El sitio de la Logoterapia y Análisis existencial. 17 años orientando a una vida con sentido.

El interés de Viktor Frankl por la Filosofía.

Por Dr. Ricardo Peter

EL INTERÉS DE VIKTOR FRANKL POR LA FILOSOFÍA

Y SU INFLUENCIA EN LA PSICOTERAPIA

El Dr. Víktor Frankl no ha intentado desarrollar una teoría meramente psicológica ni se ha limitado a crear un sistema de psicoterapia. Esto se ha dado por “añadidura”, como efecto, no como fin. Su propósito e intento específico ha sido fundar una antropología del significado, lo cual para Frankl representa la respuesta a su inquietud esencial: ¿qué hace al hombre verdaderamente humano?

Si bien es cierto que el centro de gravedad de la teoría de Víktor Frankl es la cuestión del sentido, como resulta del calificativo de logoteoría, usado a partir de los años sesenta, la centralidad que Frankl concede a la cuestión del sentido denota no sólo su interés por el tratamiento de las enfermedades mentales, sino su marcado interés por la filosofía. De tal manera que Víktor Frankl es más un filósofo indagando en el campo de la neurología, que un neurólogo metiéndose en el campo de la filosofía.

La terapia no puede trabajar sin una imagen filosófica del hombre. En realidad, la cuestión de fondo de la psiquiatría misma es esencialmente de orden antropológico. Lo primordial, pues, de una teoría de la personalidad o de una teoría psicológica del hombre es la concepción antropológica subyacente.

Frankl era consciente que la psiquiatría no podía eludir la cuestión propia del hombre, el sentido de su vida. En efecto, la verdadera preocupación de la Logoterapia, la pregunta que franquea y en torno a la cual se concentra todo el sistema logoterapéutico, ¿cuál es por el fundamento de la existencia humana y qué es lo específicamente humano?, es una pregunta de orden filosófico.

Al afirmar que el hombre se orienta primariamente hacia el significado está superando los muros de la psicología y de la patología, la esfera de lo fáctico, como él usaba decir, y se mete de lleno en la esfera de la existencia.

Pero a este punto, siento la necesidad, compartida por muchos terapeutas, de denunciar la difusión, propagación y desarrollo de una psicología cerrada al ser, contaminada por la moda de la cirugía estética, expresión del nihilismo contemporáneo, sin ningún compromiso con el espíritu, “únicamente científica”, dominada por el gusto de ofrecer fórmulas, técnicas y recetas contra el dolor, el sufrimiento y la pérdida.

Una psicología que quiere enmascarar los límites, las contrariedades y la “terrible dimensión de la vida”, como diría Rilke. Y así como hace un tiempo Corín Tellado suplantó la jurisdicción de Dostoievsky y Balzac, la “psicología del alivio” de estar vivos ha conquistado el lugar del “coraje de existir”. El empowerment se ocupa ahora del hastío de ser.

Se desconoce entonces la verdadera cuestión de la psicología, la zona del ser humano, y se actúa una identificación con la dimensión periférica del hombre, con la dimensión de la personalidad. Se recurre a la psicología para tener temple organizacional, asertividad laboral, eficacia personal, autosuficiencia, definición y autoestima, como si esto fuera todo lo que necesitamos para vivir.

Los terapeutas plantean la vida interior en términos de satisfacciones, gustos y complacencias. Vacían a los seres humanos de sus dudas, perplejidades e incertidumbres. El proyecto es como estar contentos. La fuerza interior se reduce a la repetición de pensamientos positivos que se escriben en el retrovisor del coche, en el espejo de la recámara o en la puerta del frigo.

En los consultorios, el concepto de sí mismo se levanta sobre planes de acción que se desarrollan en cinco etapas, siendo la primera la de vivir la vida apasionada y exaltadamente, como si los seres humanos tuvieran palancas al alcance de las manos para pasar de la tediosa primera marcha a la energizante quinta marcha. A la pregunta sustancial que se formula la psicología de hoy: ¿por qué cruzó el pollo la carretera? (o ¿quién se robo mi queso?), en vez de responder de manera humilde y auténtica: porque el pollo estaba perdido, desorientado y vagaba sin sentido, se alega que lo hizo para ir a donde ningún pollo ha podido llegar jamás.

Parece cerrado el ciclo de los psicólogos abierto a cuestiones más profundas, a una visión filosófica del hombre y a una concepción de la vida, que en expresión de un paciente de Frankl constituyen el nervus rerum. Pero, ¿se imaginan a Erich Fromm dando recetas de alcoba en El arte de amar o a Carl Rogers, en Camino al ser, enlistar notas o formulas para devenir persona? ¿Podemos figurarnos a Abraham Maslow sugiriendo siete pautas para decirle adiós al fracaso o, al mismo Frankl, señalando las diez maneras como la gente encuentra su sentido y vive feliz?

Parecen finiquitados los tiempos en que teóricos de la psiquiatría y de la psicología como Karl Jaspers, Ludwig Binswanger, Medard Boss, Edwin Straus, Rollo May, Gordon Allport, por citar algunos, iluminaron los espacios interiores del hombre, las molestias insuprimibles de la condición humana.

El ser humano está en el filo del vacío existencial y no sólo nunca llega a tener suficiente de las cosas y de los otros, sino que, debido a su indigencia oceánica, ni siquiera tiene suficiente de sí mismo.

De aquí, entonces, que la Logoterapia, trabaje directamente con una “Weltanschauung”, con una visión filosófica del hombre Y de hecho, como veremos, todos los conceptos que Frankl nos ofrece como fundamentales de su armazón psicológica, son términos básicamente filosóficos, por lo cual podemos rematar que el interés de Frankl es, en primer lugar, por lo filosófico, y seguidamente, por lo psicológico. Para demostrar lo que venimos diciendo basta preguntarse cómo se revela la existencia humana a la Logoterapia.

Si la cuestión de fondo para Frankl es la problemática del sentido de la vida, aquí mismo detectamos que la realidad del hombre comienza en la capacidad de erguir la decisionalidad frente a la condicionalidad.

Decir que la existencia es relación al significado, que lo propio de la vida humana es descubrir y realizar el significado de la propia existencia, es subrayar que el hombre decide de sí mismo frente a los determinismos y condicionamientos reales.

Pero también, subrayar la capacidad de autodeterminarse es, a su vez, sostener que la conducta humana es intencional. La intencionalidad es precisamente lo que permite que el hombre se oriente frente a su impulsividad y de cara a los condicionamientos propios y del entorno, decida frente a ellos y justamente terminar afirmando la trascendencia como algo esencial al ser del hombre.

Así, pues, la existencia del hombre se revela a la Logoterapia, no como un fenómeno subhumano, sino como un ser decisional, es decir, humano, pues lo decisional es el ámbito de la dimensión específicamente antropológica. Esta es la base filosófica de la Logoterapia como sistema.

Todo el resto de la Logoterapia se levanta o se deduce de este fenómeno constitutivo del ser del hombre.

Si Freud recordó a la humanidad que tenía instintos, como refiere Frankl en su Teoría y terapia de las neurosis, él ha vuelto a demostrar que el hombre tiene espíritu.

Efectivamente, la capacidad de decidir que es lo que hace al hombre verdaderamente hombre, deja al descubierto lo específico de la persona, su dimensión espiritual.

El objetivo de esta afirmación es combatir los diversos reduccionismos presentes en la psiquiatría y en la psicología. Justamente, en su volumen, El hombre doliente. Fundamentos antropológicos de la psicoterapia, reafirmará la perspectiva filosófica de su sistema: “El punto desde el cual partimos es éste: el hombre es una esencia espiritual”.

Cuando Frankl saca a relucir la triple prerrogativa de su sistema fenomenológico-analítico-terapéutico de partir de lo espiritual, de ir hacia lo espiritual y de tratar lo espiritual o cuando basa su filosofía del hombre entorno a los conceptos de espiritualidad, responsabilidad y significatividad o cuando formula que la concepción antropológica de la logoterapia se basa sobre tres columnas, a saber, la libertad de la voluntad, la voluntad de significado y el significado de la vida, está justificando y reivindicando que el entero sistema logoterapéutico surge alrededor del asunto de la decisionalidad.

La decisionalidad deja entrever la apertura filosófica de la Logoterapia. Sin esta premisa se viene abajo la antropología del significado que sustenta la teoría logoterapéutica. En rigor, si no existiera el concepto de decisión, tampoco existiría el de responsabilidad, que es el corolario básico de la antropología del significado, como señalamos en otra ocasión:

“Podemos, por tanto, sin temor a ser impugnados ni siquiera por el mismo Frankl, aseverar que con la expresión logoterapia, su autor ha revestido la problemática primordial de la responsabilidad, para exhibir y resaltar, posiblemente por motivos terapéuticos, la problemática del sentido, que, en realidad, es segundona en su concepción antropológica. Así que la verdadera problemática de fondo del asunto humano que encara Frankl no es la del sentido, sino la de la responsabilidad. En términos estrictamente filosóficos, la problemática del sentido, repitámoslo, es dependiente, auxiliar, subsidiaria, de la problemática fundamental de la responsabilidad. La problemática del sentido, que es la que resalta en primer plano cuando se habla de Logoterapia, representa solo una extensión, una dilatación, de la problemática central de la responsabilidad. Para Frankl, en efecto, “ser hombre en último análisis significa ser responsable”. La responsabilidad es, pues, el fundamento y la esencia de la visión logoterapéutica. Y si bien, en el calificativo de Logoterapia, que fue la denominación favorita de Frankl, la palabra logos está por sentido, se me ocurre que su entera cosmovisión, pudiera también denominarse, sin menoscabo alguno, con el nombre de spondeoterapia, en vez de Logoterapia” .

Y aunque es indudable que toda la antropología de Frankl se desarrolla entorno al concepto de sentido, el asunto de la responsabilidad, que se fusiona con la mismísima capacidad de decidir, soporta la orientación analítica de la Logoterapia, es la base de su visión propia de la enfermedad por él propuesta como neurosis noogena y de su método de tratamiento psicoterapéutico.

Afirmando al hombre como ser decisional, la personalidad del hombre queda explicada no en base al principio del placer, como había hecho Freud, o por el principio del poder, como señalaba Adler, ni por la acción-reacción de la teoría conductual, sino en base a la voluntad de sentido, porque la capacidad de decidir, en efecto, se muda en responsabilidad de cara a la problemática del sentido.

Los conceptos de libertad, responsabilidad y trascendencia que están en juego en la toma de decisión, la dimensión espiritual que exhiben, es con relación a los valores y al significado: “Un punto firme en el horizonte presupuesto por nosotros, dirá Frankl, es que ser hombre en último análisis significa ser responsable, y que el hombre es un ser en lucha por el sentido concreto de su existencia personal”.

Ahora bien, ¿de qué manera esta concepción filosófica, el interés de Víctor Frankl por la filosofía, repercute en el campo de la psicoterapia y de la psiquiatría?

En primer lugar, lo creativo empieza a prevalecer sobre lo instintivo. En segundo lugar, los aspectos determinantes o condicionantes del pasado no despuntan sobre el hombre en términos alienantes, desequilibrando la existencia, porque ésta se remata no sólo por lo sucedido, por el destino biológico, psicológico o histórico, por lo sobrevenido u ocurrido, sino por lo que el hombre decide ser de él mismo.

En tercer lugar, el concepto de autorrealización sufre un viraje de concepción de tipo netamente antropológico. El hombre se plasma en base a los valores que decide realizar y a los significados que alcanza. La realización de valores es la manera como el ser humano plasma sus potencialidades o posibilidades. La autorrealización entonces acontece dentro y no fuera del plano axiológico. “Detrás” de toda acción o conducta autorrealizadora, hay un valor, algo trascendente al hombre mismo o una neurosis si la autorrealización es fin a sí misma.

Y, consecuentemente, en el terreno de la patología se abre espacio a un nivel de trastorno más profundo que ahora se explica a partir de la frustración de la voluntad de sentido.

El hombre se hace en lo que decide hacer de sí mismo: “La libertad del hombre no es la libertad de los condicionamientos, aclara Frankl, sino más bien, la libertad de tomar una actitud en cualquier condición en que se encuentre”.

De cara a la enfermedad, al sufrimiento, al dolor, a la culpa, al destino y a los diversos determinismos que emergen en la realidad concreta de la vida diaria, el hombre es capaz de decidir de sí mismo. Y precisamente esta capacidad de tomar una actitud es lo que hace que el hombre permanezca humano aun en la “confrontación con la psicosis”, aunque esta confrontación no pueda expresarse a través del organismo psicofísico.

Es así como Frankl ha querido anclar la realidad del hombre a la esfera de la existencialidad.

La libertad interior que reconoce la Logoterapia frente al control que pueden ejercer las circunstancias destaca la independencia mental, la trascendencia de la conciencia, la posibilidad de autodistanciarse y, en definitiva, la capacidad del espíritu humano de elevarse por encima de sus propios problemas sofocantes y de sus profundas perturbaciones.

Lo filosófico llega a configurar a tal punto la teoría psicológica de Frankl – y no al revés- que su verdadera aportación, para concluir, ocurre en el plano metaclínico y de ahí desciende al terreno específico de la psicoterapia.

En virtud de su propia capacidad de decidir, a través de sus opciones, en algunos casos, inexpresables por medio del organismo psicofísico, el hombre, en última instancia, personaliza su existencia, pues donde hay capacidad de decidir, hay capacidad de permanecer facultativamente incondicionado, es decir, de permanecer humano.

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3 respuestas

  1. Me ha gustado el artículo.Felicitaciones Ricardo! Frankl es poco conocido por empresarios y hasta colegas inclusive porque su planteamiento existencial exige al ser humano la actitud más profunda de aceptar como parte de sí las realidades «oscuras» del dolor, la muerte, el sinsentido, la vaciedad, la incertidumbre; realidades que asustan por parecer ajenas a la felicidad y por eso son calificadas como no humanas en un proyecto de éxito. Las tendencias modernas han evadido la responsabilidad de uno mismo ante su crecimiento interior y sólo inventan recetas de éxito desde motivaciones externas,muy concretas y por ello mismo contingentes, que terminan siendo sólo planes de éxito parcial que requieren cada cierto tiempo listas interminables de técnicas y ejercicios conductuales. Sólo la enseñanza de la libertad interior, del descubrimiento pleno del ser humano en su facticidad y en su trascendencia, en su axiología y en su praxis, permitirá el desarrollo humano que muchas empresas dicen lograr en sus clientes o psicólogos en sus pacientes. Gracias Ma.Teresa, gracias Ricardo.

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