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Viktor Frankl – Fundador de la Logoterapia

Viktor Frankl Fundador de la Logoterapia

¿Qué es la Logoterapia?
La Logoterapia y Análisis Existencial es una forma de psicoterapia con una importante raíz filosófica que orienta a vivir una existencia plena de sentido.

Conocida en el mundo como la Tercera Escuela de Psicoterapia Vienesa. Fundada por Viktor Frankl, neuropsiquiatra judío – vienés, sobreviviente a cuatro campos de concentración durante la segunda guerra mundial. Durante su cautiverio comprobó y enriqueció los conceptos y postulados en los que venía trabajando años atrás y que estaba a punto de publicar antes de ser arrestado por los nazis.

¿Qué significa Logoterapia?

De las raíces griegas Logos – Sentido y Terapia (Terapheia) – Curación.

Se considera por lo tanto, la psicoterapia centrada en el sentido de la vida. El Dr. Viktor Frankl considera el sentido, no solo como un recurso terapéutico, sino que lo menciona como un recurso de supervivencia.

Cuando se tiene un sentido de vida, un para qué, surge la capacidad y fuerza interior para vencer obstáculos, para enfrentar los retos que la vida plantea.

«Quien tiene un para qué, puede encontrar casi cualquier cómo.»
Una frase de F. Nietzsche que Frankl mencionó en sus textos y conferencias.

Es conocida como la Tercera Escuela de Psicoterapia Vienesa.

La primera es el Psicoanálisis de Sigmund Freud. La segunda, la Psicología Individual de Alfred Adler.

¿Quién es Viktor Frankl?

Médico Neuropsiquiatra fundador de la Logoterapia, nacido en Viena, Austria el 26 de marzo de 1905, época en la que dicha ciudad era la capital cultural y científica de Europa. Grandes músicos, pintores; un movimiento en la cultura y la ciencia que impactaba a todo el continente europeo.

Su madre, Elsa Lyon, experimentó los primeros dolores de parto en el famoso Café Siller, lugar en donde se reunían los intelectuales de la época y que sería, para el Frankl adulto, un sitio muy visitado y apreciado.

Su padre trabajó duramente desde ser un estenógrafo parlamentario hasta llegar a Ministro de Asuntos Sociales. Un hombre honesto, creyente, disciplinado, presente; muy respetado y querido por sus hijos.

Viktor Emil Frankl relata en su autobiografía que uno de sus primeros recuerdos de infancia fue despertar de una siesta y ver a su padre sentado al pie de su cama, mirándolo con ternura.

A su madre la describía como una mujer amorosa y cálida.

Fue un niño inquieto, ávido de aprender. Un estudiante sobresaliente que cuestionaba a sus maestros. Desde la escuela primaria, hasta, más adelante, al propio Dr. Freud.
Sus padres le llamaban “el pensador”.

Muy pequeño decidió que quería ser médico; pero quería ser un buen médico.

Desde que era un estudiante universitario se involucró en organizaciones juveniles socialistas; se interesaba en la filosofía, en la psicología, en la vida comunitaria. La psicoterapia, entonces, era para él la perfecta combinación para sus intereses.

Apoyar a los jóvenes fue siempre muy importante. Un interés que lo acompañó a lo largo de toda su vida.

Abrió Centros de Consulta gratuitos apoyado por dos de sus queridos maestros: los doctores Allers y Schwartz, buscando dar solución a los altos índices de suicidio e intentos de suicidio de jóvenes que no tenían esperanza en un futuro, ya que vivían desempleo, hambre y muy pocas posibilidades de cambiar su realidad.

El resultado fue tan positivo que replicaron el proyecto en varias ciudades de Europa: Praga, Zurich, Frankfurt y otras a las que él viajaba para capacitar a los equipos que trabajarían con los muchachos. Frankl era entonces apenas un estudiante universitario.

En 1930, logró su doctorado en medicina y fue asignado a una sala dedicada al tratamiento de mujeres que habían intentado quitarse la vida.

Al tiempo que los nazis llegaban al poder en 1938, Frankl
obtuvo el cargo de Jefe del Departamento de Neurología del Hospital Rothschild, el único hospital judío en los tempranos años del nazismo.

Fue en ese hospital en donde ayudado por su colega y amigo, el Dr. Pötzl, se opone a la ‘Ley de eutanasia’ dictada por los nazis que ordenaba a los médicos quitar la vida a cualquier persona que padeciera una enfermedad genética, neurológica y psiquiátrica.

El Dr. Frankl se opone a esa ley y salva muchas vidas alterando los diagnósticos de enfermos a su cargo que sin remedio habrían sido privados de la vida.

Muchos colegas y amigos emigraban ante la amenaza nazi y él tiene la posibilidad de obtener una visa para huir con su esposa a los Estados Unidos, sin embargo, decide renunciar a ella para no abandonar a sus ancianos padres, a sus pacientes y amigos.

«Esto me era más significativo que ser un psiquiatra más en Manhattan.» decía Frankl.

Dado el importante puesto que ocupaba en el hospital, tenía ya un prestigio que lo protegió un tiempo a él y a su familia de ser deportados.

Sin embargo, en septiembre de 1942 él, su esposa, sus padres, su hermano y cuñada fueron detenidos y llevados a un campo de concentración cercano a Praga, el Theresienstadt.

De septiembre de 1942 a abril de 1945 estuvo en cuatro campos de concentración, incluyendo Auschwitz, conocido como el gran campo de exterminio. Lo que experimentó en esos años es inimaginable.
Dejó de ser el Dr. Viktor Frankl para pasar a ser el prisionero 119 104, simplemente un número más. Hambre, frío, indignidad era su vivencia cotidiana. Y así, él decidió qué clase de prisionero quería ser. Alguien que prestaba sus servicios como médico, terapeuta, ser humano.

Y logra sobrevivir; no así su mujer, sus padres, hermano, cuñada, muchos colegas, familiares y amigos.

Tras la liberación, pasa varias semanas en Münich, tratando de indagar quiénes de sus familiares habían sobrevivido. Poco a poco va enterándose de que ninguno lo logró y vive un profundo dolor, soledad y vacío.

Lo expresa así en una carta enviada el 14 de Septiembre de 1945 a sus amigos Bôrner:
“Me he quedado completamente solo. El que no ha tenido la misma suerte, no puede comprenderme.
Estoy indescriptíblemente cansado, indescriptíblemente triste, indescriptíblemente solo. No tengo ya nada que esperar y nada más que temer.
En el campo creí haber tocado el fondo de la vida, y en cambio, al regresar me doy cuenta de que no hay nada garantizado, que lo que me sostuvo se ha evaporado, que en momento en que se vuelve a ser humano se puede caer en un sufrimiento aún más profundo, aún más desmedido.
No queda más que llorar un poco y hojear el libro de los salmos.»

En la misma carta lo que Frankl deja ver es la actitud interna de no abandonarse a la desesperación, sino levantar la mirada hacia lo alto y recuperar la fuerza para seguir adelante a pesar de todo:
“Tal vez se reirán de mí, tal vez se enojarán conmigo; pero no me contradigo, no me retracto de mi antigua aceptación de la vida, si vivo las cosas como las he descrito. Al contrario: si no tuviera esta concepción positiva de la vida, ¿qué habría sido de mí en estas semanas y antes, en los meses transcurridos en los campos de concentración? Ahora veo las cosas con una perspectiva más amplia.
Veo cada vez más que la vida es infinitamente significativa, que aún en el sufrimiento y aun en el error hay un sentido.
Y el único consuelo que me queda está en el hecho que puedo decir con toda la conciencia que he realizado las posibilidades que me han sido ofrecidas; es más, podría decir que he sido salvado precisamente a través de estas posibilidades.
Esto aplica sobre todo al breve periodo transcurrido junto a Tilly.
Eso que hemos vivido no puede ser anulado, fue, y este haber-sido es tal vez, la forma más segura de ser.”

A su regreso a Viena, el gobierno de Austria, le asigna un departamento en el noveno distrito de Viena, Mariannengasse 1, en el que viviría el resto de su vida. Sin posesión alguna y con grandes dificultades para conseguir lo elemental.

Dicta, entre lágrimas a 3 enfermeras durante 9 días el libro que hoy conocemos como El Hombre en busca de sentido, que en esa primera edición fue llamado Un psicólogo sobrevive el campo de concentración. Él pretendia que fuera publicado anónimamente. Por supuesto, su editor se opuso cuando se dio cuenta del alcance que tendría.

Publica también el manuscrito que le fue arrebatado años atrás, que hoy conocemos bajo el nombre de Psicoanálisis y Existencialismo.

Es nombrado jefe del Departamento de Neurología de la Policlínica de Viena, puesto que ocupó durante 25 años. Fue profesor tanto de neurología como de psiquiatría de la Universidad de Viena.

¡Quién le diría que lo mejor de su vida estaba por venir! Si alguien se lo hubiera dicho, no habría podido creerlo: Su actividad profesional de nuevo; encuentra un nuevo gran amor: Eleonore Schwindt, con quien tiene una hija, Gabriele y dos nietos, Katherine y Alexander.

Viaja a todos los continentes dictando conferencias. Escribe, publica, recibe más de 25 títulos Doctor Honoris Causa por prestigiadas universidades de muchos países…
Su última conferencia en la Universidad de Viena fue un año antes de su fallecimiento.

Alex Pattakos, autor de un libro sobre el sentido del trabajo, lo visita en el hospital ante la noticia de su gravedad. Entra de puntillas, con profundo respeto, ante lo que el Dr. Frankl le expresa: «¡Alex! me estás tratando como a un moribundo, cuando yo tengo todavía muchos proyectos por realizar…

Y esa es una recomendación logoterapéutica: Cuando termines un proyecto, ¡inicia otro! Busca siempre proyectos con sentido.

Muere a los 92 años con una pila de libros por leer y varios proyectos por realizar.

El 2 de septiembre de 1997, el mundo le dio la despedida a un hombre que dejó un gran legado a la humanidad.

¿Es una psicoterapia seria?

Especialmente en años recientes han surgido ‘terapias’ sin fundamentos serios.
Tristemente, en la actualidad, hay más charlatanería que nunca en el ámbito de la salud mental y del desarrollo personal. Presentando altos riesgos para quienes, buscando ayuda para sus dolores, problemas, angustias, resultan aun más afectados. Hoy más que nunca, la ética de los profesionales de la salud, es indispensable.

Es importante saber entonces, que la Logoterapia es una forma de psicoterapia fundada por el Dr. Viktor Frankl, neuropsiquiatra austriaco que trabajó desde su juventud hasta su muerte en el desarrollo y fundamentación de un método psicoterapéutico que tiene tres pilares: psicológico, antropológico y filosófico.

Tiene una visión antropológica (desde el Análisis Existencial), que percibe a la persona como un ser multidimensional, en unidad. El ser humano es cuerpo, mente y emociones, espíritu, dentro de un contexto sociocultural. Es por lo tanto, un ser único viviendo circunstancias únicas. Así, sus significados.

Es por esto, que el Dr. Frankl decía que cada sesión psicoterapéutica debe ser única para cada paciente.

La Logoterapia da respuesta a muchas de las dolencias de las personas de hoy: carencia de sentido, desorientación existencial, apatía, depresión, adicción, agresividad, deseos de muerte, intentos de suicidio… Una terapia aplicable a personas de cualquier edad, cultura, raza o religión.

Es una psicoterapia incluyente, a-dogmática.

¿Cuáles son los objetivos de la Logoterapia?¿Y cuáles son los beneficios que ofrece?

El gran objetivo de la Logoterapia es orientar a la persona a vivir una vida llena de sentido.
Es decir, una vida plena a pesar de las dificultades que se puedan estar viviendo.
Uno de sus más importantes postulados es: La vida tiene sentido bajo cualquier circunstancia.

Invita a decir Sí a la vida, a pesar de…

Nuestra cultura nos orienta a evitar el dolor, la dificultad, el reto… A valorar y buscar la comodidad, el placer, la diversión o entretenimiento, lo rápido y fácil, el éxito.

¡Consume más y serás feliz!

El resultado no es tan halagüeño… Lo que encontramos es cada vez más personas experimentando un vacío, un aburrimiento y fastidio por vivir.
Se busca entonces, que la persona tenga un mayor auto-conocimiento para saber qué le es realmente significativo, cuáles son esos talentos y capacidades que puede poner al servicio de los demás, que conozca sus valores y elija a partir de ellos para vivir con mayor sensación de congruencia.

¿Para quién es la Logoterapia?

¡Es una teoría y terapia para todos!

Para todas edades, cultura, religión o raza.

Todos experimentamos conflictos existenciales por el solo hecho de existir. Todos nos hemos preguntado ¿qué hago en este mundo? ¿para qué existo? ¿qué sentido tiene mi quehacer cotidiano, mi sufrimiento, la muerte…? ¿Qué rumbo debo tomar?

Una psicoterapia de enfoque logoterapéutico, acompaña a la persona a buscar sus propias respuestas a ese tipo de cuestionamientos apoyándose en el Diálogo Socrático.

Su contenido filosófico es una guía para un estilo de vida orientado a vivir con más consciencia en el descubrimiento y construcción de experiencias significativas que se traduzca en una sensación de plenitud.

Lo contrario a la experiencia de vacío.

Aunque es una psicoterapia que trabaja específicamente con temas existenciales: sentido de vida, libertad, responsabilidad, exploración o conflicto de valores, soledad, sentido del dolor, sentido de la muerte, del amor, del trabajo, etc., se aplica también, de forma indirecta, a padecimientos de origen psicológico ya que sus técnicas son útiles en muchos casos y porque toda persona que sufra de una enfermedad sea física o
mental, necesita sentido para ser más capaz de sobrellevarla.

Se pueden conocer sus conceptos y herramientas mediante lecturas, seminarios, diplomados, programas de formación y/o asistiendo a un proceso de psicoterapia con esta orientación.

¿Cuáles son sus áreas de aplicación?

¡Su aplicación es cada vez más amplia! Pensada originalmente para el trabajo psicoterapéutico individual, la riqueza de su contenido fue aplicándose en el área de prevención de adicciones, depresión, violencia. Cada año es más utilizada en programas juveniles tanto públicos como privados en varios países.

Se aplica también en el área educativa, organizacional, en cuidados paliativos y tanatológicos, por supuesto en el área psicoterapéutica ya no solo individual sino grupal.

Especialmente en los últimos años, se realiza mucha investigación para la aplicación de la Logoterapia en distintos institutos y universidades del mundo.

Se llevan a cabo congresos y jornadas en todo el mundo, presenciales o virtuales para dar a conocer sus más recientes aportaciones.

El Instituto Viktor Frankl de Viena, Austria, organiza cada dos años congresos que reúnen a más de 30 países ávidos de compartir nuevos temas y de aprender de los demás para enriquecer su práctica profesional.
En ellos han participado países de todos los continentes y formaciones psicoterapéuticas. Incluso representantes de la Sociedad Psicoanalítica de Moscú.

Bien lo expresaba el Dr. Frankl, cada época tiene sus padecimientos y cada época requiere su propia psicoterapia.

La Logoterapia da grandes respuestas a los padecimientos de hoy.

Algunas afirmaciones logoterapéuticas:

El ser humano es un ser multidimensional en unidad. Es más que un cuerpo, que un intelecto, más que emociones y espíritu. Inmerso en una realidad histórico-social.

Cada persona es única, así también su circunstancia.

A pesar de los condicionamientos y limitaciones, hay una libertad interior desde la que se puede elegir la actitud con la que se enfrenta éso que no se eligió.

Cada persona es responsable de dar un sentido a su existencia. De dar una respuesta a los cuestionamientos que la vida le plantea.

Siempre se puede cambiar. El ser humano es un ser facultativo, no acabado. Es el único ser que se construye a sí mismo.

El pasado no puede ser cambiado pero sí resignificado para capitalizar aprendizajes, recursos y fortaleza.

Tener una visión a futuro llena de proyectos, tareas, ideales, valores por realizar, es indispensable para tener una motivación llena de sentido en el hoy.

Puedes más de lo que crees poder. Cuando los retos se hacen presentes, descubres recursos internos que muy probablemente desconocías.

¡Tu dimensión profunda es una fuente de recursos para una vida plena!

Leer Biografìa de Viktor Frankl y su Logoterapia.

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