Más allá de Frankl: Allers y Schwarz. La tercera escuela vienesa de psicoterapia.

Este artículo es una especie de “homenaje” a los tres fundadores de una visión de la persona y del mundo aplicado a la psicoterapia, que hoy nos sostiene, nos cautiva, nos atrapa.

LA TERCERA ESCUELA VIENESA DE PSICOTERAPIA: UNA REVISIÓN MÁS ALLÁ DE FRANKL
POR FELIPE MIRAMONTES

Quienes hayan tenido un acercamiento a la logoterapia y al análisis existencial frankliano estarán enterados de que esta propuesta recibe también el nombre de Tercera Escuela Vienesa de Psicoterapia, término que acuñó de forma oficial Wolfgang Soucek allá por el año de 1948 en un artículo titulado Die Existenzanalyse Frankls, die Dritte Richtung der Wiener Psychotherapeutischen Schule (Frankl, 2001, 2003; Klingberg Jr., 2002), para distinguir a la logoterapia de la dos anteriores escuelas de psicoterapia de Viena: el psicoanálisis de Sigmund Freud y la psicología individual de Alfred Adler. Aunque dice Klingberg, ya hacia el año 1942 Frankl “había reunido los elementos de lo que se daría en llamar la «tercera escuela de Viena de psicoterapia»” (p. 17).

Si bien el término Tercera Escuela Vienesa de Psicoterapia es asociado regularmente a la logoterapia, el Prof. Oliver Brachfeld, de sabida influencia adleriana, observa que esta nueva postura científica surge mucho antes de que Frankl fuese reconocido, y que la historia nos dice que caben como miembros de esta escuela (al menos en cuanto a la influencia que tuvieron en el joven Frankl y que perduraría durante toda su vida) otros científicos cercanos al fundador de la logoterapia, que tenían ideas y posturas similares en cuanto a lo que es ser persona (o ser humano) y la forma en que debe ser tratado terapéuticamente (o acompañado existencialmente). Emprenderemos la construcción de este artículo con la revisión de la vida y la obra de dos de estas personas cercanas a Frankl (según sus aportaciones a la medicina, la psicoterapia, la filosofía, en tanto escritores e investigadores y, por último y no menos importante, en su papel de guías y amigos), dignos representantes de este movimiento de principios del siglo XX, cuya influencia en toda la obra frankliana es esencial. Dichos personajes son: Rudolf Allers y Oswald Schwarz.

A decir del Prof. Brachfeld, que escribe una introducción al libro de Allers Pedagogía sexual. Fundamentos y líneas principales analítico-existenciales (1958), fueron fundadores de la Tercera Escuela Vienesa “un grupo de psicoterapeutas que solían poseer cada uno tres títulos de doctor —en Medicina, Derecho y Filosofía—” (Brachfeld en Allers, 1971, p. 12), entre los que se contaba a Oswald Schwarz, Rudolf Allers y Paul Schilder; además de Charles y Charlotte Bühler, debido a la confluencia de sus ideas con los anteriormente mencionados. “Lo que —a decir de Oro (2007)— hace comprensible los postulados de esta tercera escuela, que tiene una amplitud que no poseían las anteriores y que constituye una síntesis peculiar que no deja de lado los aportes que se pueden integrar de la primera y segunda escuelas de psicología”.

“De este grupo (…) iba a salir más tarde Viktor E. Frankl, actual director del Departamento de Neurología de la Policlínica General de la Ciudad de Viena, conocido hoy como el creador del Existenzialanalyse y su aplicación práctica llamada Logoterapia (…) Viktor E. Frankl puede (y debe) ser considerado, pues, como representante genuino de la Tercera Escuela Vienesa” (Brachfeld en Allers, 1971, p. 12). Este pequeño cambio en la historia, el de no considerar a Frankl como el fundador de la tercera orientación psicoterapéutica de Viena, sino como un miembro más, incluso un miembro “tardío”, más que iniciar una discusión acerca de sí fue él fundador o no, nos da la oportunidad de buscar las raíces de la logoterapia en ese grupo de científicos (quedará para otra ocasión revisar los conceptos en los que Frankl converge con quien fue también una gran influencia para él, a pesar de su separación: Alfred Adler).

Frankl, Allers y Schwarz estuvieron muy cercanos entre sí a partir de sus ideas, sus trabajos y su amistad. Sobre todo, Frankl reconoce en cada oportunidad que estos dos pensadores fueron sus “maestros”. Repasemos un poco la relación entre estos tres personajes, que se inició, a decir de García Pintos (2007, p. 41), cuando Frankl colaboraba “en la organización sindical a favor de los jóvenes trabajadores” y “poco después de que Viktor iniciara su andadura en la universidad, atrapado por las disputas entre Freud y Adler, ingresó en un nuevo círculo de amistades. Creció su admiración por dos eminentes médicos, Rudolf Allers y Oswald Schwarz. Ambos eran investigadores especializados, y entre sus intereses se contaba la psicología. Simultáneamente, entró en contacto con las obras del filósofo Max Scheler. Para su deleite y alivio, descubrió que el filósofo avivaba una reevaluación del proceso por el que atravesaba el propio Viktor” (Klingberg Jr., 2002, pp. 74-75). Pero no es casualidad que fuese por esa época que Frankl se acercará a la obra de Scheler, sino que fue, precisamente, a raíz del contacto con Allers, quien lo introduce en la obra de este filósofo que es esencial en la conformación de la propuesta logoterapéutica: Max Scheler, de quien Frankl incluso menciona en alguno de sus libros que “la logoterapia es el resultado de la aplicación de los conceptos de Max Scheler en psicoterapia” (Frankl, 2002, p. 15).

En este sentido, podemos citar las palabras de Alfried Längle (2000, p. 59), que dice: “El mayor mérito de Allers consiste en haber introducido a Frankl en la filosofía de Scheler. [Veremos a lo largo de este artículo que éste fue solamente “uno” de los méritos de Rudolf Allers en cuanto a su influencia en Frankl.] Seguramente, el contacto con los libros del filósofo constituyó el cambio más fundamental y revolucionario en la «fase temprana» de la carrera científica de Frankl”. Nos relata también Längle (2000, p. 51) que “Frankl le quedó eternamente agradecido a su maestro Allers por esta contribución espiritual y permaneció siempre ligado a él”. Siguiendo el hilo a estos acontecimientos, podemos ubicar que probablemente Frankl comenzó su estudio de las obras de Scheler allá por los años de 1925-1927 (inicio y final de su pertenencia a la escuela adleriana).

Es entonces que Rudolf Allers junto a “Oswald Schwarz, se convirtieron en respetables profesores de Frankl. Durante 1925 y 1926, Viktor ayudó a Allers en su laboratorio psicológico [de fisiología de los sentidos] de la Schwarzpanierstrasse, estudiando el tiempo de reacción y los efectos de las cafeína” (Klingberg Jr., 2002, p. 84). Por aquella época, Frankl conoció a otra persona que fue decisiva en su vida: el profesor Otto Pötzl. “Conocer y entrar en contacto con Rudolf Allers y Otto Pötzl tendría un significado esencial en su vida. No sólo en el ámbito formativo como profesional sino, muy especialmente, en aspectos personales. Allers y Pötzl, por circunstancias diversas verdaderamente marcaron, me atrevo a decirlo, la historia de Viktor” (García Pintos, 2007, p. 42).

Por aquel tiempo “O. Schwarz se interesó mucho por un manuscrito que Frankl estaba preparando con mucha pasión, en el cual sostenía que la praxis psicoterapéutica tenía que poner en el centro de atención la problemática del sentido de la vida y, por consiguiente, tenía que aclarar «las cuestiones fronterizas entre filosofía y psicoterapia»” (Bazzi y Fizzoti, 1989, pp. 17-18). A la postre, este manuscrito se convertiría en la propuesta de libro llamado Philosophie und Psychotherapie (Filosofía y Psicoterapia). “Cuando Schwarz lo leyó quedó entusiasmado, le prometió interponer sus buenos oficios cerca de la Asociación adleriana para obtener la financiación necesaria para su publicación y sobre todo quería redactar personalmente el prólogo, en el cual sostenía que cuanto afirmaba Frankl tendría para la psicoterapia la misma importancia que la que había tenido para la filosofía la Crítica a la razón pura de Kant” (Bazzi y Fizzoti, 1989, p. 18). Sin embargo, “no se pudo imprimir el libro que había escrito para la editorial de la psicología individual Hirzel [debido a las controversias y a la salida de Allers, Schwarz y Frankl del círculo adleriano,] (recién en 1939 apareció una síntesis en la Schweizerischen Medizinischen Wochenchrift)” (Längle, 2000, p. 60). Aquel texto ideado por Frankl ha sido reeditado en su libro Logoterapia y análisis existencial, con el título de Filosofía y psicoterapia. Fundamentos de un análisis existencial; y aún más recientemente, gracias a los esfuerzos y a la meticulosa investigación del Dr. Eugenio Fizzotti, se han recuperado textos iniciales de Frankl que aparecieron en diversos medios escritos en su época de juventud, que se conocen ahora con el título de Las raíces de la logoterapia. Escritos juveniles 1923-1942 en editoriales San Pablo (2006), Fundación Argentina de Logoterapia (2001) y Herder (Viktor Frankl. Escritos de juventud 1923-1942, 2007).

En aquel original inédito de Filosofía y Psicoterapia se leía ya a un Frankl interesado en una psicoterapia más humana, existencial, de la persona, enfatizando su tridimensionalidad, su responsabilidad ante la vida, los valores y a una visión filosófica por parte del terapeuta. Oscar Oro menciona de manera más amplia esas cuatro ideas fundamentales de aquel texto: “1) Trata de la crítica filosófica a la teoría psiquiátrica de Freud que sólo se limita al aspecto erótico del hombre, cuando la psicoterapia debería a dedicarse a una visión corpóreo-psíquico-espiritual; 2) Se refiere a la actitud personal del terapeuta ante un determinado sistema filosófico; 3) Se refiere a la relación entre el tratamiento psicoterapéutico y los valores. La psicoterapia debe hacer absolutamente una valoración, es decir, debe conocer los valores éticos, poniéndose al servicio de la ética; 4) Se refiere a la necesidad de una educación en la responsabilidad, al final del tratamiento psicoterapéutico” (Oro, 2007).

Según Brachfeld (en Allers, 1971, p. 12), en una carta fechada el 23 de septiembre de 1958 que le dirigiera el propio Frankl, éste le mencionó a propósito de la afirmación que hiciera Schwarz acerca de la importancia de libro de Frankl para la psicoterapia en comparación con un libro de Kant para la filosofía, que quien en verdad merecía tal comentario era su maestro Rudolf Allers, por las aportaciones que hizo, en su momento, a la psicoterapia. Frankl nos dice: “Hay una gran riqueza en su trabajo y su doctrina, Rudolf Allers fue un excepcional constructor de puentes. (…) Para él sus estudios iban directo al corazón de la antropología de los significados y valores. Hoy más que nunca, Allers sigue siendo actual simplemente porque sus hallazgos y conocimientos son atemporales [no están limitados por el tiempo]. [Él] nos ha dado muchas cosas; pero también nos ha quitado mucho: en muchos aspectos ha anticipado la psicoterapia del futuro” (Frankl, 1994, p. 239).

Y dada la relación que existió entre Allers y Frankl no es raro que en muchos ambientes, a raíz del reconocimiento del que aún goza Frankl, sea a él al que se le reconozca esta “anticipación” en psicoterapia, como dice en su introducción a la biografía de éste que escribió Längle (2000, p. 14):

La historia de Viktor Frankl representa la historia de la psicoterapia, de la que fue testigo y partícipe. Consagró su vida a una disciplina que se desarrolló durante este siglo y que tuvo las más diversas influencias sobre la historia, el arte, la cultura y la autocomprensión del hombre.

Este libro trata especialmente de cómo, a partir de las experiencias de su vida personal y de su actividad como médico y psiquiatra, Frankl logró crear una escuela de psicoterapia que, en varios sentidos, se opuso y se opone a la idea tradicional de la psicoterapia. Este libro intenta responder a la pregunta personal y profesional de por qué era importante para Frankl ese suplemento de la psicoterapia tradicional, que él entendía como una corrección humanista, en especial, a la psicología profunda de su tiempo. Con este suplemento anticipaba muchas de las cosas que encontraron difusión y aceptación en la segunda mitad de este siglo [del siglo XX] dentro de la psicología profunda y de muchas otras ramas de la psicoterapia (a menudo con independencia de Frankl)”.

Por otra parte, hablando de distintos proyectos de esa misma época, nos dice Garcia Pintos (2007, p. 46), que “con gran ímpetu e interés, desde Der Mensch im Alltag [El hombre en su vida diaria, revista publicada gracias al sostén económico de la asociación de psicología individual], Frankl desarrolla sus ideas atrapando aún más el interés de dos personalidades del mundo adleriano. Oswald Schwarz y Rudolf Allers, quienes estimulan y promueven la labor de Frankl”.

Un proyecto adjunto desarrollado por Frankl, desde donde logró captar la atención de estas personalidades fue la creación de los centros de asesoramiento y orientación para jóvenes. Incluso “logró incorporar al proyecto a profesionales de reconocida capacidad tales como Charlotte Bühler, William Bönner, August Aichhorn (todos ellos psicoanalistas), Rudolf Dreikurs y Edwin Wexberg (adlerianos) y a sus maestros, Oswald Schwarz y Rudolf Allers. Asimismo, consigue el soporte económico del Prof. Julios Tandler, y la presidencia honoraria del programa a cargo de Otto Pötzl, de ya muy reconocida trayectoria y respeto en Viena” (García Pintos, 2007, p. 53).

Estos centros de asesoramiento para jóvenes vieron beneficiada su labor, entre otras cosas, por su disposición el lugares “tan estratégicos, el carácter gratuito de los servicios, la importancia de los profesionales a los que podía consultarse —entre los que se contaban Allers y el propio Adler [y Schwarz]—, el ímpetu que Frankl le imprimió a la actividad, se sumaron a un conjunto de circunstancias, que hicieron que estos centros (que conformaron una verdadera organización llamada Verein für Jugendberatung) anularan prácticamente en un año de actividad el porcentaje de suicidios en Viena. En uno de los periódicos de Viena podía leerse el 13 de julio de 1931: «La actividad de consulta y preparación escolar para jóvenes necesitados ha sido una feliz idea del doctor Frankl, fundador y responsable directo del centro de consulta vienés»” (García Pintos, 2007, p. 47). Es curioso que la labor de Frankl de ayuda a los jóvenes coincidiera, de alguna manera, con la de su padre, que trabajaba al frente de un departamento que se ocupaba de la protección de los menores y de garantizar el bienestar de la juventud, aunque con esto no quiero sugerir decir nada, sólo intento señalar alguna coincidencia. Vaya que si Frankl se ocupaba de la juventud a través de los centros de asesoramiento.

Continúa diciendo García Pintos (2007, pp. 47-48) que “el trabajo intenso [de los centros de asesoramiento juvenil], particularmente coronado con el éxito, y la renovación de las ideas adlerianas, llevó a Allers y a Schwarz a acercarse más íntimamente a Frankl. Con Allers, Frankl se integra aún más a su laboratorio de fisiología de los sentidos y con Schwarz establece un vínculo personal muy fructífero, siendo éste quien los estimula en esta época para que escriba sus conclusiones y sus enunciados teóricos. Para Schwarz era muy interesante la acentuación que hacía de la problemática del sentido de la vida de los pacientes, y la necesidad de aclarar las cuestiones fronterizas entre la filosofía y la psicoterapia. La apreciación valorativa que Schwarz hace de las ideas de Frankl es contundente”.

A continuación detallaremos la salida de Allers, Schwarz y Frankl del círculo de Adler, así que ahora reconstruiremos la historia para saber lo que sucedió exactamente en el seno adleriano y las consecuencias de ello.

Es un hecho que la expulsión de sus maestros del movimiento liderado por Alfred Adler despejó el camino para la salida de Frankl de dicho movimiento, para que a partir de entonces éste pudiera desarrollar de manera independiente sus ideas y sus propuestas terapéuticas, a partir de una sólida concepción filosófica, la cual no pudo incluir en el seno del grupo adleriano. Parece ser que Adler no tenía la profundidad filosófica para abordar las cuestiones que él mismo ya planteaba al proponer su psicología individual, como por ejemplo el concepto de sentido de vida, tan fundamental en la propuesta frankliana. A decir de otros, Adler tampoco tuvo la brillantez literaria de Freud ni la capacidad de éste para promover sus supuestos científicos al nivel del fundador del psicoanálisis.

“La relación de Viktor con Allers perduró incluso después de que Allers se trasladara a la Universidad de Georgetown, en Washington. Pero el desafío que lanzaron contra la insistencia de Adler acerca de algunas ideas tuvo lugar cuando Allers y Schwarz se encontraban aún en Viena [se dio una marcada diferencia entre sus posturas científicas]. Viktor recuerda que «Adler se puso hecho una furia cuando le abandonaron. Y cuando yo me decanté, parcialmente, por Allers y Schwarz en vez de por Adler, me costó la cabeza»” (Klingberg Jr., 2002, p. 84). El mismo Adler recordaría de manera diferente a cada uno de ellos, en una carta dirigida a Oliver Brachfeld en 1929 [dos años después de la disputa], a propósito de que éste había comentado su aprecio por las ideas de la tercera escuela, aquél diría de Schwarz que nadie ni nada le impediría hablar de él como un chapucero (Brachfeld en Allers, 1971). En dicha epístola ni siquiera tuvo palabras para referirse a Allers. Ahora recordemos cómo vivió el joven estudiante Viktor Frankl aquellos sucesos.

La relación de Frankl con dos de sus primeros maestros, y grandes influencias, es bastante conocida gracias a lo narrado por el mismo Viktor, así como por sus biógrafos y estudiosos de su obra. Estos maestros fueron Sigmund Freud —creador de la Escuela Psicoanalítica— y Alfred Adler —iniciador de la Psicología Individual— (lo que se dio en llamar, como esbozamos antes, Primera y Segunda Escuelas Vienesas de Psicoterapia, respectivamente). El alejamiento de Frankl de dichas escuelas le permitió, como ya también mencionamos, la creación de su obra personal, inscribiéndolo en lo que posteriormente se denominó y constituyó como la Tercera Escuela Vienesa de de Psicoterapia, siendo el propio Frankl uno de sus representantes más renombrados internacionalmente.

La separación de las ideas psicoanalíticas freudianas fue para él tal vez menos dolorosa que la que vino después, con su salida del seno de la psicología individual adleriana. Repasemos los acontecimientos de la expulsión de Frankl de este círculo (así como la deserción de sus maestros Allers y Schwarz) que comenzó aquella noche de 1927, donde las cosas sucedieron, según sus propias palabras, de la siguiente manera:

En 1927, se complicó más mi relación con Adler. Yo había caído bajo el hechizo de dos hombres, que no sólo me impresionaron como personas, sino también me han influenciado profundamente: Rudolf Allers y Oswald Schwarz.
…..
…Llegó la noche de 1927 en la cual Allers y Schwarz defendieron y fundamentaron públicamente su anunciada deserción de la Asociación de Psicología Individual. La sesión tuvo lugar en la Gran Aula del Instituto de Histología de la Universidad de Viena.

Cuando Allers y Schwarz habían finalizado sus intervenciones se percibía una gran tensión en el ambiente. ¿Cuál será la reacción de Adler? Esperábamos en vano, en contra de sus costumbres, no tomó la palabra. (…) Así que finalmente se dirigió a nosotros [al propio Frankl y a otra alumna] y se mofó: «Bueno pues, ¿y ustedes héroes?» el opinaba que nosotros no debíamos ser cobardes, dar a conocer valientemente nuestra postura y pedir la palabra.

Así que no me quedaba otra: tuve que levantarme y explicitar a los presentes en qué sentido las Psicología Individual debería superar su psicologismo. Y cometí el error de declararme partidario de Schwarz, prácticamente ante el enemigo —los psicoanalistas [freudianos presentes en dicha sesión disfrutando del desgajamiento que se daba en el seno adleriano]—, hasta incluso llamarlo “mi maestro”. Fue en vano, aunque trataba por todos los medios de explicar que yo no veía motivo alguno para abandonar la Asociación de Psicología Individual, ya que ésta podría superar su psicologismo por fuerza propia. Sin éxito, me esforzaba por mediar entre Allers, Schwarz y Adler.

Desde esta noche, Adler no me dirigió más la palabra y tampoco respondió ningún saludo mío, cuando yo, tal como era costumbre, todas las noches entraba en el Café Siller acercándome a la mesa que él presidía. No le fue posible aceptar que yo no lo hubiese defendido incondicionalmente.

Repetidas veces me hizo sugerir que me retirara de la asociación, mientras que yo no veía motivo para hacerlo. Unos meses más adelante, finalmente fui excluido formalmente de la Asociación para la Psicología individual (Frankl, 2003, p. 51-52).

Por lo que respecta a la salida de Allers y Schwarz del grupo fundado por Adler, el mismo Brachfeld (en Allers, 1971, p. 16) nos relata que “por no querer someterse a ningún «sectarismo científico», Oswald Schwarz y su entrañable amigo Rudolf Allers —las dos «mejores cabezas» de la escuela de Alfred Adler hasta entonces— se vieron obligados a retirarse de la Asociación de Psicología del Individuo precedida por éste, pérdida irreparable para la «Segunda Escuela Vienesa». Contribuía no poco a aquella separación el hecho de que Allers constituyera casi él solo la llamada «ala derecha» de la Escuela Adleriana. [A Adler, que se había convertido al protestantismo desde muy joven] no le gustaba que Allers, ya a la sazón, elaborara una «versión católica» de sus teorías. Sin embargo, aun cuando Allers hiciera una abierta confesión de fe católica, era tan poco «sectario» que colaboraba íntimamente con Oswald Schwarz, agnóstico. Su colaboración llegaba a tales extremos, que ambos afirmaban no saber, a menudo, si tal o cual idea había brotado primero en la mente de uno o del otro. En realidad, en no pocos puntos el propio Schwarz llegó tan cerca de una posición católica como más tarde Viktor Frankl (cuyas teorías son consideradas por muchos católicos austriacos y extranjeros como (…) conformes con el dogma)”.

De este modo, desde aquel momento, estas tres personalidades del ámbito médico y científico de la época (ya Frankl cobraba cierto reconocimiento como estudiante sobresaliente, conferencista y editor de una revista de psicología individual) quedaron apartadas del movimiento encabezado por Adler, lo que, como ya dijimos, les permitió desarrollar sus propias teorías en el campo de la psiquiatría y la psicoterapia —entre otras disciplinas, como la educación, la sexualidad, etc.—, conformando lo que finalmente sería denominada Tercera Escuela Vienesa de Psicoterapia.

Rudolf Allers Oswald Schwarz Viktor Emil Frankl
(1883-1963) (1883-1949) (1905-1997)

“De todos modos, y sin negar el valor que ha tenido Adler en el desarrollo de Frankl, es evidente que Viktor era verdaderamente discípulo de Allers y Schwarz más que de Adler . Conservó por él un afecto especial por siempre, pero guardó fidelidad, cuando debió hacerlo, por sus verdaderos maestros y sus verdadera ideas” (García Pintos, 2007, p. 51).

De los tres autores que nos competen, cada uno de ellos está adscrito, por derecho propio, a partir de su obra y de su postura ante la vida, a la filosofía existencial: de Oswald Schwarz se cuenta “que enseñaba Urología, y que llegó a ser tan profundo filósofo «existencial», que los estudiantes le motearon de «urósofo»”; de Rudolf Allers se dice que “fue un «analista existencial» mucho antes que Heidegger, Sartre, Frankl, Binswanger y Boss” y se le menciona como un psicoterapeuta existencial católico y “figura máxima de aquella que llamamos Tercera Escuela Vienesa, constituida como grupo ya en 1925 [justo el año en que Frankl ingresara a las filas de la Asociación Internacional de Psicología Individual], pero sin que empleara, como hoy se ha puesto de moda, algo pretenciosamente, tal denominación” (Brachfeld en Allers, 1971, pp. 12 y 14). En lo que respecta a Viktor Frankl, es bien conocida la influencia de la filosofía existencial en su obra, tanto que la suya es por algunos reconocida como una de las primeras aproximaciones en psiquiatría y psicología existencial (Frankl, 2002). Además de que Frankl dedicó gran parte de su vida al estudio, discusión y crítica de la obra de algunos de los filósofos existenciales de entonces y trabó una relación amistosa con otros (verbigracia, Heidegger). Por ser Frankl el más estudiado a nivel mundial de estos representantes de la Tercera Escuela, no nos detendremos demasiado en la mención acerca de su vida y de su obra, sólo cuando lo consideremos pertinente, en el caso de que tenga relación con Allers y Schwarz (valga como disculpa el hecho de que el espacio del que aquí se dispone tiene una limitación que nos conduce a dejar para otra oportunidad la inclusión más amplia de Frankl).

Ahora dediquemos el resto de este artículo a hacer una revisión somera (no podría ser de otra manera por muchas razones) de la vida y obra de estos dos maestros de Frankl, hombres de quienes poco se conoce, y preguntémonos quiénes fueron estos personajes de los que hemos estado hablando y que en su momento tuvieron una influencia muy marcada en el panorama científico de su época, así como en la conformación de la logoterapia y el análisis existencial frankliano, y que hoy moran cerca del olvido y el silencio, lejos de ese reconocimiento del que gozaron en algún momento de su desarrollo científico.

OSWALD SCHWARZ (1883-1949)

Oswald Schwarz nació en Brno, Moravia (República Checa) el 31 de octubre de 1883 y murió en Londres (Reino Unido) el 14 de octubre de 1949. Hijo de un abogado quien le fomentó el interés por las cuestiones filosóficas. Junto a dichas cuestiones, Schwarz se interesó también por la antropología, adquiriendo las bases de lo que fundamentaría su obra posterior.

Después de graduarse en Brno en 1901, Schwarz obtuvo el grado de Médico por la Universidad de Viena, se especializó en cirugía, farmacología y ginecología en Estraburgo, Munich y Berlín. De regreso a Viena contrajo matrimonio con la hija del eminente doctor Seligman, que era amigo de Freud.
“Durante la primera guerra mundial actuó como médico militar en los frentes ruso e italiano. Cuando hubo terminado la contienda, desempeñó una cátedra de urología, en Viena asimismo, y abrió una clínica de consulta, donde, a fuerza de ver pacientes, adquirió plena convicción de que un buen número de enfermedades denotan un origen psíquico y requieren un tratamiento psicológico” (Schwarz, 1953, p. 7). Con su experiencia, dando igual importancia a la mente y al cuerpo, desarrolló su libro Diagnóstico y tratamiento de los síntomas orgánicos de origen mental (o Psicogénesis y psicoterapia de síntomas corporales, según la traducción a la que nos ciñamos), con ayuda de otros médicos especialistas cercanos a él, entre ellos, por supuesto, Rudolf Allers; con dicho ejemplar Schwarz puede ser considerado con justicia como precursor legítimo de la medicina psicosomática. También es fundador “de la Medicina Antropológica” (Guberman y Pérez Soto, 2005, p. 126).

Igualmente fue profesor conferenciante en la Universidad de Viena y posteriormente en la escuela de posgrado de la Asociación Médica Americana en Viena. Fue discípulo de Freud, y como ya hemos esbozado, estudió psicología médica con Alfred Adler y Paul Schilder. “Era ante todo un psicólogo que practicaba la medicina con un sentido humanitario, no exento nunca de espiritualismo, partiendo de una base filosófica” (Schwarz, 1953, p. 7).

Schwarz comenzó “a escribir ensayos y volúmenes trascendentales” (Schwarz, 1953, p. 7), en donde ponía al descubierto su certeza de que “la neurosis se halla en la génesis de numerosas dolencias físicas que arrancan de un punto de partida moral, sobre todo en las anomalías sexuales” (Schwarz, 1953, pp. 7-8), las cuales son referidas aquí por ser éstas uno de los principales campos de estudio de nuestro investigador, no obstante, estas neurosis se perciben claramente en otras dimensiones y conductas humanas ajenas a la sexual. No es difícil captar que esta idea podría ser el germen de lo que Viktor Frankl denominó tiempo después como “neurosis noógenas”, que no son otra cosa que conflictos de conciencia, crisis existenciales o crisis de valores que tienen su origen en la dimensión espiritual y una expresión física o psicológica, que además pueden llevarnos a ver la vida como carente de sentido; son, a fin de cuentas, situaciones que todas las personas experimentamos a lo largo de nuestra vida. (Esta misma influencia respecto al origen de este tipo de neurosis la veremos del mismo modo presente cuando hablemos de Allers.)

Su interés en la filosofía lo llevó a escribir su siguiente libro, el cual fue un estudio filosófico de los problemas y métodos de la medicina. Como urólogo atendió a muchísimos pacientes que sufrían desordenes sexuales, el tratamiento de estos casos se convirtió en su ocupación predominante, a lo que siguió la publicación de un libro sobre homosexualidad y dos sobre patologías sexuales. Respecto al principal libro de Schwarz consultado para este artículo, Psicología del sexo, explica François Duyckaerts —biógrafo, traductor y comentarista de Schwarz—: “…es el fruto cabal de una larga vida consagrada a los problemas más delicados de la existencia humana. En ella se han recogido los temas principales de todas las obras anteriores del autor, aunque con una riqueza y una soltura nuevas” (citado en Schwarz, 1953, p. 9). Esta obra es interesante tanto desde el punto de vista científico como social, dado que pretende dar una comprensiva y sistemática descripción de las varias formas de la vida sexual en el curso de nuestra vida.

El propósito de la obra entera de Schwarz es que la idea concerniente a la verdadera naturaleza del modelo salud y prototipo humano, enriquecido por la observación, de acuerdo a un continuo proceso (circular) que permita entender mejor ambos conceptos, “sea explícita y para poner al descubierto sus profundas bases filosóficas y no relativistas. Haciendo esto, él encontró de gran ayuda el método fenomenológico y eidético puesto en marcha por Husserl.

La salud y normalidad humana aparece entonces como un acuerdo espontáneo y fácil entre la naturaleza y la libertad, gracias al cual el individuo puede comprender y dedicarse a la ejecución de tareas objetivas y a la creación de valores espirituales. La neurosis, considerada como la verdadera enfermedad humana, destruye esta armonía y la sustituye con la dualidad de una naturaleza imposibilitada a tareas objetivas y a una libertad incapaz de actuar sin la ayuda de la naturaleza. Esta concepción hace justicia entre los pensamientos (insights) irreconciliables de Freud y Adler.

En un nivel práctico, sugiere suplir la psicoterapia y el psicoanálisis o la eliminación de factores inquietantes por medio de psicagogía o el descubrimiento de la verdadera esencia y naturaleza de sí mismo”. Esta propuesta psicagógica (el arte de conducir y educar el alma tomando en cuenta lo psicofísico, sin descuidar aspectos espirituales de la persona) nos lleva a reflexionar acerca del papel educativo que tanto Allers, como Schwarz, y posteriormente Frankl, atribuían a la psicoterapia, o en general al acompañamiento existencial de la persona con quien se iniciara una relación terapeuta-paciente, lo cual puede ser extensivo hacia cualquier disciplina que tenga que ver con la educación. En este sentido, la aportación de estos hombres pudiera ser imprescindible a la nueva propuesta del logoeducador, que es a mi entender una manera de extender la influencia de las ideas franklianas, allá en donde el logoeducador realice su labor de asistencia.

Schwarz dejó Austria en 1934, ante la avanzada nazi, previniendo los acontecimientos que sucederían con la segunda gran guerra, ajeno a cualquier cuestión política. Su idea inicial era trasladarse a América del Norte (Estados Unidos), sin embargo, terminó emigrando a Suecia para pasar más tarde a Londres, lugar de cual quedo fascinado, entonces descubrió inmediatamente que Inglaterra era el país en el que él quería vivir, lo hizo su segunda casa y practicó allí la psicología, acudiendo a su consulta una cuantiosa clientela.

“Mientras cundía en torno suyo la notoriedad, aureolada de la mejor reputación, varias escuelas solicitaron su concurso para el cargo de consejero psicológico, y pronunció distintas conferencias de carácter orientador, dedicadas a los padres de familia y a otros individuos responsables, que le valieron éxitos rotundos” (Schwarz, 1953, p. 8).

Pero otra muy diferente era la vivencia de Schwarz acerca de su trabajo en la creación de una psicoterapia tendiente hacia lo existencial en aquella ciudad que lo cautivó. Frankl comenta que: “Schwarz vivía al otro lado de la calle [frente a Mariannengasse, donde está ubicado el apartamento en que Viktor vivió con Elly], en Alser Strasse. Cuando Hitler nos invadió, Karl y Charlotte Bühler [de quienes Schwarz fue uno de los grandes amigos] eran profesores de psicología. Ella emigró a Suecia, como lo había hecho anteriormente Schwarz, pero creo que él se trasladó a Londres. Desde Londres me escribió una carta lamentando su desesperación, porque el ambiente de Londres no le aportaba nada. Nadie le escuchaba. «Nadie estaba interesado en nuestros esfuerzos [de los vieneses, escribía Schwarz] por crear una psicoterapia orientada hacia la existencia». Finalmente, Schwarz se quitó la vida” (Klingberg Jr., 2002, p. 84) en 1949.

No obstante su optimista confianza en la vida, ante “la circunstancia de haber tenido que emigrar y la vivencia de sentirse perseguido” (García Pintos, 2007, p. 42), así como la probable incomprensión en Londres de su propuesta psicoterapéutica encaminada a lo existencial, que fueron de las peores experiencias de Schwarz, terminó por suicidarse el año de 1949.

A pesar de ser muy poco conocido en los Estados Unidos, que su trabajo ha sido prácticamente olvidado mundialmente [lo que hace que una investigación acerca de su vida y obra se convierta en una verdadera odisea], tiene presencia de una manera diferente y actualizada en alumnos como Viktor Frankl y Hans Giese, ya que el difunto Dr. Schwarz puede ser considerado como uno de los más grandes psicólogos y sexólogos de nuestro tiempo. Esto obedece, en parte, a que quiso cerrar la brecha que existía entre el médico y filósofo, además de que “a través de las teorías de Oswald Schwarz se disciernen una sana honradez, cuyos predicados dictaron siempre su conducta, y un respeto profundo a las cosas esenciales, cuya norma le guiaba a lo largo de sus indagaciones, además de una optimista confianza en la vida [algo de lo que también estaba convencido el joven Frankl, aunque él vivió también una etapa de sinsentido en su juventud, que le ayudó a tomar la vida con dignidad y buscarse una filosofía fuerte que lo asiera a su vida desde entonces]. Por añadidura, le ha definido de continuo su perfecta sencillez para exponer los asuntos más complejos, de modo que se inunda de claridad en cada caso su estilo conciso y puro. A la postre, extremando esta tendencia natural de su temperamento, prescindía casi en absoluto de términos demasiado didácticos y empleaba un lenguaje fácilmente asequible a unos o a otros: el lenguaje del sabio que aspira a divulgar en pro de la generalidad conquistas obtenidas al cabo de ímprobos esfuerzos y no se reserva nada para sí. Por ende, sin prejuicio de un fondo enjundioso, su producción se pone igualmente al alcance de los profanos que de los especialistas, mérito doble y de provechosas consecuencias. A ello obedece, en parte, la ventaja de que se haya difundido con tanta rapidez en los medios germánicos, anglosajones, belgas, franceses, e hispanoamericanos ahora, no sólo de los ámbitos doctos, harto limitados, sino entre una masa menos preparada y deseosa de instruirse” (Schwarz, 1953, p. 8).

RUDOLF ALLERS (1883-1963)

De Rudolf Allers se conoce actualmente más que de Schwarz, lo que nos da una perspectiva más clara de su obra, y un tanto de su biografía. No obstante esta poca información, podemos hacernos una imagen más clara de quién fue este hombre, tan importante en el desarrollo del joven Frankl y, como lo llama Brachfeld, “figura máxima” de la Tercera Escuela Vienesa de Psicoterapia. Ambas situaciones, ser guía de Frankl y miembro de la Tercera Escuela, nos sirven a nosotros los logoterapeutas para esbozar una historia más íntima de la creación de la obra de Frankl, su desarrollo, sus influencias, sus cimientos, etc.

Para la conformación de este artículo he consultado a algunos de los autores que se han interesado en la obra de Allers (como son: Brachfeld, Robles, Jugnet, el mismo Frankl, y más recientemente Echavarría, Figari y Olaechea), los cuales hacen referencia a datos biográficos, bibliográficos y estudios sobre la obra de este psicólogo existencial católico. Me hubiese gustado poder consultar, de la pluma directa del maestro Allers, una autobiografía que escribió en 1948, publicada en The Book of Catholic Authors. A pesar del hecho de que me ha sido cuasi imposible encontrar dicha autobiografía, he encontrado, como menciono unas líneas arriba, estudiosos de la obra de Allers que pueden guiarnos fielmente a través de su vida.

Allers nació en Viena en el seno de una familia católica. Su padre era médico con intereses humanistas, por lo que su hijo decidió seguir sus pasos. Su madre provenía de una familia de científicos. Figari (2005) dice que fue un “célebre psiquiatra, destacado filósofo, patrólogo, maestro abnegado”.

Rudolf Allers estudió Medicina en la Universidad de Viena, donde se especializó en psiquiatría y en fisiología (donde desarrolló aportaciones nuevas e importantes). Fue además un gran psicólogo y filósofo en la mejor tradición de ambas disciplinas; incluso asistió a las últimas lecciones dictadas por Freud y fue su colaborador.
“Una vez doctorado, en 1906, combinó la práctica de médico clínico con estudios bioquímicos de laboratorio. De este modo, comenzó a interesarse por la neurología, y realizó importantes investigaciones sobre la percepción sensorial. Finalmente, se especializó en psiquiatría (1908)” (Echavarría, 2004). En este mismo año de 1908, contrajo matrimonio con Carola Meitner, hermana de la Dra. Lisa Meitner, que estudió con Otto Hahn la fisión atómica. La Sra. Allers era también una persona con profundos intereses intelectuales y espirituales, y su casa fue centro de encuentros con importantes figuras de la cultura de la época. Ya en 1913, Allers era instructor de psiquiatría en la Escuela de Medicina de la Universidad de Munich, actividad que se vio interrumpida en 1914 al comenzar la Primera Guerra Mundial. Durante el conflicto bélico, sirvió como médico en la Armada de Austria, y escribió su primera obra, sobre un tema estrictamente médico: la cura de las heridas de bala [en la cabeza]” (Echavarría, 2004). Por su labor en dicha guerra “recibió la Cruz del Mérito y la medalla de la Cruz Roja por sus sacrificados servicios en la frontera polaco-rusa” (Figari, 2005).

En el año de 1909 Allers “fue trasladado a la clínica psiquiátrica de Mónaco de Baviera, donde trabaja como asistente de Emil Kraepelin, uno de los fundadores de la psiquiatría moderna (…) En su estancia en Mónaco, Allers entra en contacto con el círculo fenomenológico de esta ciudad, especialmente con Max Scheler y su propuesta antropológica, apartándose al mismo tiempo de las ideas psicoanalíticas” (Olaechea, 2006). Posteriormente dirigió severas críticas al psicoanálisis freudiano, ganándose el mote bastante bien justificado de «el anti-Freud». “Paralelamente a sus estudios de medicina dedicó mucho tiempo al estudio y práctica de la química. De hecho, publicó varios artículos sobre bioquímica. Sus estudios en esta área le sirvieron para sus investigaciones neurofisiológicas” (Figari, 2005). Tiempo después ejerció su profesión y su labor investigativa en las Universidades de Praga y Munich.

Es en el período de la posguerra que Allers se convierte en discípulo de Alfred Adler, del mismo modo entre los años de 1918 a 1938 “trabajó en la Escuela de Medicina de la Universidad de Viena, primero en el departamento de psicología de la sensación y psicología médica, y, a partir de 1927, en el departamento de psiquiatría” (Echavarría, 2004).

Como ya hemos revisado, Allers estuvo ligado estrechamente a la escuela adleriana hasta 1927. Años más tarde, en 1934, debido a su “vocación de buscador de la verdad y la necesidad de profundizar los estudios para ayudar mejor a sus pacientes” (Figari, 2005) y a través de la sugerencia de su amigo Fray Agostino Gemelli, se doctoró en filosofía en la Universidad Católica del Sacro Cuore en Milán. La profundización filosófica lo llevó a identificarse con la Philosophia perennis, aunque sin limitarse a ella, permaneciendo abierto a todo cuanto las nuevas corrientes de filosofía pudiesen aportar para la mejor comprensión del ser humano. A pesar de la estadía de Allers en Italia, la relación entre éste y Frankl continúa (García Pintos, 2007).

Conoció a Edith Stein , quien frecuentó su casa y trabó amistad con la familia Allers, y con quien compartió el interés por una relación viva del tomismo con las temáticas del pensamiento contemporáneo” (Echavarría, 2004). Incluso Allers prologó a una traducción de la obra de Tomás de Aquino llamada Quaestiones disputatae de veritate, en donde Stein utilizó el método fenomenológico “lo cual implicaría interpretar la literatura de Tomas por las cosas mismas (…) El resultado de la obra es bueno, pues Rudolf Allers dirá sobre esta traducción:

La traductora ha sabido transmitir al lector una exposición coherente del las ideas del Doctor Communis contenidas en estas Quaestiones, sin que uno se vea obligado a considerar a la vez todas las circunstancias que previamente incluye en sí la forma de la quaestio… La traducción es fiel no sólo a la letra y al sentido. Está también adaptada a los conceptos filosóficos actuales, del mismo modo que se destacan también las relaciones con los problemas modernos en los comentarios de las notas citadas (Gómez Ruiz).

Asimismo, “Allers tradujo al inglés un artículo de la santa carmelita sobre el conocimiento de Dios, y ella, por su parte, en varias partes de sus obras recomendó las teorías de Allers en el campo caracterológico” (Echavarría, 2004).
El propio Allers, durante su estancia en Milán, aprendió “la filosofía neoescolástica que se enseñaba en la época , y se aficionó al pensamiento de santo Tomás, autor al que ya antes leía, y cuyo De ente et essentia tradujo al alemán [1936], como también las obras de san Anselmo” (Echavarría, 2004). Precisamente en los referentes antropológicos de la logoterapia, cuando Frankl habla de la existencia humana como unitax múltiplex está analizando esta temática según lo había hecho ya santo Tomás. Por lo cual, podemos suponer, una vez más, dada la cercanía que tuvo Allers con el tomismo, esta confluencia entre el pensamiento de santo Tomás y de Frankl en cuanto a la concepción antropológica de la persona fue también un aporte del maestro Allers , que, de nuevo, se erigiría como un gran contribuyente de la logoterapia como la conocemos hoy día.

Años más tarde, “como católico de origen hebreo, Allers tuvo que huir de Austria al ser ocupada su patria por Hitler” (Brachfeld en Allers, 1971, pp. 16-17). Se desplazó hacia los Estados Unidos, con su esposa Carola y su hijo Ulrich, junto a “una copiosa emigración de hombres de ciencia” (Robles, 1955, p. 87). “El psiquiatra americano Francis Braceland, que lo había conocido en 1934, lo invitó a enseñar en la Catholic University of America (Washington D.C.). Convencido finalmente por Fray Ignatius Smith O.P., Allers se instaló con su familia en los Estados Unidos. Allí comenzó a dictar clases de psicología en la Escuela de Filosofía de aquella Universidad [en 1937] (Echavarría, 2004), “de donde muchos años más tarde [1948] pasó a la igualmente católica Georgetown University [como profesor de filosofía]” (Brachfeld en Allers, 1971, p. 17).

Después de lo que Figari denomina como la etapa estadounidense de Allers, el desde entonces denominado médico austro-americano realiza en 1955 “una extensa gira por Francia y Austria, durante la cual pronunció numerosas conferencias. En 1958 recibió una beca de investigación de la Fundación Guggenheim, que lo llevó nuevamente a Europa. Un año después volvió a Austria para dar una serie de cursos en el Forum Europeo. Sus artículos y libros se publicaban en América y Europa” (Figari, 2005). Cabe la duda de si en estos viajes Allers tuvo contacto con su antiguo alumno Viktor Frankl, o, también, si el mismo Frankl en sus primeras giras por los Estados Unidos visitó alguna vez a su antiguo maestro.

A partir de su estancia en Georgetown “Allers se apartaría de la práctica psicoterapéutica, dedicando los últimos años de su vida al estudio y la enseñanza de la filosofía. En 1957 fue nombrado profesor emérito. En 1960 la American Catholic Association lo premió con la Cardinal Spellman-Aquinas Medal, en reconocimiento por su incansable labor como intelectual católico y por sus contribuciones a la filosofía —este premio lo recibieron figuras de la talla de Maritain y Wilson— (…) recibió también el Doctorado honoris causa en Leyes por la Universidad de Georgetown; fue Presidente del Capítulo Filosófico del distrito Maryland-Virginia; Presidente de la Sociedad Metafísica de América y miembro de varias academias como la de arte, la de filosofía, la de pensamiento medieval, la de ciencias de Nueva York. La prensa lo consideraba como “pionero católico de la psicología en los Estados Unidos” (Echavarría, 2004).

Rudolf Allers, tras una labor científica y académica destacada en el continente americano, así como en su momento en el europeo, fallece el 18 de diciembre de 1963 a los 80 años de edad (Frankl cita que fue el día 14) afectado por una grave pulmonía. “La noticia de su fallecimiento fue motivo de profunda tristeza en Viktor y en ambos casos [su también amigo y maestro Otto Pötzl había muerto un año antes] lamentó la pérdida de afectos muy íntimos y asociados con «grandes luchas personales» compartidas” (García Pintos, 2007, pp. 123-124).

Tres meses después del deceso de Allers, Frankl pronuncia un discurso en el marco de la 14ª Reunión ordinaria de la Sociedad Austriaca de Médicos para la psicoterapia —de la cual Allers era miembro honorario—, en la que habla de la labor de su maestro y amigo. Esta conferencia está publicada en el libro Logoterapia y análisis existencial, con el título Rudolf Allers como filósofo y psiquiatra.

Allers se fue, teniendo en su haber 40 años de estudios psiquiátricos y 30 de práctica terapéutica, así como una considerable cantidad de publicaciones (entre artículos y libros), que “resulta casi una odisea llegar a descubrir que unas seiscientas publicaciones de libros y artículos son producto de su pluma” (Figari, 2005). El mismo investigador escribe: “Su último libro, Existencialismo y psiquiatría, es una recopilación que incluye cuatro brillantes pláticas, editadas en la serie Conferencias Americanas de Psiquiatría Clínica. En este volumen muestra su familiaridad con la filosofía en general, con el existencialismo, con la psicología, la psiquiatría, la fisiología, el pensamiento tecnológico y la teología. Su pensamiento abarca la unidad del ser humano. No es un exponente del fraccionado conocimiento de hoy; todo lo contrario: su meta es aproximarse al hombre total”. Esto último lo confirma la siguiente frase: “La obra de Rudolf Allers está consagrada enteramente al estudio del problema del Hombre” (Dom Emile Marmy citado por Brachfeld en Allers, 1971, p. 14).

No obstante su gran producción y sus aportes fundamentales en las diferentes áreas en que desarrolló su trabajo, Luis Jugnet escribe en la introducción a su libro Rudolf Allers o el anti-Freud que la obra de este autor “…merece un lugar aparte. A pesar de esto sus ideas continúan siendo ignoradas entre nosotros, no sólo del gran público (lo que es comprensible) sino también (y ello, seguramente, es menos excusable) de los peritos mismos” (1952, pp. 7-8).

Echavarría (2004) lo considera un “autor que a nuestro juicio, durante el siglo XX ha representado, en el difícil ámbito de la psicología y psicoterapia, con más valentía y fidelidad, los valores cristianos”.

Recientemente ha habido un nuevo auge por la obra de Rudolf Allers, este retorno se lo debemos a los estudiosos católicos que miran en su obra, aún ahora y después del paso de tiempo, una vigencia que debe ser rescatada. Un ejemplo de ello es uno de sus libros, Character education in adolescence, que fue escrito hace 60 años (alrededor de 1930), ha sido recientemente reeditado por una editorial católica.

Hasta aquí la breve reseña de estos hombres que influyeron en la vida cultural y científica de su época, influencia que nosotros vemos presente y viva en la obra de uno de sus más destacados alumnos y partidarios, además del miembro más prominente y recordado de la Tercera Escuela Vienesa de Psicoterapia: el Dr. Viktor Emil Frankl.

Como hemos visto, la influencia en Frankl de sus dos grandes maestros, Allers y Schwarz, trascendió el ámbito académico y científico, para convertirse en una relación de amistad que trascendió las vidas de los tres personajes, por ello surge la necesidad de estudiar y aclarar dicha relación, profundizando en ella y evidenciando el eco que ha tenido en lo que hoy conocemos como Logoterapia y Análisis Existencial de Viktor Frankl. Este trabajo es sólo un primer intento de evidenciar dicho eco, que surge a partir de lo que conocemos como Tercera Escuela Vienesa de Psicoterapia que devino logoterapia.

En un comentario publicado en la edición de 1972 de la Pedagogía Sexual de Allers, Brachfeld revela que éste le dirigió una larga carta manuscrita “al recibir el primer ejemplar de la primera edición [en español, idioma que Allers dominaba, entre otros], nos dio las gracias «también en nombre de mis ya difuntos amigos Oswald Schwarz y Paul Schilder» por la Presentación, «en la que, por vez primera, se nos hace justicia…»”. Deseo en este artículo también haber hecho justicia a estos hombres a quienes hoy, lo sepamos o no, los logoterapeutas les debemos mucho: la formación del joven Viktor, su influencia a partir de sus inclinaciones filosóficas, la aportación que hicieron a la teoría logoterapéutica, el ambiente para el desarrollo intelectual de Frankl, y un largo etcétera que espero el tiempo siga clarificando para que el desarrollo de la logoterapia tenga bases firmes y un horizonte amplio de posibilidades, tanto teóricas como prácticas.

Este amago de justicia no hubiese sido del todo posible sin la ayuda entusiasta y amorosa de Judy Briones, quien se dio a la tarea de traducir algunos textos que nos daban luz sobre Rudolf Allers y Oswald Schwarz, los cuales utilizamos para la elaboración de este artículo. Un agradecimiento a ella, que se ha unido a esta especie de “homenaje” a los tres fundadores de una visión de la persona y del mundo aplicado a la psicoterapia, que hoy nos sostiene, nos cautiva, nos atrapa.

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Comentarios

  1. Interesante descubrir en los antecedentes el desarrollo paulatino y estos grandes hombres que han contribuido al acervo del humanismo como técnica para el vivir en un mundo global vertiginoso, materializado y facst track . No cabe duda que la Psicologia como ciencia es jovén y ha contemplado contribuciones distintas. Me aporta una visión de la complejidad de esta construcción de teórias debido a que mi asomo al psiconalisis me dejo con un cierto hueco de y luego que paso ??? como en las historias humanas. Aunque me queda claro que en esta construccion de estos grandes teóricos no les dió tiempo de incursionar aún más en el aspecto social-contextos.

    Gracias.

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