Los valores en la elección de vocación profesional

Por: Rocío Martínez. Alumna de Logoforo Academia

Tomar conciencia de sí mismo es algo que se da de forma gradual en la línea del desarrollo humano, pero llega el momento en que se comienza a tenerla con mayor claridad, ese momento se manifiesta como una etapa de crisis mejor conocida como adolescencia. Esta etapa tiene como tarea principal encontrar respuesta a la pregunta más acuciante que a lo largo de la historia se ha planteado el ser humano, ¿quién soy yo?  para una vez solucionada dar paso a la etapa de la juventud, donde la tarea más importante es ahora contestar la pregunta ¿quién quiero ser? 

Dar respuesta a esta pregunta implica plantearse un proyecto de vida que no es otra cosa que tener una dirección o un destino hacia el cual dirigirse, sin embargo, encontrar la respuestas a ambas preguntas muchas veces no es tarea fácil, implica un proceso de clarificación sobre sí mismo en el que tienen que sumergirse y profundizar tanto en el propio conocimiento  como en el de su entorno así como en el mundo de hoy, para saber hacia dónde quieren ir  para estar en mejores condiciones de elegir el camino más viable que los lleve al lugar en el que quieran estar en el futuro.

La juventud marca el paso a las grandes decisiones que se componen a su vez de elecciones en las que se ven implicadas la identidad, los valores, la libertad, la responsabilidad, que son aspectos cruciales en la vida humana y fundamentales en la logoterapia.  Una de estas decisiones con la que prácticamente se estrena la libertad es la elección de la carrera profesional, tan trascendental en la vida de la persona. Y es así, porque la decisión no se limita a elegir una carrera profesional, sino que esta elección es posible cuando está integrada en un proyecto de vida. La formulación del proyecto de vida supone mirar más lejos desde un punto que permita mirar con perspectiva la vida y dirigirla hacia lo que quieren ser y el lugar en el que quieren estar en el futuro.

Los jóvenes toman la decisión de su futuro en su presente, y ese futuro, de acuerdo con lo analizado por Víctor Frankl debe ser ilusionante, esperanzador, basta con recordar la frase de Nietzsche que cita en el hombre en busca de sentido “el que tiene un porque vivir es capaz de soportar casi cualquier cómo” (2004, p. 105). En el caso de la vocación profesional, supliría la palabra soportar por encontrar que refleja más propiamente el proceso de la búsqueda de la vocación profesional. En cierta manera Frankl hace algo parecido, toma la frase, pero la lleva más allá, no se queda sólo en las razones de un por qué, sino que trasciende al para qué. Es decir, la vida no son solo razones, no es una abstracción sino una realidad existencial llena de sentido, que desde la logoterapia se vive como sentido de misión, de una tarea a realizar que cada uno tiene y es el motivo por el que está aquí, de paso, pero al fin y al cabo aquí en el mundo y cada día será una oportunidad de realizarla y continuarla.

Y es aquí donde entran en escena los valores. Son estos el gran secreto que tiene que ser descubierto y desvelado en la vida y que le toca a cada uno descubrir. Ya lo decía Frankl “El hombre es el responsable de dar la respuesta correcta a la pregunta, de encontrar el verdadero sentido de una situación. Y el sentido es algo que tiene que ser hallado más que otorgado, descubierto más que inventado”. (2012, p. 68).  De acuerdo con éste autor, nadie puede tomar de otro el sentido de la vida, ya que es algo propio, que se encuentra, se descubre y se vive en primera persona. Aunque cabe aclarar aquí, para que no se preste a confusión, que esto no significa que se borre a los demás, sino todo lo contrario, de hecho, él mismo hace famosa la frase de Kierkegaard, cuando dice que “las puertas de la felicidad se abren hacia afuera” (1994, p.82). Que no es otra cosa que salir de sí mismo para ir al encuentro de los demás, y eso hace a la persona realmente feliz.  Propiamente hablando de valores experienciales, Hildebrand (1998) lo decía con esta frase tan elocuente, “el amor es la respuesta al valor que más felicidad derrama” (p.92). De esta manera, pensar en los demás no se opone al sentido de la vida, sino al contrario, es lo que se lo otorga.

Desde esta perspectiva la elección de la carrera profesional se expresa más propiamente como la elección de la vocación profesional porque solo así adquiere su verdadera dimensión. La palabra vocación definida por la Real Academia Española (RAE) viene del vocablo latino vocatio que significa llamada, es decir, algo a lo que hay que dar respuesta y esa respuesta contiene tanto a la persona que responde como a las acciones que realiza. Esas acciones, en este caso, se refieren a la actividad profesional a un hacer en el mundo y para el mundo. Es decir, la elección de la carrera profesional lleva dentro de sí la respuesta a la vocación profesional que comprende tanto a la propia persona, como a las demás y al mismo planeta.

Con esto quiero decir que la elección de la vocación profesional implica tanto saber de sí mismo, como también saber identificar cuáles son los valores que mueven a la acción, que tarde o temprano se desplegaran en la actividad profesional pero que se deciden en el momento presente. Al tomar esa decisión es muy importante que los jóvenes no pierdan de vista a los demás o lo demás, es decir, la vocación profesional no consiste en la elección de un proyecto egoísta que se realiza desde sí mismo y para sí mismo.  Que, aunque es cierto que el trabajo sea un medio de vida con el que el ser humano satisface sus necesidades básicas y que por derecho propio debería ayudarlo a vivirla con mayor calidad, también es cierto que la profesión no se limita solo a eso, siempre lleva acciones que impactan directamente en las personas, en las cosas, o en la naturaleza. Es decir, la persona a través de su profesión o contribuye a hacer de este mundo un lugar más humano y habitable o hace todo lo contario, no es opcional. Por eso es importante que la labor del orientador tenga una metodología que ayude a los jóvenes a formularse preguntas profundas que favorezcan un proceso de reflexión que los lleven a encontrar respuestas también profundas. Y dentro de estas preguntas los jóvenes tendrán que formularse, además de qué es lo que realmente les gusta y a lo que quieren dedicarse, también habrá que pensar qué es lo que están dispuestos a hacer por los demás y por el mundo y no sólo para sí mismos. Es decir, el camino hacia la propia vocación profesional se orienta hacia los valores y se despliega en pequeñas acciones en las que se sale de sí mismo para ir al encuentro de los demás y hacer el bien en este mundo.

Sea cual sea la elección profesional que se realice siempre podrá estar dotada de valores. El trabajo en sí mismo pertenece, de acuerdo con la clasificación de Frankl (2012), a los valores de creación que se refleja en la creatividad en beneficio de los demás que lleva a vivir, a su vez, otro conjunto de valores que Frankl agrupa en los experienciales y que son los que más sentido otorgan a la vida. Es decir, el ser humano vive en un mundo habitado, vivir y convivir con los demás es como se desarrolla normalmente nuestra existencia; por eso los valores vivenciales como la solidaridad, la fraternidad, la amistad y el amor son los valores que mayor sentido otorgan porque hacen que la persona salga de sí misma para darse a los demás y esos valores le otorgan trascendencia y una sensación de plenitud.

Por eso es tan importante que la elección de la profesión se plantee como vocación, o como lo decía Frankl, con sentido de misión, en el que cada joven descubra cuál es la tarea a la que está llamado a realizar en este mundo para que encuentre de verdad un sentido a su vida que se despliegue en pequeñas acciones cotidianas impregnadas de valores y no de antivalores que, aunque no faltarán, son posibles de superar gracias a los valores de actitud. Porque todo camino hacia una meta propuesta tendrá sus tramos difíciles y será el momento enfrentar la vida con optimismo, con una visión positiva, con sentido del humor, hasta que pase ese tramo y vuelva a normalizarse para así continuar a lo largo de la vida, dejando huella, haciendo el bien.

Cuando en el proceso de elección de la profesión se dice que se elija aquella que haga feliz, realmente tendría que relacionarse con los valores, que tienen su más alta manifestación en el amor, que consiste tanto en amar lo que se hace como a quien se dirige la acción. Así es posible entender que la felicidad es una consecuencia o efecto del amor que lleva ese dar y recibir y que une a la humanidad, porque finalmente todos somos viatoris, cada uno se dirige hacia su propia meta, nadie tiene una vida acabada mientras viva, siempre se va en camino hacia el  destino y en ese camino nos encontramos todos,  por lo que no hay día en que no se tomen decisiones que, por más pequeñas que sean, pueden estar impregnadas de valores que llenen de sentido a la vida y al mundo en que vivimos.

Referencias

Frankl, Víctor. (2012). Fundamentos y aplicaciones de logoterapia. Barcelona: Editorial Herder.

Frankl, Víctor. (1994). La voluntad de sentido. (3ª. Edición). Barcelona: Editorial Herder.

Frankl, Víctor. (2004). El hombre en busca de sentido. Barcelona: Editorial Herder.

Hildebrand, D. V. (1998). La esencia del amor. Pamplona: Editorial EUNSA

Real Academia Española (2018) Diccionario de lengua española. Recuperado de https://dle.rae.es/?id=bzINevX

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