La Intuición, ¿qué es?

26/03/2009

Por Alejandro Unikel Spektor

 

El texto que presento a continuación son enfoques diversos sobre la intuición. Es un tema que admite muchas interpretaciones, todas a ser tomadas en cuenta.

 ¿A qué se le llama Intuición?

La intuición es un conocimiento que surge sin seguir el camino racional para su construcción y formulación, y por lo tanto no puede explicarse o incluso, y a veces ni verbalizarse. La persona puede relacionar ese conocimiento o información con experiencias previas, pero por lo general es incapaz de explicar por qué llega a esa conclusión. Las intuiciones suelen presentarse más como reacciones emotivas repentinas, latidas, veintes que nos caen, sensaciones, imágenes, frases o palabras que irrumpen a nuestra conciencia, más que como pensamientos elaborados.

Buda decía que “la intuición y no la razón atesora la clave de las verdades fundamentales”

Todos los seres humanos tenemos esta capacidad que puede describirse como la facultad de entender algo sin razonamiento, lógica o sentidos. Bajo este punto de vista, cualquiera de nosotros, experimentamos con frecuencia ráfagas de comprensión intuitiva. Sucede que estamos acostumbrados a desechar todo cuanto no proceda de la lógica, y no solemos prestar mucha atención a estos mensajes.

Para Carl Jung, la intuición es “la función psíquica que percibe las posibilidades inherentes al momento presente”. Yo entiendo esto como la función que nos posibilita darnos cuenta del sentido de una situación que estamos viviendo.

En el modelo de tipología de Jung, la intuición…es una función irracional, porque su aprehensión del mundo se basa en la percepción de hechos dados [que no tienen que ser razonados]… [la intuición] a diferencia de la sensación, percibe vía el inconsciente y no depende de la realidad concreta. En la intuición, un contenido se presenta entero y completo, sin que seamos capaces de explicar o descubrir cómo se originó dicho contenido. La intuición es un tipo de aprehensión instintiva, sin importar los contenidos… El conocimiento intuitivo posee certeza y convicción intrínsecas

La intuición es prima hermana de la poesía, de la metáfora, y del arte en general. Podemos comprender con certeza y convicción incuestionable, como dice Jung, y sin embargo, no entender racionalmente, y tampoco describir la experiencia intuitiva. Frases (sueltas) como:

Murallas de vacío que ninguna trompeta derrumba…

Afuera la noche respira, se extiende…

Pausa de sangre entre este tiempo y otro sin medida…

Las comprendo, tengo certeza absoluta de lo que me significan, son contundentes, completas, no se les puede quitar una letra sin destruirlas, y desde luego no las entiendo, no podría describir esa certeza que siento, porque es más una sensación que una intelección. Este es el lenguaje de las emociones. Si alguien me dice:

En este momento de mi vida me siento como una armadura oxidada en el fondo del sótano; no podría moverme aunque quisiera, porque mis miembros están rígidos; necesito que alguien venga a aceitarlos, pero no hay nadie cerca… todos sean ido de excusión a divertirse.

De nuevo comprendo cómo se siente esta persona, y esta comprensión es completa, unitaria, no tiene costuras. Es incuestionable y contundente; y tampoco intentaría describir su experiencia, so peligro de convertir algo complejo, profundo, y rico en un muñeco de cartón. Este conocimiento más allá del conocimiento, es a lo que muchos llaman intuición.

Algunas personas llaman a la intuición el sexto sentido, o sentido no común. La sienten como una inspiración instantánea o como un sentimiento fuerte y poderoso que los jala en cierta dirección. Unos la perciben como una vocecilla que les susurra al oído. En unos casos se la considera algo sobresaliente y especial, y en otros como algo ordinario. Pero de una u otra manera todos contamos con nuestra intuición. Tal vez no la hemos desarrollado, pero ahí está.

Sin embargo sus mensajes pueden ser tan silenciosos que ni siquiera te das cuenta de ellos y los aceptas como una parte familiar de ti mismo y de tu vida cotidiana; o bien los captas súbitamente con más claridad y te asombras cuando te impactan. Todos estamos conectados a nuestra corriente subterránea de intuición pero muchas veces no nos damos cuenta de ello. Tenemos que aprender a entrar a esa corriente.

La intuición es un darse cuenta interior, profundo y holístico que me permite conocer y comprender algo que se escapa del campo del conocimiento lógico. Es una brújula que me orienta a tomar caminos, acciones y decisiones congruentes con lo que yo necesito en ese preciso instante, o a elegir lo que puedo hacer, de lo que quiero hacer. Aclaremos que lo que necesito no necesariamente es bueno, ético, o bonito. Yo puedo estar necesitando auténticamente matar a mi cuñada, y cuando me doy cuenta de la neta, elijo sólo mentarle la madre, porque lo otro me llevaría a la cárcel.

La intuición es uno de los caminos más importantes que nos conducen a la Conciencia.

La computadora interna; el inconsciente adaptativo

En un libro que se vendió mucho en los Estados Unidos, llamado “Blink, el poder de pensar sin pensar” habla de una metáfora a la que llama “la computadora interna”, o “el inconsciente adaptativo” de donde surgen conclusiones, decisiones, comprensión de situaciones, etc. Este inconsciente no debe ser confundido con el de Freud que es un lugar lóbrego y oscuro ocupado por deseos, memorias y fantasías que son muy perturbantes para ser hechas conscientes. En vez de eso, está la noción de una computadora gigante que rápida y silenciosamente procesa una gran cantidad de información que nos mantiene actualizados como seres vivientes.

Cuando cruzamos una avenida muy transitada y de repente un camión se nos viene encima ¿tenemos tiempo para darnos cuenta de qué opción es la mejor?. Desde luego que no, brincamos instintivamente hacia la banqueta para ponernos a salvo.

La única manera que los seres humanos han podido sobrevivir como especie ha sido desarrollar otra clase de destrezas para tomar decisiones y hacer juicios rápidos basados en poca información consciente. Parece ser que la mente opera con más eficiencia relegando una gran cantidad de información de alto y sofisticado nivel a ese inconsciente, de la misma manera como una aeronave moderna puede volar en piloto automático con muy poca intervención del piloto consciente.

El inconsciente adaptativo hace una excelente labor al calibrar el mundo, alertando a la persona de peligros inminentes, estableciendo metas, e iniciando acciones en una sofisticada y eficiente manera, sobre todo cuando la situación nos exige una toma de posición rápida, inmediata.

Cuando conocemos a una persona por primera vez, entrevistamos a alguien para un trabajo, se nos presenta una propuesta y reaccionamos a ella, tenemos que tomar una decisión sobre todo bajo presión utilizamos frecuentemente esa gran computadora del inconsciente adaptativo.

En el libro se pregunta al lector. ¿Cuánto tiempo necesitabas en la escuela secundaria o preparatoria darte cuenta al inicio del período escolar descubrir qué tan bueno o malo era un profesor: ¿una clase, dos clases, un semestre?. El psicólogo N. Ambady les hizo ver a un grupo de estudiantes tres videos de diez segundos – con el sonido apagado – y encontró que todos ellos no tenían dificultad para presagiar la calidad del profesor; y encontró que las evaluaciones de esos profesores después de un semestre eran bastante coincidentes con las opiniones originales.

En general desconfiamos de esta manera rápida de conocer y aprender. Vivimos en un mundo que asume que la calidad de una decisión está directamente relacionada con el tiempo y el esfuerzo que invertimos en ella. El autor cree que nuestro inconsciente adaptativo, hace a un lado lo superfluo de una situación, lo irrelevante y se centra en lo que en verdad importa.

Resulta entonces que muchas veces, respuestas basadas en informaciones pequeñas, pueden ser más efectivas y veraces que aquellas a las que les dedicamos demasiado tiempo.

Experiencia e Intuición.

Uno de los conceptos de experiencia más útiles para el tema de la intuición, es el de Carl Rogers que señala que es todo aquello que impacta a mi organismo, independientemente que sea o no consciente de ello. En efecto, constantemente estamos siendo afectados por una gran cantidad de estímulos internos y externos a nosotros, de los cuales sólo nos percatamos conscientemente de algunos de ellos. Sin embargo todos generan una experiencia en mi a la que voy a reaccionar, me de cuenta o no de ella. En este momento estoy escribiendo esta nota, acaba de llover, está nublado y gris, el aire se siente húmedo y pesado. Mi atención está en la nota, y no soy consciente del ambiente, pero respiro con alguna dificultad, estoy cansado, y el gris me quita energía.

Toda experiencia – consciente o no consciente – que llega a mi organismo , genera energía interna en términos de sensación, sentimiento, idea, etc. Mientras estamos vivos el proceso de recibir – y expresar – esa energía es constante; en otras palabras, nuestra totalidad físico-psíquica-social-espiritual está permanentemente en un ajuste creativo de equilibrio dinámico del que nos percatamos solo en una pequeña parte. Somos conscientes de muy poco de lo que nos ocurre. Sin embargo, dentro de nosotros está permanentemente en movimiento creativo y sabio, que propicia el mejor ajuste posible de esas energías, de acuerdo a lo que somos en cada instante. Muchas veces tenemos una experiencia, por ejemplo, la vivencia en una sesión de terapia, y un día después no recordamos lo que experimentamos, y creemos haberlo perdido. He tenido la oportunidad de darme cuenta después (a veces varios meses adelante) que no hay tal pérdida; he dejado de estar consciente, pero – así parece – la experiencia se depositó en mi interior y entró en el flujo de las demás energías reacomodándose creativamente.

De otra parte, las experiencias no conscientes, por ser así, entran a mi organismo sin pasar conscientemente por mi percepción, es decir, sin ser filtradas por la razón y la censura de mis creencias; o, al menos, ingresan mucho más libremente, de tal manera que son más congruentes con lo que realmente deseo o rechazo. Quiero decir que ese acomodo interno de las energías es un terreno mucho más confiable que el del análisis racional. Creo – es una mera presunción – que es desde ese terreno sabio, creativo y espontáneo de donde sale buena parte de mi intuición. También creo que es en ese terreno donde se aloja mi Conciencia, que se basa mucho más en la intuición que en la razón. Por eso me digo a mi mismo y a mis pacientes que “dentro hay algo que está trabajando para mí todo el tiempo”, y es ese algo el que hay que aprender a escuchar.

Información e intuición

Nuestro sistema visual, por ejemplo, nos provee en una rápida mirada con una gran cantidad de información: localización, tamaño, forma, color y textura de uno o varios objetos, y si están en movimiento, el observador capta la velocidad y la dirección; además de los estímulos auditivos presentes. De otra parte, percibimos información que no solo llega de nuestros sentidos, sino de otros canales con el medio ambiente. Normalmente, por ejemplo, no percibimos la gravedad, ni el continuo cambio de oxígeno, bióxido de carbono y otros gases en nuestros pulmones. Sin embargo todo ello incide en mi. Imaginemos por un momento todo lo que me está impactando, y comparémoslo (fantasiosamente) con lo que soy consciente de ello. Muchas veces, cuando sentimos algo, como una mala vibra frente a alguien, o no vamos a una cita porque no me late lo que va a pasar, la decisión – totalmente inexplicable y aparentemente ilógica – puede provenir de esas experiencias de información que me impactaron aunque no fui consciente de ello.

En un material sobre la percepción subliminal se dice :

Los procesos de organización de los estímulos primarios en formas no funcionan sólo al nivel de lo que nuestra atención enfoca. Los conceptos de figura y fondo, en situaciones reales, no son tan simples como en un diagrama didáctico. A una de las figuras se le presta la mayor atención y es percibida de forma consciente. Pero aún el fondo se compone de un número indefinido de figuras secundarias, de la cuales no estamos al tanto de manera consciente, y penetran en nuestro sistema a través de los llamados “canales colaterales”. A estos estímulos se les denomina subliminales. Los mensajes subliminales (sub-liminal: por debajo del umbral) son aquellos que acceden a nuestro sistema cognitivo sin que nos percatemos conscientemente de que esto sucede.

Ya en el siglo IV A.C. el filósofo griego Demócrito afirmaba que “hay muchas más cosas perceptibles de las que podemos percibir conscientemente”. … O sea, es un error creer que sólo existe percepción de aquello de lo que se es consciente.

El primer experimento que demostró que un mensaje emitido a espaldas de la conciencia podía, y de hecho tenía, efectos mesurables en la conducta; fue realizado por James Vicary en 1956 en Fort Lee, un barrio de New York. En un cine se proyectaba la película Picnic. Con la ayuda de un proyector estroboscópico Vicary “bombardeó” la pantalla con una diapositiva que decía: “Beba Coca-Cola – ¿Tiene hambre? – Coma palomitas de maíz”. En ese cine, durante una semana, se registró un aumento de las ventas de Coca-Cola en un 18.1%, y de palomitas en un 57.5%.

Al leer un periódico o página Web prestamos poca atención a los anuncios publicitarios, apenas unos milisegundos y de refilón. Pero eso basta para lograr el efecto deseado: el mensaje entra en nuestro sistema de información.

Otro fenómeno que provoca estímulos subliminales es la “defensa perceptual” (el estímulo supraliminal actúa como subliminal). Se plantea que todo lo que agrede a la conciencia y al sistema ético con implicaciones emocionales negativas, es ignorado por la mente. El ser humano tiene la capacidad de bloquear información cuando ésta se opone a sus valores conscientes. Dicha información, no obstante, evoca sentimientos o deseos y llama la atención sobre cosas de las que la conciencia no tiene noticia.

Expresión desde la razón y desde la intuición

Cuando tratamos de captar la experiencia o situación desde la razón, el instrumento que empleamos es la explicación que describe. Veamos, por ejemplo, lo que dice Buber sobre un árbol

Puedo clasificarlo en una especie y estudiarlo como un ejemplar típico de su estructura y de su modo de vida.

Puedo deshacer su presencia y su forma al extremo de no ver en él más que la expresión de una ley: de una de las leyes en virtud de las cuales siempre concluye por resolverse un conflicto permanente de fuerzas, o de leyes de acuerdo con las cuales se produce la mezcla y la disociación de las materias vivientes. Puedo volatizarlo y conservarlo sólo como un número o una pura relación numérica.

En este párrafo, nos dice que podemos explicar el funcionamiento del árbol que estamos viendo (p.ej: que es de la especie tal o cual, mide tanto de altura y su tronco es redondo con irregularidades con un diámetro máximo y mínimo de tanto… etc. Su interacción con el medio ambiente se da a través de tales procesos, que se resuelven en una homeostasis, es decir, el equilibrio de fuerzas constantemente cambiantes, etc. Es una de los 350 de este tipo de árboles que crecen en este bosque, etc.

Veamos la diferencia, siguiendo con Buber, si lo captamos con ojos intuitivos (en vez de racionales) que en vez de percibir pedazos, partes y estructuras que se pueden explicar, buscan aprehender totalidades no válidas para la mente racional.

… pilar rígido bajo el asalto de la luz, o verdor resplandeciente, suavemente inundado por el azul argentado que le sirve de fondo.

… red hinchada de vasos ligados a un centro fijo y palpitante, succión de las raíces, respiración de las hojas, incesante intercambio con la tierra y el aire… y ese oscuro crecimiento mismo.

Y la totalidad cobra su verdadera relevancia cuando se da la relación entre yo, que lo observo, y el árbol, que es observado:

Pero también puede ocurrir que por un acto de voluntad o por inspiración de la gracia, al considerar este árbol yo sea conducido a entrar en relación con él. Entonces el árbol deja de ser un Ello [es ahora un Tu]. Me ha captado la potencia de su exclusividad…

El árbol no es sólo una impresión, ni un juego de mi imaginación, ni un valor dependiente de mi estado de ánimo. Erige frente a mí su realidad corporal, tiene que ver conmigo como yo con él, pero de una manera distinta.

No procuréis debilitar el sentido de esta relación; toda relación es recíproca.

¿Tendrá este árbol una conciencia, y una conciencia simi¬lar a la nuestra? De tal cosa no tengo experiencia. Pero, porque aparentemente tenéis éxito al hacerlo con vosotros mismos, ¿volveréis a intentar la descomposición de lo indescomponible? Quien se hace presente a mí no es el alma… [ni ninguna otra cosa del árbol] sino el árbol mismo.

Los mensajes de la Conciencia pueden ser alcanzados a veces por la razón, pero en la mayoría de los casos – al menos esa es mi experiencia – más por la intuición, porque, como he dicho, ésta capta la totalidad de la experiencia y no tan sólo un pedazo de la misma. Todos hemos tenido la vivencia de que nos caiga el veinte de una situación inconclusa, no cerrada, confusa. Esta es uno de los típicos y más familiares mensajes enviados por la Conciencia, y nuestra expresión tiende a ser: “ahaaa, ahora comprendo”; y lo que recibo es el paquete total, el rompecabezas completado con esa pieza que le hacía falta. Recordemos lo que dice Fabry y su cita de Frankl sobre la Voz de la Conciencia:

Ocasionalmente… determinada situación le permite al hombre racional dar con una respuesta racional… En las preguntas que formula la vida, sin embargo, no siempre podemos descubrir las alternativas y, aun descubiertas, la respuesta correcta dista mucho de ser obvia. Y esto es así porque las preguntas de la vida a menudo no admiten respuestas racionales. A juicio de Frankl, el sentido de una situación es único, no cae dentro de una ley general y, en consecuencia, el pensamiento racional por sí solo no puede ayudarnos en nuestra búsqueda de sentido. Tampoco podemos depender de nuestros instintos como… los animales. [de ahí que] habiendo perdido la mayoría de [sus instintos] y no pudiendo confiar enteramente en su razón, el hombre debe recurrir a la voz intuitiva de su conciencia. .

Conocimiento y comprensión

Nuestra cultura está orientada mucho hacia la razón, la explicación, el conocimiento. Necesitamos entender porque eso nos da seguridad y plataforma para actuar y realizar cosas, para conquistar el medio ambiente y a nosotros mismos. Otras culturas, como las orientales buscan más la captación intuitiva que el entendimiento racional; tratan de comprender en vez de conocer. Y la comprensión toca más el corazón y el espíritu que la razón. Utiliza más la intuición y la contemplación; es más pasiva que activa. Yalom compara las dos posiciones en unos poemas: el primero, un haiku del maestro zen del siglo XCVII Basho, y el segundo escrito por Tennyson. El haiku dice así:

 Si observo atentamente,

veo la nazuma floreciendo ¡Junto al seto!

 

Leamos el segundo, de Tennyson:

Flor que brotas en la grieta del muro,

te arranco de la grieta;

y te tengo, con raíz y todo, en mi mano.

¡Florecilla! Si pudiera comprender

lo que tú representas, con raíz y todo,

sabría lo que es Dios y el hombre.

 

En el haiku, Basho observa atentamente – contempla – la nazuma El haiku expresa una relación tierna, humilde, cercana, armoniosa y total con la naturaleza. Basho se halla sereno, lleno de sentimientos, y los enfatiza en las dos últimas sílabas con un signo de admiración. Tennyson en cambio, se habla en voz alta, está elocuente, activo. Arranca la flor, la separa de la naturaleza “con su raíz y todo” (lo que significa que la planta morirá) y la examina de cerca. Intenta analizar y comprender la flor; se mantiene alejado de ella de una manera objetiva y científica. Usa la flor para llegar a conocer otra cosa. Convierte su encuentro con la flor en conocimiento y, a la postre, en poder.

Comprensión mediante la intuición

Los asuntos emocionales humanos son complejos. Muchas veces no responden a la lógica racional. Tienen su propia lógica que captamos mejor cuando renunciamos a entender. Cuantas veces hemos intentado entender desde la razón alguna conducta – una fantasía catastrófica, algo que no queremos hacer pero no podemos dejar de hacerlo, una preocupación que no viene al caso, pero no se aparta de nosotros, etc – y, a pesar de entenderla, no sirve para hacernos sentir mejor. La razón y las emociones se mueven en mundos diferentes, no engranados entre sí, y cada uno de ellos tiene su propia fuerza y reglas de juego. El trabajo emocional está mucho más en la comprensión desde el corazón que en el entendimiento desde la razón. No pretendo negar la importancia de entender y conocer racionalmente algún problema emocional, pero que creo que esto viene en otros momentos, cuando necesitamos pasar de la comprensión a la decisión y la acción, movilizando la voluntad. Pero sin comprensión, la decisión, la acción y el ejercicio de la voluntad pueden ser erráticos y débiles. Comprendemos mediante la intuición. Tenemos que desarrollar nuestra intuición.

Reflexiones sobre lo que es la intuición

Este autor, hace algunas reflexiones interesantes sobre la intuición. Veremos algunas que nos parecen más importantes para nosotros.

1. La intuición genera señales instantáneas, repentinas, a modo de súbitos mensajes del interior; pero hay que interpretarlos adecuadamente.

2. La intuición utiliza distintos niveles o vehículos para manifestarse, y quizá más de uno a la vez: el físico, el mental, el emocional y el espiritual.

3. La intuición, según dicen los expertos, nos permite acceder a una gran reserva de conocimientos de los que no somos conscientes, o lo somos sólo parcialmente.

4. La intuición viene a ser el modo de pensar que funciona cuando no aplicamos el pensamiento racional.

5. La intuición se manifiesta típicamente mediante palabras, imágenes, sentimientos o sensaciones viscerales, que no siempre sabemos interpretar.

6. La intuición, reconocida como multiforme voz interior, puede también mostrarse desde fuera de uno mismo, mediante diversas manifestaciones, que a veces parecen mágicas o milagrosas.

7. La intuición se presenta a menudo sin avisar, pero también puede ser llamada, y responder enseguida o tomarse algún tiempo.

8. La intuición parece elegirnos a nosotros –más que nosotros a ella–, pero eso no significa que no podamos facilitar el encuentro y recibir sus mensajes.

9. La intuición, innata pero cultivable, parece mostrarse proporcional a la honradez emocional y a la motivación por saber, por descubrir y por resolver.

10. La intuición, en su manifestación quizá más cotidiana, nos permite leer entre líneas y conocer [o interpretar] los sentimientos de los demás, al margen de sus palabras.

11. La intuición parece inseparable de la comunicación, y desde luego da soporte a la interpretación de los gestos, los movimientos y la paralingüística (señales no verbales).

12. La intuición, según algunos investigadores, contiene la verdad y es infalible; pero, [hay que ser cautos]

13. La intuición es una facultad genuina, y no debemos confundirla con temores suscitados por el miedo, con deseos o con peligrosas presunciones de infalibilidad.

14. La intuición tampoco debería confundirse con el instinto, la adivinación, la creatividad o la inspiración, aunque sí pueda “fundirse” con ellas.

15. La intuición, al elegirnos, parece seguir criterios de mérito y disposición receptiva; ayuda más a los íntegros que a los corruptos, a los generosos que a los egoístas.

16. La intuición complementa al conocimiento

17. La intuición es lo que nos lleva a enamorarnos de una determinada persona; pero también puede generarnos recelo o desconfianza hacia otras.

18. La intuición parece depender de la conciencia que tenemos de nosotros mismos; eso sería, en buena medida, lo que distinguiría a los más intuitivos de los menos.

19. La intuición podría estar relacionada con una parte de la inteligencia no residente sólo en el cerebro, sino también en las vísceras.

20. La intuición, joya de la corona de la inteligencia, es el sentido verdaderamente humano, que no compartimos con los animales ni con las máquinas.

21. La intuición, es decir, la revelación intuitiva, puede producirse en cualquier momento; debemos estar atentos y preparados para reconocerla e interpretarla.

22. La intuición está detrás de los juicios que hacemos sobre los demás; esto es algo reconocido, que además sirve para evaluar nuestra habilidad intuitiva.

23. La intuición es, por lo anterior, bastante más probable en estados de calma o paz interior, en que estamos atentos a nuestras emociones.

24. La intuición se usa mucho, pero se podría usar más y mejor, y no sólo al tomar decisiones; pero hemos de separarla de lo que no es genuina intuición.

25. La intuición no es patrimonio de… visionarios o narcisistas, y no debe confundirse con el mesianismo que lucen; todos podemos cultivarla.

26. La intuición es motivante; las señales intuitivas nos mueven a la acción, pero hemos de poner la razón en medio y evitar la precipitación.

27. La intuición está detrás de muchos logros en materia de creatividad e innovación, y ha resultado clave en numerosos éxitos [de diverso tipo, en diversos campos: la empresa, el arte, las relaciones humanas, etc]

28. La intuición creadora parece exigir, por decirlo así, que estemos en resonancia con el reto o problema a resolver, o sea, que lo hayamos comprendido bien.

29. La intuición puede estar muy desarrollada; en esos casos no accedemos a ella sólo por azar, sino que podemos provocar su aparición.

Entrar a la corriente de la intuición ¿cómo?

Bien a bien, no lo se. Me pregunto ¿cuándo es que utilizo mi intuición? O mejor dicho ¿cuándo es que la intuición surge para encontrarle sentido a una situación que me planteo yo mismo o mi medio ambiente?

Koop decía que “siempre tenemos que decidir con información insuficiente”. Aunque sepamos mucho de una situación frente a la cual tenemos que decidir una actitud, nunca estamos seguros de que sucederá lo que creemos. La intuición nos hace confiar en hacer eso de lo que no estamos seguros, porque sentimos que es lo mejor. Muchas veces la información que tenemos es mínima e inclusive no tenemos información alguna, y sin embargo tenemos que actuar. Nos movemos en una dirección que nos dicta la intuición. Aceptar que funcionamos así, y apoyarnos en lo que me diga mi intuición, es un camino para entrar en la corriente de la intuición.

En otras ocasiones la razón nos señala un camino, pero las sensaciones de mi cuerpo jalan en otra dirección. Volvemos a no tener la información suficiente, y hay dos opciones: ser razonables o confiar en la intuición. Ambas son riesgosas. ¿Puedo respetar el a pesar de que parece razonable, no me late? o ¿efectivamente se ve un buen tipo, pero me da mala vibra?, o ¿debo ser un buen hijo y hablarle a mi madre diario a las 8 pm, pero algo que no comprendo me pone muy tenso dentro de mi?.

Cuando no tenemos suficiente información sobre una situación, nosotros la completamos. No podemos vivir en la incertidumbre, en el vacío del entendimiento. Por eso somos tan intolerantes con la confusión, porque queremos ver con claridad. La intuición puede ser aquello con lo que completamos lo que está incompleto. Muchas veces estamos ansiosos y no sabemos por qué. Suele haber en esos casos alguna fantasía no consciente atrás de la ansiedad. Tal vez puedo descubrir esa fantasía utilizando mi intuición, sin tratar de ser razonable ni de manipular, simplemente dejándome estar en el despliegue de mis sensaciones y su transformación en imágenes.

De manera similar, si estoy en un lugar que no conozco, solo y sin saber qué calle tomar, empezando a cansarme y estar temeroso, ¿qué dice mi intuición?, ya que la razón y la información que tengo no me sirven en ese momento.

Tomando en cuenta lo anterior, me llega a la cabeza una palabra: ¡ábrete, ábrete, ábrete…!

Mi sugerencia es: trata de:

• Ábrete al ambiente, déjate envolver por lo que te rodea, que te impacte lo que está a 360 grados de ti, deja que la energía te llegue. Y ¡no trates de entender nada, ni de organizarlo mentalmente, o catalogarlo… sólo déjate impactar, sentir!

• Ábrete a ti mismo, déjate sentir tu cuerpo, tu respiración, tus sensaciones, tu estar contigo mismo. No trates de entender, sólo déjate impactar…

• Ábrete a los demás, déjate impactar por el otro, ábrete a lo que dice, a lo que hace, a cómo se mueve, a sus ojos y su boca, al color de su piel… no trates de entender, sólo déjate asombrar, recibe al otro sin prejuicios…

Desde ese punto de vista, entre más me abro a la percepción de lo que está ocurriendo, sin intentar entenderla, organizarla, catalogarla, sino simplemente captarla, más abro mis canales hacia la intuición. Cuando me pongo en ese estado de apertura, lo que capto es una totalidad: y la recibo a través de percepciones no concretas y sensaciones diversas: estoy en medio de mi mundo en ese instante. Cualquier intento de entender lo que me está pasando me llevará a la razón y al cambio de la experiencia.

Entrar a la corriente de la intuición, en el encuentro terapéutico

Para Husserl, el padre de la fenomenología, la intuición es una forma de tener conocimiento profundo sin interferencias y sin inferencias. Directo, según él, es posible tener una aprehensión de lo que es esencial en un fenómeno. La intuición es fundamental en la práctica de la actitud fenomenológica, pues intenta poner entre paréntesis, los juicios, prejuicios, etiquetas y demás inferencias sobre el fenómeno que estamos observando. Cuando el fenómeno que observo es mi paciente, intento en efecto verlo con profundidad. Entre más información obtengo de mi observación de él, de su historia y comportamiento, sin etiquetar, juzgar, inferir, más profundamente entro en contacto con esa realidad única e irremplazable que es ese ser humano, como yo.

Recibir a mi paciente para crear el ambiente del encuentro. El terapeuta y el paciente, en el momento en que aceptan la aventura del encuentro terapéutico, entran a un juego que no puede ser controlado por ninguno de los dos. El encuentro, cuando es verdadero, es una experiencia que genera energía propia que proviene de la interacción de paciente y terapeuta, y que siempre da lugar a situaciones inesperadas. El terapeuta, en el encuentro tiene que estar dispuesto a lo inesperado. Cada acción del terapeuta genera otra del paciente, y viceversa; se va creando un círculo que lleva la comunicación de uno a otro. Cualquier intención inicial programada por el terapeuta, e inclusive por el paciente, va a ser superada por la dinámica misma del encuentro. Terapeuta y paciente se convierten en parte de un todo. Ninguno de los dos es el protagonista de la terapia; ambos son activos, no hay quien tenga que permanecer pasivo. Mientras cada uno vive la aventura con todos los recursos y las posibilidades de su ser, la rela¬ción terapéutica crece y ambos se enriquecen.

Abrirme a lo inesperado, renunciando a entender, tan sólo dejándome impactar por el otro:

• Por su totalidad, tratando de captarlo como un ser que Es, único, in-divisible, insustituible… donde se conjuntan millones de situaciones para que el Sea en este momento lo que Es…

• Por lo que dice,

• Por lo que hace,

• Por su cara, sus ojos, sus gestos,

• Por su energía, etc.

 

Reflexión

Cada día me percato más de lo complejo e inexplicable de la vida y de mi vida. A veces es el asombro lo que me embarga, otras, la confusión y la cerrazón que me hace sentir que estoy frente a una gran pared que me impide ver que hay más allá. Me queda claro, y lo acepto sin amargura, aunque con miedo, el paso del tiempo y sus secuelas de que saber más es al mismo tiempo darme cuenta de lo muy poco que sé, y de cómo avanzar se convierte en la conciencia de lo mucho que falta para llegar a algún lado. No me molesta, descorazona o angustia encontrar esta tiniebla; comprendo mis limitaciones como ser humano y no sólo las acepto, sino que saberme limitado abre la puerta de saberme solo, contando conmigo mismo, y que por más que esté rodeado de gente que me quiere bien, nadie puede vivir mis problemas. Esta tiniebla me regresa a mi mismo, a buscar mis fortalezas, y sobre todo, a hacer lo mejor que puedo con lo que tengo en cada momento. Finalmente es una bendición reconocer nuestras limitaciones pues nos hacemos fuertes en la soledad inevitable. ¿Qué tiene que ver esto con la intuición?. Pues intuyo que cuento conmigo mismo para vivir esta experiencia con sentido. No lo se de cierto, no lo puedo explicar, pero me lo dice mi cuerpo, la maravilla de mis pensamientos fluyendo al escribir esta nota, la entrada y salida del aire por mi nariz, parece volar sobre mi cabeza una voz amable, una voz sonriente que me dice confía, confía, no estás solo… Nada de esto es racional, nada de esto lo puedo explicar, nada es seguro, se acabaron los milagros, estoy sólo yo conmigo mismo, y parece ser suficiente para darle sentido a cada momento.

 

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Carlos Lomelí Ramírez May 21, 2010 at 5:15 am

Me parece interesante el tema y la forma de abordarlo… me gustaría encontrar algún libro con ese tema… en México no he encontrado libros de esa naturalez. gracias

Reply

ivonne castro diaz September 18, 2013 at 9:28 pm

Me parerció interesante, porque en lo personal la intuición la tengo desde que tengo uso de razón, osea nací con esto. Al Principio me daba miedo, pero ahora lo asumo. También creo que todos los seres humanos poseen esta condición pero no lo aceptan porque no es algo consciente o piensan que es cosa de locos o no le dan importancia. Lo más importante de este tema, es que no me siento como algo raro.

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