¿Y el sentido en la empresa? Alineando propósitos.

Para las empresas, las personas siempre hemos sido no mucho más que un mal necesario. La búsqueda de la competitividad como factor de supervivencia de la empresa, lleva a una persecución implacable de la efectividad y de la confiablidad. Y estas no dependen, ni más ni menos, que de las personas.

¿Cómo hacer que todo salga bien a la primera? ¿Cómo podemos garantizar que se da el resultado esperado? La diferencia entre cumplir el pronóstico y no cumplirlo puede suponer una diferencia enorme en el valor de las acciones del negocio, e incluso hasta su quiebra.

Si tenemos en cuenta el papel que jugamos los individuos en las organizaciones, podemos ver fácilmente que esa confiabilidad que se busca está mayormente determinada por confiabilidad de cada una de las personas involucradas en hacer que esa empresa esté viva. Desde los diseñadores del producto e imagen, los Ingenieros que diseñan los procesos y las máquinas, hasta los recepcionistas que se encargan de dirigir cada persona o recado con su destinatario correspondiente, pasando, obviamente, por todo el personal encargado de ejecutar todos los procesos y procedimientos establecidos, todas las operaciones en la empresa están gestionadas o ejecutadas por personas. ¿Puede ser una empresa confiable y, por ende, sustentable, si no lo somos los individuos que tomamos parte en ella? La respuesta parece obvia…

La empresa creyó encontrar en la Psicología la respuesta a la pregunta subsecuente de: ¿cómo puedo hacer para que las personas no fallen? En tanto que la Psicología estudia científicamente el comportamiento humano, esta parece ser la vía más razonable. Sin embargo, la propia evolución de la Psicología, fruto de su todavía relativa inmadurez como Ciencia “nueva”, hace que las respuestas vayan cambiando con el paso de los años.

El Conductismo dio las primeras respuestas. Basándose en los conocidísimos experimentos de Pavlov, se diseñó un sistema muy sencillo de estímulos para hacer mover a las personas en la dirección esperada: el sistema de premios y castigos, también llamado de “la zanahoria y el palo”. La zanahoria simboliza el premio a obtener por seguir el comportamiento esperado o lograr el resultado buscado. El palo, por ende, es el símbolo del castigo que nos espera si no lo logramos o no nos comportamos como se nos indica. La persona es tratada como poco más que un animal, indolente y perezoso, sin ningún interés por la marcha de la empresa ni por su propio crecimiento. Alguien a quien hay que decirle todo, dada su escasa brillantez. Según este punto de vista, los únicos que tienen talento son las personas al cargo de la empresa, quienes deben decir a los demás todo lo que tienen que hacer. Y obviamente: los que lo hacen pueden quedarse en la empresa e incluso llevarse alguna recompensa extra, y los que no…  ya sabemos. Se establece un modelo de Confiabilidad basado en el Control sobre las personas.

Es obvio que el trabajo es un medio necesario para poder satisfacer las necesidades básicas de supervivencia y de seguridad de la persona y su familia. Pero, como Maslow se encargó de probar más tarde, una necesidad satisfecha ya no es un motivador. Por otro lado, en sociedades con baja tasa de desempleo, la amenaza de perder el trabajo ya no lo es tanto, ante las posibilidades que ofrece el mercado de encontrar otro más acorde a nuestras inclinaciones. La actual crisis por la que están atravesando muchos países supone una regresión dramática a este respecto.

La persona, sin motivación, se reserva lo mejor de sí misma. A veces, ese “reservarse” se da de manera perfectamente consciente, mientras que en muchos otros casos, la desmotivación supone un fuerte freno en el crecimiento de la persona, que queda así sin poder “descubrirse”, es decir, auto-realizarse. Cúmulo de potenciales ocultos hasta para ella misma. Pero, ¿qué es eso que se queda en la persona sin revelar? Evidentemente, solo puede ser aquello que no está a la vista, aquello a lo que nadie más que ella tiene acceso: los recursos del plano noético: voluntad, libertad, responsabilidad, creatividad, valores, espiritualidad,…

Este “reservarse” conlleva consecuencias muy negativas para el individuo que, bloqueados sus recursos más íntimamente humanos, queda vacío en la actividad en la que precisamente se lleva la mayor parte de su vida adulta, el trabajo. Vemos aparecer así un ciclo muy negativo de desmotivación – vacío, que se retroalimenta a sí mismo sin solución de continuidad. La persona queda así a merced de unas fuerzas que no comprende y que convierten su percepción de la propia vida en algo sumamente negativo.

Con la influencia del Humanismo sobre las organizaciones empresariales, el enfoque en la empresa cambió, aunque no tanto como hubiera sido posible. Y aquí debemos tener en cuenta que cada empresa evoluciona como un ser vivo, a su ritmo, y no todas las empresas están en situación idéntica. La conciencia de la empresa evoluciona, pero como en el ser humano, son las menos las que se encuentran en niveles de desarrollo que les permiten ver al ser humano como lo que es: humano. Por tanto, lo que comentaré a continuación aplica a la mayoría de las empresas, aunque por supuesto, no a todas.

El enfoque de Control a base de mano dura que se derivó del Conductismo, ha ido derivando hacia posiciones más “blandas”, derivadas del Humanismo, donde a las personas ya se nos permite involucrarnos y ser partícipes de algunas iniciativas, así como obtener reconocimientos de tipo no puramente monetario. La colaboración y el trabajo en equipo se convierten en estandartes del desarrollo organizacional, y el desarrollo de competencias se suma a los conocimientos y habilidades técnicos en el diseño de los planes de capacitación. Las empresas formulan su propósito y su identidad ideal, en forma de Misión, Visión y Valores, y se dan a la tarea de que los empleados compartan estos principios. Las teorías de Liderazgo son la nueva Biblia de las organizaciones, y el primer mandamiento es: “Misión, Visión y Valores son las vías para lograr los objetivos de la empresa, y deben ser compartidos por todos los empleados de la misma”.

Como norma general, dado que según la Dirección de la empresa, solo esta puede definir hacia dónde va, Misión, Visión y Valores se definen desde bien arriba en el organigrama, y lo que resta es, obviamente, persuadir a todos los demás empleados para que los conviertan también en suyos. Los valores marcan los nuevos comportamientos esperados, reflejados en Políticas y Códigos de conducta, y los reconocimientos premian a quienes se alinean con aquellos. La empresa permite mayor participación, promueve el trabajo en equipo y la colaboración, y establece sistemas de recompensa y reconocimiento más allá de lo puramente monetario. Exige, por su parte, cumplir los objetivos establecidos y tener compromiso, que es el nuevo término empleado para designar el seguir los comportamientos esperados. El que cumple y “tiene compromiso”, puede permanecer en la empresa y ser recompensado, y el que no, le sucede lo mismo que anteriormente se mencionó. Si lo vemos bien, la mano dura previa se transforma en persuasión, pero el modelo conductista de control a través de estímulos sigue impregnándolo todo.

Bajo esta visión de las cosas, radica la creencia de que cualquiera puede compartir los valores que se le pongan delante, e incluso, en aras del “compromiso”, anteponerlos a los suyos propios. Esta falacia mueve toda una serie de teorías acerca del Liderazgo, en las que se proponen multitud de modos y trucos para conseguir esa alineación entre las personas y los objetivos del negocio, según las cuales, aquellos que consiguen que su gente haga lo se espera de ellos, son buenos líderes, tienen “Liderazgo”, y los que no, carecen de él. Los mandos medios se ven exigidos, no solo a adoptar los valores de la empresa, sino que se les responsabiliza de que las personas a su cargo también lo hagan. La frustración y alienación se extiende así desde la base de la estructura organizacional hacia arriba en la cadena de mando.

Con la mayoría del personal desmotivado, aunque bien incentivado, y los individuos reservándose lo mejor de sí mismos, es fácil anticipar lo qué acabará por sucederle a la empresa a medio o largo plazo.

La alineación de intereses es necesaria para que la empresa pueda ser sustentable a largo plazo, pero el malentendido de que la manera es “alinear” a los demás con el propósito y valores de la empresa, lleva precisamente a lo contrario: un presente lleno de tensión y un futuro incierto. Entonces, ¿en qué consiste esa alineación necesaria para todos? Evidentemente, no puede darse al nivel de los deseos de cada una de las partes, sino a un nivel mucho más profundo: el del propósito. Por tanto, en realidad no van tan desencaminadas las teorías imperantes de Liderazgo. Más bien, la confusión está en pretender que el propósito y los valores del individuo están a la venta o sujetos a negociación. Se tratan como si fuera un producto a intercambiar más, parte así del negocio.

¿Con qué se puede alinear el propósito de muchas de las empresas, de lograr año tras año cada vez más utilidades, o de vencer a la competencia sistemáticamente? Se podrá alinear con el de aquellas personas muy ambiciosas que busquen escalar en el organigrama continuamente, e incluso de aquellas que necesiten el trabajo para su propia supervivencia en una sociedad con poco trabajo disponible, pero no con aquellas cuyo propósito sea más trascendente, ni con aquellas que buscan seguridad en el empleo y en su vida profesional. El capitalismo se ha convertido en sinónimo de lograr dinero como único propósito de las empresas, y por tanto, la imagen que se promueve de las personas es la de los triunfadores ambiciosos que hacen lo que sea necesario con tal de ascender.

La empresa es una creación humana, y su propósito refleja el de las personas que la crean. Dado que no todos los individuos aspiran a lograr poder o reconocimiento por medio del dinero, hay también empresas cuyo propósito va más allá del dinero. Obviamente, el dinero es necesario para la supervivencia de la empresa, mas no necesariamente debe ser el fin de la misma.

Hay personas que crean su empresa como medio para innovar, generar cosas nuevas, o por un sentido de cumplir con un deber superior, e incluso también con el propósito de servir y hacer un bien a la sociedad y a la humanidad. De todos los propósitos diferentes que pueden tener los fundadores de las empresas, solo hay uno que puede alinearse con el propósito de todos los empleados, y es el de servir a la sociedad, perseguir algo bueno para todos. Solo un propósito elevado, consecuencia de una necesidad de índole espiritual, puede inspirar y motivar a todos los empleados.

Una empresa que busque el bien para todos, busca también el de sus propios empleados, y por tanto, se compromete con la búsqueda y la necesidad de sentido de todos ellos. El sentido o necesidad de supervivencia se satisface con salarios dignos y justos. Los de logro, reconocimiento, pertenencia, crecimiento personal, se satisfacen a partir de entornos seguros, honestos y enriquecedores, donde todo individuo puede trabajar para alcanzar sus metas, donde queda evidente lo que cada quien aporta, donde los líderes buscan ayudar por encima de dar instrucciones y convencer, y donde hay posibilidades de crecimiento personal y profesional. A los individuos se les ayuda a descubrir su propio propósito, aún cuando eso pueda significar que algunos de ellos abandonen la compañía en busca de lo que les es verdaderamente significativo. Los que se van, lo hacen en pos de su sentido más profundo, y los que se quedan, llevan a cabo ese sentido a través del propio trabajo. El Individuo ya no es solo Medio para lograr los objetivos de la empresa, sino que es un Fin en sí mismo.

El objetivo para todos es lograr generar un contexto en la empresa que permita que cada quien dé lo mejor de sí mismo. Quiero designar ese contexto con el nombre de Contexto Nutritivo.

En un Contexto Nutritivo, cada Individuo tiene claridad sobre su propósito en la vida, y ve cómo ese propósito se puede lograr a través de su trabajo en la empresa. Todos son conscientes de que entre estímulo y comportamiento está el espacio de nuestra libertad individual. Cada quien se comporta de acuerdo a sus valores y principios más profundos, que son aceptados y respetados por el resto de compañeros y por los directivos. Todos tienen oportunidad de emplear su talento, su creatividad y sus mejores fortalezas en el trabajo cotidiano, y tienen capacidad de participar y definir cómo hacer las cosas.

Lejos del círculo vicioso de desmotivación – vacío que veíamos en el enfoque duro, en el Contexto Nutritivo se da el de motivación – auto-realización. Y, ¿cuáles pueden ser las consecuencias para la empresa? ¿Qué puede ocurrir con una empresa donde los empleados están en contacto con, y hacen uso de, sus recursos noéticos? No puede ser otra que el más absoluto y radical de los éxitos. Una empresa que cumple su propósito y que perdurará en el tiempo a través de lograr, también, la generación de dinero que le permitirá seguir subsistiendo indefinidamente.

Autor: Jesús Asensio
Plant Manager

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Comentarios

  1. María del Carmen

    Ciertamente si las empresas pudieran acceder a cursos terapeuticos de Análisis transaccional en combinación con otras ciencias de la conducta como la Logoterapia y demás, se romperían las antinomias y rivalidades entre patrón y obrero y todo se volvería más humano.El trabajo debe ser un lugar donde todos puedan exponer sus potencialidades usando, sapiencia, creatividad y demás condimentos de un crecimiento personal pero además y por sobre todo adquirir un conocimiento humano, nuevas tecnicas de comunicación y tirar todos juntos para que el trabajo pase a ser un momento de placer y cada encuentro resulte un re.encuentro.Donde la visión del mundo sea otra basada en la solidaridad, el amor mútuo y el crecimiento de ambas partes.Sin egoísmos sin lo desmedido y una nivelación personal para bien de ambos.Dios en las vidas es muy importante…

  2. Emma Margot Moreno Perez

    No cabe duda que es un excelente artículo, quien no esta conectado con su espíritu de servicio en una Empresa o Institución, lleva un camino largo de frustración. Que tan importante e indispensable se hace el incluir el tema dentro de los cursos de Liderazgo, así como lo debería de ser, como decía la Dra. Kubler-Ross el de la tanatologia dentro de las clases o preparación de los Medicos, para que verdaderamente exista una conexión con el Ser Interno y los demás

  3. mary

    Interesante el artículo y valioso en lo que respecta a que cada uno en la empresa o´lugar de trabajo debe tener la posibilidad de ser él mismo, lo que refiere a poder encontrar en la unicidad del ser el sentido-

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