL_mxhcpls_200120_mscpedit_gen&uac=323360BJ&impid=2250338&faf=1

 

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