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«¡Yo no tengo dimensión espiritual!» Testimonio de un alumno del Diplomado en Logoterapia.

Yo no tenía una parte espiritual. Al menos, eso es algo de lo que estaba plenamente convencido. De la misma manera, tenía la convicción de que los temas espirituales eran una estratagema más de las religiones, para mantener a la gente ilusionada con un sentido de la vida puramente artificial. ¿Qué es eso de que haya que tener fe en algo que no se ve y no se puede comprobar de ninguna manera?

Esa era mi manera de ver las cosas cuando entré, por azares de la vida, a un curso de Logoterapia hace unos años. De hecho, a la primera mención de la Logoterapia como una Psicología Espiritual, poco me faltó para no volver a regresar. Por suerte (no fue por suerte, realmente), no fue así.

A lo largo del curso, y gracias a todas esas dinámicas tan bonitas de autodescubrimiento y reflexión, fue cambiando la manera en la que veía el mundo. Lo que antes me causaba conflicto sin aparente motivo, tomaba ya una forma mucho más clara. Curiosamente, cuanto menos pensaba las cosas, más tranquilo me sentía conmigo mismo, el conflicto interior parecía desvanecerse como por arte de magia. Y lo mejor aún, pude ir comprobando que las decisiones que iba tomando de esta manera me daban mejores resultados, no solo a mí, sino que también parecían tener un impacto muy positivo sobre las personas de mi entorno.

Se despertó en mí algo muy poderoso que muchos llaman intuición, y que yo definiría como la capacidad de comprender las cosas y saber lo que es mejor en cada momento, sin pensarlo. Otra manera de definirla, desde mi punto de vista, es como esa voz interior que nos va alejando de las cosas que nos dañan y nos va acercando a las que nos hacen bien, tanto a nosotros mismos, como a los demás a través de nuestros propios actos. Entendí muy claramente que, siempre que actuara de acuerdo a mis valores más profundos, la probabilidad de fallo era casi nula.

Comencé a disfrutar de este nuevo «poder». Lo podía utilizar en temas en los que las múltiples técnicas de resolución de problemas y análisis de decisiones parecían fallar. Sobre todo, en el trato con los demás y en las decisiones más íntimas, en los que la lógica y los datos objetivos no siempre son suficientes para tomar el mejor camino. Curiosamente, empecé a sugerir a otras personas que trataran de entrar en contacto con sus más profundas emociones y se dejaran guiar por su intuición, en casos donde la decisión era complicada. Y vi que les funcionaba igual que a mí. Maravilloso.

Sentí que descubrí una verdadera fuente de Sabiduría, diferente de la pura Ciencia, con la que estaba tan familiarizado.

El entrar en contacto conmigo mismo me cambió la vida. Me encontré haciendo cosas todo el tiempo, cosas que me llenaban de manera especial. Muchas de ellas las había dejado hacía mucho tiempo, y descubrí el gozo de volver a practicar aquello que me encantaba. Descubrí también otras nuevas.

De repente vi cómo había muchas más cosas por hacer que el tiempo de varias vidas apenas alcanza; con lo que, de manera perfectamente natural, dejé de hacer cosas que no me suponían ninguna satisfacción. La vida es tan corta, y hay tanto que se puede hacer, que es un pecado desperdiciar el tiempo.

Se fue despertando en mí un interés especial por los demás. Curiosamente, estaba algo preocupado por el hecho de que había leído en muchos lugares, que una de las principales fuentes de sentido y de plenitud y felicidad en la vida, es el servicio a los demás. Me sentía incluso culpable por no tener esa inclinación. Sin embargo, se fue despertando poco a poco, y me encontré en un cierto momento preocupado genuinamente por el bienestar de los que me rodean. Sentía más empatía, y hasta me resultaba sencillo comprender cómo se sentía cada quien. Era fácil ponerme en el lugar de los demás y mirar hacia mí mismo o hacia el mundo desde sus propios ojos. Lo relacioné con la Compasión de la que hablan tantas y tantas vías religiosas y espirituales.

Otro cambio que fui notando con verdadero agrado tiene que ver con la Creatividad. Mi capacidad para ver alternativas en cada situación se disparó. Este fue, según mi modo actual de ver las cosas, el detonador de una espiral de curiosidad-aprendizaje-comprensión-compasión que sigue hasta la fecha, ante la mirada atónita de muchos de los que me conocen.

Leyendo libros de diversas vertientes, desde filosóficas, hasta psicológicas, pasando por otras de índole más espiritual e incluso metafísica, algo que muchas comparten es este tipo de espiral. O dicho de otro modo, esos valores más profundos del ser humano, que se van develando a medida que vamos conociéndonos. Los valores como el Amor, o la Compasión, la Verdad, o Sabiduría, la Belleza, etc…,  son comunes a todos los seres humanos. En algunos están más claros que en otros, y hay gente en la que están verdaderamente tapados. Pero ahí están, esperando ser descubiertos. ¿El premio? Comprender y Disfrutar una vida plena de sentido y contribuir a que los demás también puedan seguir ese mismo camino.

Y volviendo la vista atrás, me pregunto dónde estaba todo eso antes de emprender este camino sin retorno. Evidentemente, no lo inventé, ya que es algo común a todos los seres humanos. Simplemente estaba ahí, dentro de mí, esperando. ¿Dónde estaba?  Según los neurocientíficos, se trata simplemente de una red neuronal construida sobre los escombros de redes neuronales previas no funcionales. Según otros, está en lo más profundo del corazón, sin ubicación física real. Algunos le llaman Alma; otros, Espíritu; otros, el Yo interior; otros, Conciencia, y hay algunos atrevidos que le llaman Dios. El nombre es irrelevante. Cada quien puede llamarlo como quiera. Se puede negar o aceptar. Pero ahí está. Incluso los neurocientíficos deberán encontrar una manera de reconstruir sus redes neuronales para llegar a tener el privilegio de disfrutarlo.

Ahora puedo decir que esa espiral no tiene fin, y que es simplemente la espiral del desarrollo humano, del desarrollo de la conciencia, del verdadero sentido de la vida (siempre según mi opinión personal, por supuesto): la Evolución. Una Evolución que siempre ha estado presente, desde que el universo comenzó, mucho antes de que existiera el primer ser humano. Que afecta a cosas, plantas, animales, personas, estrellas, galaxias, átomos y cualquier cosa que se nos ocurra, incluyendo las culturas, el conocimiento y los sistemas de cualquier índole. La vida nos fue dada por algo que está más allá de nuestro entendimiento, pero con ella también nos fue asignada la responsabilidad de hacer con ella lo mejor que podamos. Y eso solo lo podremos hacer si nos movemos en la dirección de convertirnos en quienes de verdad podemos ser. Será la manera de corresponder a esta inmensa fortuna que tuvimos de vivir.

Jesús Asensio

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2 respuestas

  1. Que tal Jesús he leído con detenimiento tu experiencia es totalmente real , sencilla y natural . Entiendo como algo detonó esa Energía contenida o enfrascada por un cuerpo ,mente , razón o conceptos , en este casó bien lo has conceptuado «no fue suerte » existe esa sincronicidád, no coincidencias por experiencia las he llamado de otra forma por convicción «Dioscidencias » sin ahondar en Religión , Dogmas , etc. A su vez mi apertura fue lenta del total esceptisismo poco a poco dejé a un lado la razón dejando así fluir la Verdad Universal que ha sido Maravilloso , en mi caso acepte «Después de un Duelo viene algo Bonito » sic. Ironía o Realidad, Un Abrazó .

  2. Hola, quisiera saber si el panorama que se describe en el libro «Memorias de un suicida» de Yvonne do Amaral Pereira es igual para todos los que se suicidan, porque es bastante crudo.

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