La Logoterapia y la pedagogía ignaciana: Diálogo abierto a la trascendencia del ser humano.

 

 

 

 

Por: Adriana Servín Figueroa**

Introducción.

Hace ya más de 60 años, que Viktor Frankl desarrolló la Logoterapia como la terapia por excelencia encaminada a mantener o restablecer la salud mental e integral de la persona a través de ayudarlo a encontrar un sentido en su vida.
Como señala Frankl, la Logoterapia, es una terapia desde el espíritu, que busca movilizar los recursos espirituales de la persona para que pueda dar un sentido a su vida, teniendo tres pilares fundamentales:
*Libertad de voluntad de sentido: El hombre conserva siempre la libertad de activar su voluntad de sentido, bajo cualquier circunstancia, incluso en aquellas que parezcan carentes de sentido.
*Voluntad de sentido: Es la principal fuerza motivacional del ser humano.
*Sentido de vida: La vida tiene sentido bajo cualquier circunstancia.
Para el Dr.Viktor Frankl, la Logoterapia va más allá de otras psicoterapias al incluir la dimensión esencialmente humana: la espiritual, humanizando así a la psicoterapia.
Es importante no olvidar que para la Logoterapia el hombre es un ser tridimensional: cuerpo- psique- espíritu; único e irrepetible, una totalidad indivisible. En cuanto ser espiritual, el hombre es libre, responsable y capaz de autotrascender. El ser humano se orienta hacia el sentido y los valores, siendo capaz de autodistanciarse, de salirse de sí mismo para enfrentarse a sí mismo, gracias a su dimensión espiritual.
Hoy en la segunda década del siglo XXI, la Logoterapia y el Análisis Existencial constituyen una valiosa aproximación para el estudio integral del Ser Humano, teniendo importantes y valiosas aplicaciones en el campo de la psicoterapia, la educación, el desarrollo humano, la filosofía y ciencias sociales.
En cuanto que el ser humano es un haz inacabable de posibilidades en permanente apertura y diálogo consigo mismo, los otros, el mundo y el Absoluto, resulta valioso el diálogo entre la Logoterapia y el Análisis Existencial con otras aproximaciones filosóficas sobre el ser humano.
Mi formación profesional en una universidad jesuita, indudablemente ha sido determinante en mi ejercicio profesional y desarrollo personal, al igual que mi formación como logoterapeuta, que inició en mis años de estudiante en la Universidad Iberoamericana, donde tuve la fortuna de tener como profesor en diversos cursos, al Dr. Ernesto Rage Atala, magnífico profesor, psicólogo humanista y logoterapeuta, quien con sus enseñanzas me nutrió en estos dos ejes: la Filosofía y Pedagogía Ignaciana, y por la otra,la Logoterapia y el Análisis Existencial.
El presente artículo es resultado de este diálogo fructífero y enriquecedor entre estas dos aproximaciones para el estudio del Hombre. Teniendo como objetivo central en este artículo presentar una propuesta integradora de la Antropología Frankliana y los fundamentos de la Filosofía y Pedagogía Ignaciana , como un ejercicio que puede enriquecernos no solo en nuestra reflexión sobre el ser humano, sino también en nuestro ejercicio profesional , a la luz de los interrogantes del hombre en esta segunda década del siglo XXI.

Concepción del Ser Humano en la Pedagogía Ignaciana

Desde la filosofía humanista de inspiración cristiana , fundamento de la Pedagogía Ignaciana, el hombre es concebido como una unidad bio-psico-social y trascendente, dotado de dinamismos o actuaciones distintivas, como la creatividad, la criticidad, la libertad, la solidaridad, la afectividad y la apertura a la trascendencia, que al ser desarrollados e integrados lo llevan a constituirse en plenamente humano, en posesión de sus capacidades intelectuales, afectivas e interpersonales, abierto a su trascendencia y a un sentido de vida, que es lo que unifica y da un significado pleno al ejercicio de estas actuaciones o dinamismos humanos en el diario actuar de la persona, en su contexto personal, familiar, social y profesional.
En palabras del Dr. Rubén Sanabria (1987), destacado filósofo y humanista mexicano, el hombre es un proyecto que se construye a través de sus acciones, ya que, “el hombre es el viviente que tiene la capacidad de reflexión, de autoposesión (libertad), de comunicación y de autotrascendencia” p.71

En el actual momento histórico, en que permean modelos reduccionistas sobre el ser humano, es importante que la persona se vea a sí misma no como un ser fragmentado, sino como la unidad y totalidad que es, y de la que ya hace referencia Frankl (1984), y que también se resalta en la filosofía y pedagogía Ignaciana, con el desarrollo e integración de los dinamismos humanos.
Tener presente que el ser humano posee estos dinamismos o actuaciones, es muy importante, ya que el desarrollo humano integral y por tanto armónico, parte de que podamos conocernos a nosotros mismos, en este caso concreto, conocer, desarrollar e integrar estos seis dinamismos humanos, que nos llevan a ser plenamente humanos.

No hay que olvidar que el trabajo psicoterapéutico debe estar íntimamente vinculado al contexto social e histórico , ya que la problemática del hombre no se da en el vacío, sino en un contexto social y un momento histórico concretos, ya Frankl resaltaba este hecho, al señalar que el hombre de la posguerra padecía de manera preponderante de una falta de sentido en su vida, más que de represiones de índole instintiva y sexual. Esto sigue siendo vigente para el hombre de nuestra década, en este siglo XXI, las afirmaciones de Frankl siguen siendo válidas, pues lamentablemente se vive en un contexto que más que ver al ser humano como la unidad y totalidad que es, se le fragmenta y se le ve como un ser arrastrado por impulsos, dominado por necesidades fisiológicas y materiales y hasta manipulado por fuerzas o influencias sociales, que pretenden visualizar al hombre como un ser moldeable por el entorno, en busca de placer y bienestar, olvidando que ante todo el hombre es un ser espiritual dotado de capacidad de reflexión y por tanto de libertad para poder elegir y construir su existencia, más allá de los determinantes de orden biológico o material.
La Pedagogía Ignaciana comparte con la Logoterapia la concepción de un ser humano total, en cuanto que ve en el hombre no solo un ser con potencialidades y capacidades biológicas, intelectuales y afectivas, sino ante todo, ve en el hombre un ser llamado a responder a su trascendencia, abierto al Absoluto y a dar un significado a su existencia. Pero veamos con detalle estos dinamismos humanos fundamentales en diálogo con la antropología Frankliana , así como sus aplicaciones en el campo de la psicoterapia.

La Creatividad.

Es la capacidad que tiene la persona de dar una nueva forma a la realidad que se percibe, dando un rostro humano a su mundo y a sí mismo.
Hay veces que se piensa que la creatividad es don de unos cuantos, pero la persona debe hacer suyo este dinamismo, reconocer que todos somos creativos, en consecuencia reconocerse y valorarse como ser creativo, ya que este dinamismo tiene un papel central en el autodescubrimiento y unicidad de la persona, dos importantes señales del camino hacia el sentido, que ha resaltado el Dr. Joseph Fabry ( 2009) ,en su libro “Señales del camino hacia el sentido”, y que forman parte del eje de desarrollo del proceso logoterapéutico.

Es imprescindible que el logoterapeuta facilite que la persona pueda reconocer que la creatividad, su creatividad está presente en todos sus actos, incluso los cotidianos, que ésta tiene un papel fundamental en el rostro que nos damos cada uno de nosotros, en cuanto que la creatividad es un recurso del espíritu que hay que movilizar, puesto que está presente en nuestra manera particular y única de ser cada uno de nosotros y en nuestra forma de relacionarnos. La creatividad es un recurso del espíritu para poder, como un artista, ir delineando y construyendo ese Yo único e irrepetible, nuestra autenticidad, que nos lleva a apropiarnos de nuestra dignidad y valía como seres humanos, y así poder ir descubriendo logopistas para poder dar un sentido a nuestra existencia.

El terapeuta puede facilitar el desarrollo creativo de la persona, primero con su actitud y escucha empática, de aceptación incondicional y congruencia, lo que sin duda facilitará que la persona pueda ir siendo más flexible, verse a sí misma y a su entorno desde una perspectiva de respeto y amor hacia sí mismo y los demás.
Se es creativo en la vida cotidiana, al poder vernos a nosotros mismos de una forma renovada, al poder dar respuestas nuevas a lo cotidiano, al poder definirnos y relacionarnos desde nuevos paradigmas más flexibles, incluyentes y dinámicos, congruentes con nuestros esquemas de valores y con la concepción del hombre, como un ser llamado a la trascendencia.
Incluso, la creatividad es dinamismo primordial en el terapeuta, pues el proceso de psicoterapia es un renovado cambio, que al igual que una obra de teatro, cada representación es una edición nueva y diferente, un trozo de la existencia única e irrepetible de dos seres humanos relacionándose en un espacio y tiempo concretos: la sesión de terapia.
El terapeuta debe ser ese modelo y facilitador para el desarrollo e integración de un ser humano integral, en posesión y ejercicio de sus dinamismos humanos: creatividad, criticidad, libertad, afectividad, solidaridad y trascendencia.
No hay un solo camino o técnica para el desarrollo de la creatividad, pero el terapeuta puede partir de que en la medida en que favorezca una relación en que el paciente aprenda a aceptarse a sí mismo, a valorarse en su unicidad, estar abierto a la experiencia, a sus sensaciones y pensamientos , a sus preguntas y cuestionamientos, a ver en lo cotidiano algo diferente y renovado cada día, a tener actitudes más flexibles, a vincularse profundamente con los otros y su mundo, para dar algo de sí mismo, dejar algo de sí mismo en los otros y su mundo, estará siendo un compañero en el viaje que emprenden paciente y terapeuta hacia la autenticidad, el significado y la trascendencia.

Cómo señala Gregorio Mateu, (citado en Jacobo, 1991): “ El hombre creativo sabe salirse de la masa anónima; tiene el valor de disentir, no se deja manipular ni moldear; posee una personal jerarquía de valores, cuestiona constantemente su realidad; va más allá de las apariencias, sabe afrontar sus errores, busca soluciones a su propio destino, lleva a cabo obras diferentes, vive de acuerdo a sus convicciones” p.237.

La Conciencia Crítica.

El ser humano es el ser por excelencia que se pregunta, que se cuestiona, que tiene la capacidad de tomar consciencia de su existencia y por tanto de su muerte, de su finitud terrena, y por ende, busca dar un sentido a su existencia.
De acuerdo con el Dr. Juan Bazdresch, prestigiado filósofo , jesuita y humanista mexicano , la criticidad es la capacidad de reflexionar, de hacer un juicio sobre su ser, conocer y actuar para ser consciente de quién es, lo que conoce y hace, qué es lo que afirma como verdadero y porqué razones. (Bazdresch y Villegas, 1994 ).

Sin criticidad no puede haber un desarrollo de la libertad, pues la conciencia sobre el ser y hacer, es la llave para la toma de responsabilidad, para abrirnos a la capacidad de elegir y da un rumbo a nuestro ser y hacer, esto es, a nuestra existencia.
Actualmente vivimos un contexto que no favorece el desarrollo crítico de la persona, como ya lo señalaba desde hace décadas el destacado sociólogo italiano Giovanni Sartori (l997), en su libro “Homo videns”. Parece que la persona está perdiendo el ejercicio de su capacidad de discernir, transformándose en un ser dirigido y controlado por influjos e ideologías de masas, que buscan uniformarlo, diluir su capacidad de elegir, de hacerse y construirse a sí mismo, de poder reflexionar y hacer un juicio sobre su ser y actuar, de ser libre y responsable y en consecuencia de poder dar un sentido trascendente a su vida.
Todo esto está llevando al hombre a un vacío, a una búsqueda infructuosa , en palabras de Erich Fromm (l978), centrado en el tener vs el ser. Conduciendo a una deshumanización creciente del hombre de estos tiempos, de un homo humanus a un homo videns. De ahí la importancia y necesidad de que el logoterapeuta sea facilitador del desarrollo crítico de la persona, para poder desarrollar plenamente el ejercicio de su libertad y responsabilidad, indispensables en el camino hacia el descubrimiento y realización del sentido de vida.

La Libertad.

Es la capacidad de decidir, de darle más fuerza a unos motivos que a otros y a tener dominio responsable de nuestras acciones. Por lo tanto, la libertad es poder elegir como responder. Para Frankl (1984), la libertad no es pura ni perfecta, es una libertad de y libertad para, en consecuencia es una libertad situada, ya que hay determinantes de orden biológico, social, histórico, como lo señala Fernando Savater (l994), por lo que, somos libres en la medida en que somos más conscientes de nuestra existencia, meta central de toda psicoterapia , y por ende de la logoterapia, pues en la medida en que la persona se apropia y desarrolla su libertad, puede dar un sentido a su vida, puede responder a las demandas que le hace la vida , dando respuestas con sentido.
Por ello es fundamental que se tenga presente que sin un ejercicio de nuestra libertad, no hay posibilidad de dar un sentido a la vida, ya que éste no se puede asignar, otorgar, es una tarea personalísima de cada ser humano. Cómo ya lo señala Fabry (2009), la persona tiene que estar atenta a las preguntas que le hace la vida, a sus circunstancias, para poder dar un sentido a su momento, a cada etapa de su vida, pues cada etapa nos presenta nuevas preguntas, demandas, retos y alternativas para dar un significado a nuestra existencia. Y no olvidemos lo que dice Viktor Frankl: “ Que lo único intolerable es una vida sin sentido”.

La Solidaridad.

Este dinamismo nos plantea la relación del hombre con los otros. La solidaridad hace referencia a la realidad vinculatoria del hombre, no como consecuencia, sino como condición para su crecimiento personal a través de una convivencia orientada por el amor, el respeto, justicia y bien común.
Ya Frankl lo resalta, que si bien el descubrir y realizar un sentido en nuestra vida es tarea personalísima, es solo a través de ir más allá de nosotros mismos, en la realización de una causa y/o el amor a una persona, un proyecto de servicio al hombre, entre otros, como se puede autotrascender.
La solidaridad es esa llave que nos recuerda que no podemos ser plenamente humanos en posesión y desarrollo de nuestros dinamismos con un sentido en la vida, si no es en virtud de la acción dialógica, pues el ser humano es un ser en apertura al otro, al mundo y a Dios.

Cómo señala Miguel Ortega, (citado en Jacobo, 1991), en esta reflexión: “Eres hombre en la medida que creces junto a otros, trabajas con otros, sirves a otros. En la soledad de tu vida te deshumanizas cada día, en la incomunicación de tus sentimientos o en el egoísmo de lo que tienes, vas destruyendo la imagen de Dios que está impresa en ti. Eres hombre cuando eres dueño de ti mismo y sabes a quiénes puedes entregar tu vida. Eres hombre en la medida de tu lucha para que otros hombres puedan serlo. Para que vivan y trabajen dignamente, para que se les reconozca y respete en sus derechos, para que oren, amen y crezcan como hombres libres. Nunca serás hombre sin los hombres, nunca serás feliz sin los demás. No podrás vivir plenamente si al pronunciar el “yo”, no hay un “tú” que lo recibe o un “nosotros” que lo celebra. Yo soy hombre cuando tú estás. Somos hombres cuando estamos juntos” p245.

El logoterapeuta es precisamente ese compañero en el viaje de rehumanizarnos, de abrirnos a nosotros y abrirnos al otro, de poder salir de sí mismo, para ir al encuentro del otro, pues no hay sentido en la vida, sin la apertura y encuentro con los otros, pues la puerta del sentido y la trascendencia se abre hacia afuera, cuando podemos vencer y superar temores, rencores, roles y estereotipos que como muros, nos impiden relacionarnos de centro a centro, de persona a persona, de poder ser un “nosotros”, sin dejar de ser “yo”.

La Integración Afectiva.

El hombre no es solo intelecto, ni se mueve solo por razonamientos. Nuestra experiencia del mundo es coloreada por la afectividad que es la llave para el establecimiento de vínculos, la experiencia estética y la trascendencia. Como lo señala también Frankl, un camino hacia el sentido es la experiencia de darnos, de entregarnos en el amor a una persona o a una causa, en la experiencia amorosa y contemplativa de la naturaleza, de la belleza, de todo lo que nos conmueve y nos hace abrirnos a la comunión con los otros, el mundo y Dios.
Por lo tanto, hay que tener presente que no hay conducta en que no esté presente nuestra afectividad, y que es tarea del logoterapeuta facilitar el aprendizaje y desarrollo de una afectividad más integrada, más constructiva , para ser una persona más plena y madura y así poder dar un sentido a nuestra existencia.
También podemos citar a Erich Fromm (1995), en su libro “El arte de amar”, donde señala que el amor maduro empieza con el amor y respeto hacia uno mismo. De ahí la importancia central de la relación terapéutica, como base primordial para el desarrollo afectivo armonioso del paciente, de poder verse como un ser amado, respetado, digno y valioso.
En este rubro podemos retomar además las aportaciones de Virginia Satir (1976), respecto a las relaciones humanas, que tienen aplicaciones centrales en el ejercicio de la psicoterapia, en concreto en la relación terapeuta-paciente, en cuanto que señala la importancia del lenguaje no verbal como canal de expresión y contacto afectivo. La importancia de la congruencia entre lo que decimos, pensamos , sentimos y hacemos, y el papel central del lenguaje verbal como vehículo y capacidad humana para construirnos como seres únicos e irrepetibles, como seres vinculatorios, como seres trascendentes, que pueden descubrir y dar un sentido a su vida.

La Apertura a lo Ilimitado o Trascendencia.

Es la capacidad de preguntar y buscar lo que nos abre a lo que no tiene límites, a la pregunta por el sentido de la vida y el Absoluto o Suprasentido.
A la luz de este dinamismo, el hombre se resignifica y proyecta a una dimensión de plenitud, su actuar creativo, su pensamiento crítico, el ejercicio de su libertad, su solidaridad y afectividad.
Es el dinamismo por excelencia espiritual del hombre, que le unifica y proyecta a un plano verdaderamente humano, en cuanto que es un ser espiritual y autotrascendente, que le abre al Suprasentido, a lo ilimitado y trascendente.
El hombre ilumina y hace trascendente su existencia ante la presencia del Ser Absoluto, como también lo señala el Dr. Bazdresch (l994), y que anteriormente Frankl (1974), resalta en su libro “La presencia ignorada de Dios”.

Conclusiones.

Todos estos dinamismos están interrelacionados y desarrollados e integrados llevan al hombre a ser plenamente humano, para así poder actuar en los ámbitos personal y social de una forma más madura y plena, y por lo tanto poder descubrir y realizar un sentido en su vida.
La Filosofía y Pedagogía Ignaciana puede integrarse al proceso logoterapéutico. Incluso el logoterapeuta debe constituirse en facilitador del desarrollo de estos seis dinamismos en su paciente y en sí mismo, en cuanto que el terapeuta es modelo de nuevos aprendizajes.
Por lo tanto, una meta psicoterapéutica puede ser que el paciente este mejor integrado en el desarrollo de estos seis dinamismos, que no solo son actuaciones distintivas del hombre, sino su esencia de ser hombre, de ese construirse cada día como ser humano único y trascendente.
Finalmente, estos seis dinamismos también pueden ser caminos, conductas para descubrir y realizar un sentido de vida. En consecuencia, su deterioro puede ser importante obstáculo en el camino hacia el sentido, por lo que en la medida en que el logoterapeuta facilite el desarrollo de estos dinamismos en el paciente, éste podrá tener más recursos para poder dar una respuesta llena de sentido a las demandas de su existencia, en el contexto de su historia personal y social.

Bibliografía
*Bazdresch, J. y Villegas, P. (1994). Introducción al problema del hombre. Guía del curso. Universidad Iberoamericana. Centro de Integración Universitaria.
*Fabry, J. (2009). Señales del camino hacia el sentido. Ediciones LAG.
*Frankl, V. (1974). La presencia ignorada de Dios. Psicoterapia y religión. Ed. Herder.
*Frankl, V. (1984). El hombre doliente. Fundamentos antropológicos de la psicoterapia Ed. Herder.
*Fromm, E. (1978). Tener o Ser. Ed. FCE.
*Fromm, E. (1995). El arte de amar. Ed. Paidós
*Jacobo, H. (l991). Oraciones para todos los jóvenes. Ediciones Paulinas.
*Sanabria, R. (l987). Filosofía del Hombre. Ed. Porrúa.
*Satir, V. (1976). En contacto íntimo. Como relacionarse con uno mismo y con los demás. Ed. Pax México.
*Sartori, G. (l997). Homo videns. La sociedad teledirigida. Ed Taurus.
*Savater, F. (l994). Ética para Amador. Ed Ariel.

**Adriana Servín Figueroa es Licenciada en Psicología por la Universidad Iberoamericana. Con Maestría en Orientación Psicológica y el Doctorado en Investigación Psicológica por la UIA. Es Logoterapeuta miembro acreditado de la Asociación Internacional de Logoterapia y Análisis Existencial en el Instituto Viktor Frankl de Viena , Austria.

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Comentarios

  1. POR ESTE MEDIO ENVÍO UNA FELICITACIÓN A LA AUTORA ADRIANA SERVIN, POR EL GRAN TRABAJO REALIZADO, EL ARTICULO ES MUY COMPLETO Y ENRIQUECEDOR. LA BIBLIOGRAFIA EXTENSA PARA ENFOCARSE EN LOS FACTORES DESTACADOS DE ESTUDIO.

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