Al parecer, ¡los psiquiatras no se dan abasto!

Al parecer, ¡los psiquiatras no se dan abasto!

La brecha de atención: la enfermedad mental no está solo en manos de la psiquiatría.

A través de un meta-análisis se ha reportado que la prevalencia mundial de trastornos mentales en niños y adolescentes llega a afectar aproximadamente a 241 millones de jóvenes en todo el mundo. El grupo más común de trastornos mentales está constituido por:

  • Trastornos de ansiedad: afectan a 117 millones de jóvenes.
  • Trastorno de conducta disruptiva: afecta a 113 millones de jóvenes.
  • Trastorno por déficit de atención/hiperactividad: afecta a 63 millones de jóvenes.
  • Trastornos depresivos: afectan a 47 millones de jóvenes.

Es importante considerar que un gran número de personas presenta síntomas psiquiátricos sin encontrarse dentro de las categorías correspondientes a un trastorno; si contempláramos al número total de personas con síntomas psiquiátricos, esta cifra podría ser aún mayor. En comparación con la prevalencia de otras enfermedades crónicas de la infancia, como la obesidad (16,8%), la alta frecuencia de los trastornos mentales y sus consecuencias negativas asociadas los convierten en las principales prioridades de salud.

Todas las afecciones relacionadas a la salud mental no pueden ser contempladas solo por un área médica; son terreno de la medicina en general. Sin embargo, la mayor parte de los médicos ha relegado la atención de la salud mental al personal especializado que actualmente está rebasado, y ante el incremento en los síntomas y trastornos, no será posible cubrir la demanda en salud mental con especialistas.

Por otro lado, los estigmas personales y sociales sobre la enfermedad mental son parte de lo que interfiere su tratamiento. En consecuencia, por mucho que se incremente la evidencia científica sobre las enfermedades mentales, si no se refuerzan los conocimientos en la sociedad sobre estas, difícilmente se podrán detectar, tratar o prevenir de forma adecuada.

Es por eso, que el trabajo en salud mental no solo depende del incremento en el conocimiento especializado, sino también del cambio en la conciencia social sobre la enfermedad mental; pero cambiar las actitudes ante los trastornos mentales puede ser mucho más difícil que solo brindar tratamiento a los casos avanzados y con grandes limitantes. Los ojos no ven lo que el cerebro no conoce. Educar en salud mental favorece la búsqueda de atención.

La actitud de la población ante la enfermedad mental parte de un amplio desconocimiento. La psiquiatría ha dado nombre a los trastornos con palabras del lenguaje natural que generan confusión conceptual. La diferencia simple entre salud mental y enfermedad mental es difícil de concebir por la mayoría de la población.

Aun cuando es importante llegar a la mayor cantidad de población, los psiquiatras jamás serán suficientes.
Es por eso que deben estrecharse lazos entre las profesiones afines con el fin de reducir la brecha que cada día se amplía entre la generación de recursos y la demanda de atención de problemas relacionados a la salud mental; dentro de estas profesiones, tanto médicos como enfermeras, trabajadores sociales, nutriólogos, y psicólogos deben unirse en las diferentes fases de la atención de la salud mental para alcanzar a generar personal suficiente para combatir el problema actual.

Además de las poblaciones dedicadas a la atención clínica, parte de estas estrategias consiste en enseñar a grupos específicos de la población (incluyendo niños y adolescentes, que potencialmente son la próxima generación que puede requerir asistencia en salud mental), en proporcionarles conocimientos y habilidades básicas para proteger su salud mental y que sean capaces de comprender los problemas que conlleva la enfermedad mental, y a su vez brindarles las herramientas suficientes para reconocer estos mismos problemas en otros miembros de la población a la que pertenecen.

El concepto de “alfabetización en salud” de Simonds, de 1974, refiere que la educación para la salud consiste en adquirir conocimientos sobre la salud, y que debería proporcionarse desde la educación básica, al igual que en las materias tradicionales, ya que en la medida en que las personas incrementan el control sobre su propia salud, esta mejora.

 

Lo más importante:

La Organización Mundial de la Salud define alfabetización en salud de la siguiente manera: “Habilidades sociales y cognitivas que determinan el nivel de motivación y la capacidad de una persona para acceder, entender y utilizar la información de forma que le permita promover y mantener una buena salud”. Es importante saber que la salud mental no es terreno de una sola especialidad, no solo de un área del conocimiento, sino una necesidad de interacción multidisciplinaria que incluya la participación de todos los rubros de la comunidad.

Datos analizados por el Dr. José J. Mendoza Velásquez. El Dr. José J. Mendoza Velásquez es egresado de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Actualmente es Coordinador de Investigación del Departamento de Psiquiatría y Salud Mental de la Facultad de Medicina de la UNAM, y presta sus servicios en el Hospital Psiquiátrico ‘Fray Bernardino Álvarez’, de la Ciudad de México, México.

Fuente: https://espanol.medscape.com/verarticulo/5904873?nlid=133312_4150&src=WNL_esmdpls_200205_mscpedit_psych&uac=323360BJ&impID=2268463&faf=1

 

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