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El Logos. La ciencia del sentido de la vida. Resumen del libro de Luis Ramón Brito

Resumen del capítulo “El logos” del libro Los nuevos caminos de la libertad: del Psicoanálisis a la Logoterapia de Luis Ramón Brito Crabtree. Editorial Diana

El logos.

1) La ciencia del sentido de la vida

LogosNingún otro psiquiatra o psicólogo del siglo XX, fuera de Viktor Frankl y sus seguidores, ha ascendido hasta el logos. De ahí la novedad señera de su descubrimiento y la trascendencia de su demostración.

De lo que tratamos aquí es del logos mismo, no la mera inteligencia lógica, de la autoconsciencia que se responsabiliza, se trasciende y lleva consigo sus condiciones biológicas, psíquicas y sociales de manera integral.

El logos se refiere al sentido de la existencia humana, o como dice Frankl en términos generales “del sentido de la vida”, pues la plenitud de la vida es el Espíritu en todo: el logos.

El logos es también el sistema. La ciencia que le da sentido a todo. No es posible ascender al logos sin hacerlo científicamente y viviendo la verdad de lo que existe. Como sistema, el logos debe ser analizado en movimiento, a través de sus tres momentos:

  1. Como un encuentro existencial.
  2. Como una conversación profunda.
  3. Como una creación de un mundo que tiene sentido.
  1. Un encuentro existencial:

El logos se desdobla en diálogo. Un diálogo entre un yo y un tú y en cuanto es otro, es totalmente distinto de nosotros. Pero en cuanto es un Yo resulta idéntico a nosotros que también somos un Yo.  Gracias a esta identidad espiritual, se realiza un encuentro existencial, un encuentro entre sujetos que se reconocen mutuamente, una entrega mutua por la que se convierten en los que son.  El yo aislado se queda en ego psíquico, encerrado en sí mismo, sin trascender.

2. Conversación profunda:

La verdadera conversación es expresión del logos. Frankl lo detalla así: “En primer lugar, el lenguaje le permite al que habla expresarse a sí mismo (autoexpresión). En segundo lugar, el lenguaje es una apelación dirigida intencionalmente por el que habla a la persona a la que le habla (es autotrascendente). Y en tercer lugar, el lenguaje tiene un contenido, “algo” acerca de lo que se habla (tiene un sentido)”. Aparecen claramente los tres momentos de la coexistencia del logos.

3. Creación de un mundo que tiene sentido:

El cuerpo, la psique y relación social, que en un principio descubrimos como las condiciones naturales necesarias pero no suficientes para que exista el ser humano, son ahora transformadas por el logos o sentido de la vida, en las expresiones concretas y reales del espíritu.

Cuando la persona responsable se decide libremente por algo o por alguien distinto de ella, se va descubriendo ese “algo por qué vivir” y “alguien por quién vivir”.

Al salir de sí mismo para encontrarse en el otro y responsabilizarse de ello, el hombre lleva consigo sus condiciones naturales y va humanizando su cuerpo, su psique y su ambiente social. Todo va quedando transformado por el logos.

2) Los valores que dan sentido a la vida.

“Llenamos de sentido nuestra vida realizando valores”.

Es necesario ahora desplegar en toda su plenitud la riqueza del mundo de los valores, el reino donde el ser consciente y el ser responsable viven como en su casa.

Nuestra vida humana tiene infinidad de posibilidades que Frankl sintetiza en tres vertientes o categorías. La primera, consiste simplemente en experimentar la vida, asumir el mundo, asimilar la belleza que se nos ofrece y entusiasmarse con la verdad de lo que existe. Aquí aparecen los valores vivenciales. Una segunda vertiente, consiste en crar algo, configurar un mundo para el bien de todos. Aquí, descubrimos nuestros valores creativos. Y una tercera vertiente, consiste en asumir una postura positiva ante el dolor, ante lo negativo de la vida. Aquí ya no aparecen, ni descubrimos, sino que necesitamos adquirir valores actitudinales.

Nuestra vida nos ofrece elasticidad para podernos mover hacia las posibilidades que se nos presenten. Nuestra vida se realiza amando, trabajando, y también sufriendo.

2. El sentido del amor a través de los valores vivenciales.

Si el ser humano es, como hemos visto, un ser en relación, esta relación es lo que sensiblemente llamamos amor. La verdadera vida humana es básicamente, desde el fondo y desde el principio, la experiencia del amor.

El amor se personaliza. Lo dirigimos hacia alguien específico y se va haciendo único e insustituible. Ya es el amor espiritual o humano, puesto que es consciente, pero está cargado también de fuerte emoción psíquica, y en el caso del enamoramiento, de expresión sexual. Frankl analiza que, “en el enamoramiento, las cualidades físicas de la otra persona producen en nosotros una excitación sexual, pero en realidad nos enamoramos por sus cualidades anímicas”. Podemos agregar ahora que son precisamente las cualidades espirituales de la otra persona, la consciencia, la responsabilidad y la trascendencia las que nos descubren el valor vivencial que llamamos amistad.

La amistad como valor resulta la mejor garantía para una profunda coexistencia y, en el caso del enamoramiento, es la mejor garantía para ascender al verdadero amor conyugal. Pues como el deseo sexual y el enamoramiento dependen de las condiciones orgánicas o emotivas, no son constantes y de por sí desfallecen con el tiempo o con las enfermedades. Por eso el valor de amistad, que ya no depende de aquellas condiciones, sino que es alimentado por la consciencia y responsabilidad del sujeto, garantiza la permanencia de este amor único e insustituible de verdad y que por eso se llama conyugal (la unión integral permanente con una persona del sexo contrario): la unión con el otro, o el encontrarse a sí mismo con el otro.

El “ágape” es la experiencia cumbre del amor. Nace del amor responsable. Es la vida espiritual en plenitud, que por eso invade toda nuestra vida natural humanizándola, es decir, quitándole lo meramente natural.   Se trasciende a sí mismo en la comunión con todo ser humano, por el solo hecho de serlo. Amar al otro no es verlo como es, sino como puede llegar a ser.

A partir de los valores vivenciales experimentados en todo su vigor es como se hace posible disfrutar la vida y gozar con las maravillas de la naturaleza. Todo puede ser admirado, experimentado y gozado, porque tiene un sentido que se descubre por el ágape: el amor supremo.

Y bien, el amor es sólo una de las posibilidades que se nos ofrecen para encontrar sentido a la vida. Y no es ni siquiera la más importante, aunque es la más inmediata.

3. El sentido del trabajo a través de los valores creativos.

La consciencia exige a cada uno trascender la egoicidad de su eros, haciendo con su ágape una comunidad verdaderamente humana que satisfaga no sólo sus necesidades individuales sino también la libre necesidad del espíritu: a partir del caos del mundo hostil, crear un cosmos adecuado para sí.

El trabajo tiene sentido cuando consiste en la actividad del espíritu que crea un mundo para su comunidad. Es el espacio en el que la peculiaridad del individuo se enlaza con la de los demás, cobrando con ello su sentido y valor.

Cuando la profesión concreta que se ejerce no produce en el individuo su satisfacción concreta que se ejerce no produce en el individuo su satisfacción, no debe culparse por ello a la profesión, sino al hombre mismo. Cualquier profesión sólo es la posibilidad de que la persona encuentre sentido en lo que hace.

2.El sentido del dolor a través de los valores actitudinales.

El hecho de que las posibilidades del sufrimiento sean ilimitadas, nos muestra que los valores actitudinales son superiores en rango ético a los valores vivenciales y creativos.  Para realizar los valores actitudinales el hombre necesita la capacidad de sufrir. Esta capacidad no se hereda ni se recibe de nadie. Se poseen órganos y tal vez talento, pero la capacidad de sufrir debe adquirirla por sí mismo. Tiene que aprender a padecer.

Aprender a padecer resulta un acto de autoconfiguración ante la vida. Cuando algo no se puede cambiar, entonces es el hombre el que debe cambiar ante su circunstancia. Por eso, agrega Frankl “yo no actúo únicamente en base a lo que soy, sino que también llego a ser lo que soy en base  a lo que hago de mí mismo”.

Cuando le encontramos un sentido al dolor necesario, entonces estamos ante el verdadero dolor humano, ante el hombre doliente. Por su puesto que el dolor necesario vivido sin sentido, sólo se convierte en un absurdo.

Frankl se ha especializado en encontrarle un sentido al dolor necesario, al dolor propiamente humano.

Bajo la membrana de la vida, a través del sentir mismo, late continuamente el dolor, como un indicador, como un aguijón, como la señal de que la circunstancia debe trascenderse o que debe uno trascenderse en esa circunstancia. El dolor es  la experiencia de que la vida, en las condiciones naturales biológicas, psíquicas y sociales es finita. De ahí que la vida humana no crece solamente gozando y creando, sino también y sobre todo trascendiendo el sufrimiento.

Es de primordial importancia poner de relieve aquí el drama de nuestra época. Hoy, en general, se vive un predominio hedonista. El hedonismo es la búsqueda natural de una vida excesivamente placentera y rechaza todo sufrimiento. El hedonista cree que todo sufrimiento es innecesario, porque no ve más allá de sí mismo.  Hoy en día el dolor aparece como un absurdo y por eso culmina en la destrucción, el suicidio o el crimen.

No nos hemos dado cuenta de que el dolor necesario interpela a la consciencia. Es “algo” ante lo cual la mente tiene que responder, no huir; afrontarlo, no negarlo. El hombre consciente y libremente tiene que asumir una actitud responsable ante el sufrimiento. Cuando se llega a este punto el sufrimiento ya no crece, sino que es el hombre el que crece, el que aumenta su fuerza. Esta fuerza es la voluntad de sentido que se hace presente.

Somos nosotros los que decidimos qué hacer con nuestro dolor. Sólo el sufrimiento asimilado deja de ser mero sufrimiento. Mas, para afrontar el sufrimiento, debemos trascendernos, encontrarle su logos, su sentido.  En ese momento el dolor deja de ser mero dolor y se convierte en una misión, una tarea, un quehacer, y hasta una vocación. No desaparece el sufrimiento, pero el valor de actitud revela que lo inevitable necesariamente tiene una finalidad.

3) El poder de obstinación del espíritu.

El ser humano es el ser que se trasciende a sí mismo en cualquier circunstancia. Esta actividad de “trascenderse a sí mismo” es su voluntad de sentido. Y la expresión en “cualquier circunstancia” manifiesta el poder de obstinación del espíritu. Obstinación es una palabra que procede del verbo latino obstinare, que significa destinarse a lo que se tiene frente a sí, o sea, empeñarse en realizar lo propuesto.

Aquí traemos a la libertad como lo absoluto; es el infinito poder de obstinación del espíritu. La autodeterminación, o sea, la fuerza que uno mismo se produce para realizarse en relación con lo que tiene sentido; para lo cual, hasta puede liberarse de sus condiciones y muchas veces ha cambiado sus condiciones. Es así como ha progresado la humanidad.

-La intención de presentarte este resumen es darte a conocer el interesante abordaje que realiza el Dr. Luis Ramón Brito. Puedes conseguir su libro en librerías de prestigio. –

Resumen realizado por Elisa Vanek Lemus

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Un comentario

  1. Hola que tal, no soy muy dado a leer libros de psicoanálisis, sin embargo me llamo mucho el interés estés artículo y me gustaría conocer mas sobre este tema, en especial «El Logos» pare prometedor y fácil de digerir, soy un ser de 33 años, arquitecto en donde a lo poco, que mi experiencia a llegado, se han abierto puertas de interés por circunstancias de la vida, ojala llegue este comentario a ojos de alguien que pueda orientarme mas sobre estos temas, saludos excelente día!!!!

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