Herramientas de la Logoterapia aplicadas a procesos de crisis

Por:
Ma. Teresa Lemus de Vanek *
Artículo publicado en la Revista Mexicana de Logoterapia

“El hombre en busca de sentido no es un título ingenioso para un libro. Es una definición de ser humano. El ser humano es un buscador de sentido”.
Viktor Frankl

El sentido es una necesidad que en nuestra época se ve poco satisfecha aún en condiciones estables o incluso de bonanza. A cuántas personas se escucha decir: tengo todo lo que se supone debería hacerme feliz; un buen trabajo, familia, salud, casa, viajes…, sin embargo, me siento vacío.
Si el sentido es necesario en la vida cotidiana, en situaciones de crisis se vuelve indispensable. Vislumbrar un posible sentido al dolor lleva a encontrar la manera de atravesar ese túnel oscuro con esperanza de encontrar al final la luz.
Los procesos de crisis son inherentes a la existencia humana, nos guste o no. Crisis es una palabra que se asocia con rompimiento, angustia, pérdida, dolor, desesperación, soledad. La soledad existencial se experimenta con agudeza en estos momentos. Nadie alcanza a comprender totalmente lo que estamos sufriendo.
Es poco usual ver en este estado un potencial de crecimiento, ver la oportunidad de cambios positivos y no solo el malestar y peligro.
¿Cuál es el peligro? Salir disminuidos de ella, frustrados, amargados, deprimidos, discapacitados para enfrentar la vida.
Nos reta a cambiar aquello a lo que nos hemos resistido, a desarrollar actitudes más saludables y propositivas; la gran cantidad de energía que se moviliza en un estado de crisis, agita esa voluntad de sentido que clama por ser atendida y que en ocasiones está tan adormilada que solo al tocar fondo sentimos que despierta, yo diría, ella nos despierta.
Es así como se convierte en una enorme posibilidad de crecimiento; en una experiencia desagradable pero fértil. Las crisis, pérdidas y experiencias de carencia son, a partir del dolor que causan, las que llevan a cuestionar jerarquías de valores incorrectas. Son vivencias que invitan a apreciar lo realmente importante en la vida: la amistad, el amor, la belleza de la naturaleza, el encuentro, el arte…

Vivir la crisis como peligro o como oportunidad depende en gran parte de la postura que tomemos frente a ella. Actitudes de derrota, hermetismo, negación, evasión, aislamiento, nos dejan en la zona de peligro: el decrecimiento. Por el contrario, asumirla y atravesar su proceso eligiendo actitudes de apertura al aprendizaje, confianza, dignidad, valentía y un optimismo básico como punto de partida, nos coloca en la zona de oportunidad hacia el desarrollo y transformación personal.
La crisis en sí misma no garantiza el crecimiento sino lo que decidimos hacer con ella. Retomando el título de este trabajo, la crisis es posibilidad de sentido y crecimiento y en la persona está la decisión de tomarla o rechazarla.
La crisis nos demanda a buscar nuevos caminos y convertirnos en mejores personas; somos nosotros quienes respondemos con un sí o un no.

El filósofo francés Albert Camus escribió: “Si los hombres no pueden conseguir que la historia tenga sentido, pueden al menos actuar de tal forma que su propia historia lo tenga”. Responder con un sí es actuar para que nuestra historia tenga sentido a pesar de la adversidad y los obstáculos. Implica un trabajo personal, indispensable para que haya evolución.
Friedrich Nietzsche por su parte, afirmaba que “Lo verdaderamente indignante del sufrimiento no es el sufrimiento en sí, sino el sin sentido del sufrimiento.”
El hombre que sufre, necesita imprimirle un sentido a su dolor para no vivirlo como un absurdo que le drena la vida. Cuántas personas han optado por el suicidio al experimentar su dolor como algo que solamente les deja en el vacío.

Las condiciones existenciales del ser humano: falibilidad, vulnerabilidad, finitud, hacen que a lo largo de la vida experimentemos la “triada trágica”, culpa porque somos falibles, dolor porque somos vulnerables, muerte porque somos finitos.
En la crisis experimentamos de forma especial tales condiciones; ella nos pone en profundo contacto con nuestra vulnerabilidad. Y nos coloca en una doble posición: el riesgo de deterioro e involución y la posibilidad de aprendizaje, desarrollo y autotrascendencia.
Paradójicamente, es ese estado de vulnerabilidad el que abre la posibilidad de transformación: los esquemas se rompen, las creencias y valores se cuestionan de tal modo que es posible construir una nueva jerarquía, una nueva visión de uno mismo, de los demás, de la vida y por ende, un nuevo sentido.
Es entonces cuando la persona puede ver hacia atrás agradeciendo el dolor vivido.
“El hombre que no se aflige, apenas existe” dice Antonio Porchia. Al dolor podemos agradecerle convertirnos en personas más sensibles, empáticas, compasivas. Cuando se decide hacer un profundo trabajo personal, la crisis puede dejar grandes ganancias, tales como una mayor fortaleza, el desarrollo de ciertas habilidades y recursos personales que no se habían utilizado previamente, una perspectiva distinta de la vida, una jerarquía de valores más realista y madura, un sentido de vida más claro y profundo…
Cuando una persona llega a consulta porque está atravesando una crisis, puedo ver a priori su crecimiento. Si está allí, buscando ayuda, es porque está dispuesta a trabajar. Está optando por la posibilidad de transformación y eso me alegra. Me toca a mí asesorarla de manera que las necesidades que vienen con la crisis sean atendidas:
necesidad de un acompañamiento empático, cercano y respetuoso. Necesidad de desahogo, clarificación, revaloración, autoconocimiento; de aprender a experimentar y liberar los sentimientos de un modo más saludable, de visualizar una vía de salida, resolución y en especial de descubrir un sentido a su dolor para ser capaz de trascenderlo.

El camino de crecimiento en la crisis desde un acompañamiento logoterapéutico.
El malestar que este estado genera, provoca las ganas de fugarse, evadirse, negar, aturdirse. Nuestra sociedad ofrece además muchas formas para hacerlo. Ruido, activismo, consumismo, diversión a través del exceso; son caminos que algunas personas toman para desconectarse de su malestar. Sin embargo, estas opciones lejos de resolver, hacen que el malestar regrese con mayor intensidad. Es como si la crisis gritara cada vez con más fuerza: ¡Asúmelo, no vas bien! ¡Cambia!
Para Frankl, toda crisis arranca al hombre del automatismo para llevarlo a la autonomía y llegar a la autotrascendencia.
Los mecanismos acostumbrados no funcionan en la crisis, por definición.
¿Cómo puede un proceso logoterapéutico orientar a la persona para llegar de ese estado a la autotrascendencia?
A lo largo de mi experiencia como logoterapeuta, he tenido el privilegio de acompañar a muchas personas en su proceso de crisis de forma individual y en grupo. Deseo compartir las herramientas que he utilizado en este asesoramiento y que he podido comprobar, por testimonios, han sido de beneficio en este camino de transformación:
El punto de partida es asumir, reconocer el caos que se está viviendo moviliza a la voluntad de sentido hacia la búsqueda de un nuevo orden. Mi querido maestro Jesús Díaz Ibañez, experto en intervención en crisis, afimaba: quien no asume, se sume.
Elisabeth Lukas lo expresa así: “La verdadera paz de espíritu no se encuentra nunca al final de una huída, sino siempre al principio de una aceptación”. (Lukas, 2008).
Enlisto brevemente algunas herramientas logoterapéuticas que apoyan el camino de crecimiento en la crisis:
 Clarificación:
Durante todo el proceso es indispensable la clarificación pero especialmente en la fase inicial en la que reina la confusión. El diálogo socrático es una valiosa técnica logoterapéutica indispensable para este propósito y para trabajar prácticamente todos los temas a continuación.
Preguntas tales como: ¿Qué nombre le pones a tu crisis?, ¿Qué la desencadenó?, ¿Qué implica en las distintas áreas de tu vida?, ¿Qué consideras que te toca aprender?, ¿A qué estás dispuesto para aprenderlo? ¿Con qué recursos cuentas para enfrentarla?, ¿Qué posibles ganancias ves en ella?, ¿Qué cualidades has desarrollado a partir de otras crisis vividas? …, son cuestionamientos que guían a la persona a encontrar respuestas que poco a poco, clarifican su estado de confusión al tiempo que la contactan con su libertad y responsabilidad.
• Entender qué está pasando. La persona muchas veces no sabe o no puede ponerle nombre a la experiencia. Explicarle que está atravesando una crisis y lo que el proceso implica, le da la tranquilidad de que no se está volviendo loca, de que la experiencia no es para siempre y que hay una enorme posibilidad de crecimiento y sentido. El conocimiento abre la conciencia, condición indispensable para generar actitudes constructivas.
• Ponerle nombre a la crisis. Saber qué tipo de crisis se está viviendo, si es una crisis de transición, existencial, de desarrollo, de omisión o provocada por un suceso traumático. La propia persona ha de ponerle nombre a su crisis, ya sea desempleo, separación, divorcio, enfermedad, etc.
• Reflexión e introspección para clarificarse es indispensable darse espacios de reflexión. El análisis que resulta puede vaciarse en una libreta para consultarla con frecuencia y descubrir más caminos de crecimiento.
• Soledad alternada de compañía significativa. Es necesaria la soledad para interiorizar, reflexionar, aclarar las raíces de la crisis, sus retos y posible sentido; mas no es recomendable permanecer solo. Buscar compañía que sepa escuchar, aceptar y acompañar permite no solo aligerar la carga sino descubrirnos en la mirada del otro.
• Reconocimiento de recursos personales: Explorando las herramientas personales, descubrimos recursos que no creíamos tener. Hacer una lista de los recursos internos (habilidades y talentos) y externos (contactos, red de apoyo, recursos materiales), da una certeza dentro del caos.
• Identificar pérdidas y posibles ganancias. Toda crisis implica pérdidas. Es necesario identificarlas, vivir un proceso de duelo que sabemos tomará tiempo y disposición. Pero también hay posibles ganancias. Clarificar cuáles serían las ganancias abre un horizonte de esperanza.
• Red de apoyo. Clarificar la red de apoyo personal aporta una sensación de seguridad básica tan reconfortante en tiempos de dificultad, por otro lado, incrementa el sentido de realidad que también se tambalea durante la crisis. Es recomendable tener un directorio de esas personas que se consideran como parte de esta red en la que se puede confiar: amigos, familiares, médicos, psiquiatras, abogados o asesores legales, terapeutas, asesores espirituales, etc…
Además de la creación de dicho directorio, recomiendo una práctica:
Cuento con, para… Enlistar los nombres de las personas que se consideran parte de la red de apoyo y escribir detalladamente en cada uno qué tipo de apoyos se encuentran en esa persona.

 Expresión y manejo de sentimientos:
En la crisis se experimenta una avalancha emocional que sorprende, confunde y asusta a la persona. Momentos de miedo, tristeza, enojo o ira, acompañados con sensaciones de agobio y hasta de despersonalización pueden hacer que la persona tema perder la cordura.
Comprender que el caos emocional es natural en este proceso, tranquiliza. Mas no es suficiente entender; hay que atreverse a sentir y a desahogar.
Desde las creencias aprendidas en la familia y la cultura, algunas personas tienden a reprimir los sentimientos en lugar de darles un cauce sanador mediante la expresión y el desahogo. Llorar la pena es indispensable, liberar la energía de enojo mediante descargas físicas evita que los sentimientos se conviertan en una ansiedad paralizante.
El acompañamiento logoterapéutico ha de orientar a dejar de temer y evitar los sentimientos mostrándolos como mensajeros de las necesidades y el sentido.
 La visualización para liberar estados emocionales y mentales:
Es una herramienta útil después de una liberación corporal o catarsis. Haciendo uso de la imaginación, la persona puede ver mentalmente cómo se va el enojo, la tristeza o miedo al colocarse bajo una cascada, dando un color al sentimiento. Por ejemplo, el rojo de la ira va siendo lavado por el agua o la tristeza, del color que la persona elija, se va con la ayuda de la lluvia… Así mismo, se puede visualizar que los pensamientos caóticos se proyectan y se borran en una pizarra o se lavan con ayuda del agua…
 Autoconocimiento:
“El hombre se descubre cuando se mide con un obstáculo” dice Antoine de Saint-Exupery. En la crisis nos re-conocemos, entramos en contacto con cualidades y limitaciones que no habíamos visto. Comprobamos tanto capacidades como retos en los que nos descubrimos de forma auténtica pues en la crisis las máscaras no funcionan más.
“La adversidad es un espejo en el que deben mirarse los que verdaderamente quieran conocerse”, dice Antonio Manero. El autoconocimiento es una vía hacia el sentido que se abre como una de las posibilidades de crecimiento.

 Autovaloración:
La autoestima se tambalea como parte del malestar del proceso. La persona se cuestiona su valor personal y sus capacidades al sentirse en tal estado de fragilidad. Mostrar la importancia de nutrirla día a día y formas para hacerlo es una parte crucial en el acompañamiento terapéutico.
“La autovaloración es el punto de partida en la búsqueda del sentido de la vida”, dice Viktor Frankl. (Paredes Salomón, 2011). La autovaloración orienta a vivir la crisis con un auto-cuidado especial: alimentación, descanso, un ritmo más lento hasta donde sea posible, ejercicio, atención integral de necesidades, aceptación de la fragilidad y las limitaciones: vivir la crisis sin juzgarnos hace una gran diferencia.
 Visión a futuro:
Una herramienta de sobrevivencia que el Dr. Frankl compartió de su experiencia en los campos de concentración es la visión a futuro como tareas por cumplir, metas por lograr y un proyecto de vida. Tal visión está cargada de para qués y por lo tanto, de sentido.
Él mismo expresó: “No hay nada en el mundo que capacite tanto a una persona para sobreponerse a las dificultades externas y a las limitaciones internas, como la consciencia de tener una tarea en la vida”.
Este pensamiento lo escribió el Dr. Frankl en 1942 en el campo de concentración de Theresienstadt. Estaba consciente de que tenía una tarea en la vida. Él eligió asumirla.
Como logoterapeutas, hemos de orientar a la persona en crisis a que defina cuáles son esas tareas que le habilitan para sobreponerse a las dificultades.
Para concretarlo en la práctica se propone realizar una lista de frases que completen los siguientes encabezados:
– Quiero superar esta crisis para…-
– Mis tareas más importantes en la vida son:…-
– Los propósitos y sueños que más me ilusionan son…-
Un segundo aspecto terapéutico de la visión a futuro es la de imaginarse en un estado deseado: encontrándose con un ser querido, realizando un viaje anhelado, disfrutando un logro, etc. En los campo de concentración, el Dr. Frankl se visualizaba reelaborando su manuscrito e impartiendo clases y conferencias.
 El sentido del humor para tomar una distancia saludable.

La capacidad de autodistanciamiento como recurso noético se manifiesta claramente mediante el sentido del humor. Reír de nosotros mismos y de la circunstancia, por difícil que se presente, pone una distancia emocional saludable para tener una nueva perspectiva del evento. Viktor Frankl planteó este recurso como un elemento de supervivencia; él mismo lo utilizó para sobrevivir circunstancias en las que pareciera inimaginable encontrar una razón para reír. Propone una postura optimista ante la tragedia, un “optimismo trágico”. En las últimas décadas, cada vez más psicólogos y psiquiatras investigan y descubren el efecto terapéutico del humor. Además, la producción de endorfinas se eleva en el organismo generando sentimientos de alegría y bienestar. Se dice que el sentido del humor como actitud cultivada es señal de inteligencia y salud mental.

 Derreflexión:
La persona en crisis tiende a caer en una hiperreflexión, piensa demasiado en el mismo tema, repasa una y otra vez lo sucedido, las implicaciones, las dificultades…
Hemos hablado de la importancia de reflexionar para clarificar y encontrar respuestas al problema pero quedarse atrapado en él puede paralizar. Es terapéutico hacer uso de la derreflexión moviendo la atención hacia un área más saludable, dedicando un tiempo al día a actividades de dispersión: pasear, danzar, hacer una lectura entretenida, o mejor aún, haciendo una lista de lo que se tiene y agradece a pesar del tiempo difícil y prestando un servicio a alguien en necesidad.
 Biblioterapia:
Un valioso recurso que resulta terapéutico cuando se eligen las lecturas adecuadas. No solamente libros que den luz a temas en los que se requiere profundizar durante la crisis como la autoestima, el duelo, las emociones, etc., sino artículos y frases célebres que inspiran a continuar la lucha y mantener la esperanza. Tener a la mano un fichero de citas o pensamientos alentadores y elegir al azar una de ellas de cuando en cuando, abre un camino de luz.
 Rescatar el sentido del momento:
Mantener las “antenas del sentido” alertas a esas oportunidades significativas que la vida nos presenta a cada momento para elegir responder a aquellas con las que nos identifiquemos. Cuando se está en crisis, hay una tendencia a cegarse ante lo positivo y valioso que nos rodea día con día. Como si las nubes opacaran todo lo que potencialmente brilla. Es un acto de la voluntad de sentido no perder de vista esas oportunidades que se presentan cotidianamente mediante una invitación a un evento interesante, la posibilidad de aprender algo nuevo o de prestar un servicio a alguien necesitado confirmando que la capacidad humana de trascendencia no desaparece nunca.
Y el sentido del momento es más amplio aún; está también en todo aquello disfrutable en medio de la dificultad: un hermoso atardecer, un cielo estrellado, una música que hace vibrar… La sensibilidad aumenta en la vivencia de épocas difíciles, ella puede hacernos apreciar con mayor profundidad el arte, la naturaleza, el amor.
 Responsabilización.
Moverse de la victimización a la responsabilidad es una de las elecciones más importantes para descubrir un sentido al dolor. Esto incluye varios aspectos: quejarse menos y actuar más. Separar las responsabilidades para no cargar de más, ni de menos. Sobre-responsabilizarse convierte también en víctima.
Algunas preguntas de diálogo socrático para trabajar este tema pueden ser:
¿Qué parte de esta crisis te corresponde a ti y cuál consideras que corresponde a otros?
¿De qué te haces cargo?, ¿Qué mensajes crees que te está enviando esta circunstancia?
¿Qué respondes tú a esos mensajes?, ¿Qué necesidades has dejado pendientes?,
¿Qué retos estás dispuesto a tomar y cuáles no?
 Descubrir el sentido de la crisis y del dolor:
“Hombre, atrévete a sufrir”, exclama el Dr. Frankl. Cuando un sufrimiento es inevitable como una pérdida, una enfermedad o cualquier golpe del destino, se abre “la posibilidad de realizar no solo un valor, sino el valor supremo de la actitud, de la oportunidad de realizar el sentido más profundo.” Viktor Frankl (1990)
El análisis existencial debe recurrir a la voluntad de sentido si quiere hacer que el hombre se vuelva más capaz de sufrir en situaciones límite de su existencia… “En casos semejantes el análisis existencial es búsqueda de sentido. De un sentido concreto dentro de la peculiaridad de la persona y de su circunstancia”. Viktor Frankl (1990)
“… el sufrimiento es un aspecto de la vida que no puede erradicarse, como no puede apartarse la muerte…, sin ellos la vida no es completa, no es real, sería una ficción. Muchas veces es precisamente una situación externa excepcionalmente difícil lo que da al ser humano la oportunidad de crecer más allá de sí mismo”. Elisabeth Lukas (2008).

Cuando nos acercamos al final del túnel, a la resolución, nuevamente el diálogo socrático es la herramienta por excelencia para develar ese sentido para la persona concreta en su peculiar circunstancia. Para ese propósito podemos pedir al consultante que responda por escrito y con toda calma las siguientes preguntas: ¿para qué me ha servido vivir este dolor?, ¿qué aprendí?, ¿a quién le sirve mi aprendizaje?, ¿qué significados rescato?, ¿qué ganancias concretas descubro para mí y para mi entorno?, ¿qué visión tengo ahora de mi realidad?
“Toda adversidad y todo dolor prepara nuestra alma para tener visión” Martin Buber.
Puede abrir incluso ventanas a la visión de una realidad suprahumana, a un suprasentido.
 Establecer una nueva jerarquía de valores:
La vida en su conjunto adquiere un nuevo significado. La persona ve un nuevo panorama desde un ángulo distinto. Lo que antes era prioritario, hoy es intrascendente. Lo que antes no se percibía, hoy es indispensable: la autovaloración, el estudio, la cultura, el servicio, el amor, la amistad… Usualmente, se requieren varias sesiones para identificar y “acomodar” la nueva jerarquía de valores. De allí parte un nuevo sentido de vida. No sorprende que se tomen entonces decisiones tan importantes como un cambio de actividad profesional, un cambio de residencia, de status familiar o marital, que la persona se involucre en una causa o servicio, que elija estudiar lo que nunca hubiera imaginado…
 Reconocer una nueva identidad:
Después de una crisis no se es la misma persona. Este es un trabajo crucial en el acompañamiento logoterapéutico. Es frecuente que el consultante no tuviera muy claro quién era antes de la experiencia de crisis, por lo tanto, hay que esclarecer quién era entonces y quién es ahora después de todo este trabajo personal. La revisión del autoconcepto es importante porque como lo señala Fitts (1965), la persona tiende a actuar según la percepción que tiene de sí misma, en la cual influye el modo en que otros la ven. Si la persona se ve a sí misma como “positiva o buena” se comporta de tal manera que se confirme esta percepción. Si se percibe como alguien “indeseable”, “negativo” o “malo”, tenderá a actuar según estas percepciones.
Una práctica útil para este propósito es hacer dos listas encabezadas con las frases:
yo era… / ahora yo soy…
Este nuevo concepto de sí mismo, muy probablemente incluye las ganancias de la crisis: mayor fortaleza, dignidad, valentía, creatividad, sensibilidad, empatía, compasión.
 Orientación a la trascendencia:
¿A quién puede servir mi aprendizaje? ¿Puedo aportar algo y dejar una huella en otros a partir de esta experiencia dolorosa?
“…el amor a un ser amado o incluso el amor a una tarea que realizar, son los pilares sobre los que se construye la esperanza y el sentido de la vida… Pero para el alcance de ese sentido hay que ser capaz de trascender los estrechos límites de la existencia centrada en uno mismo y creer que uno puede hacer una importante contribución a la vida, si no ahora, en el futuro. Esta sensación es necesaria si una persona quiere estar satisfecha consigo misma y con lo que está haciendo…, desde un yo que deviene un nosotros y desde una entrega al presente que crea un futuro construido en la conciencia y el amor.” (Lukas, 2008).
Si hay algo que impulsa a trascender, es el amor. El amor a una persona, a una profesión o proyecto, el amor a la vida, a un Ser Superior o a la humanidad, despierta en el doliente el sentido y fortaleza para colocarse por encima de las circunstancias, vencer los obstáculos e incluso, hacer un aporte a otros que sufren.
En los últimos años hemos sido testigos de movimientos sociales, humanistas convocados por personas que han perdido seres queridos a manos de narcotraficantes y sicarios. Una triste e injusta realidad. Un gran dolor que ha dado paso también a una actitud valiente y solidaria en muchas personas que han elegido decir sí a la vida y seguir apostando al ser humano a pesar de lo absurdo e irracional de sus pérdidas transformando el sufrimiento en acción. Esas personas son un vivo testimonio de la libertad esencial que opta por el valor supremo de la actitud imprimiendo un nuevo sentido a su existencia.
Honrando a esas y a tantas personas que visto transformarse en el crisol del dolor, cierro este trabajo citando un hermoso pensamiento de Elisabeth Kübler-Ross:
“Las personas más hermosas que he visto son aquellas que han conocido las derrotas, el dolor, que han conocido las luchas, las pérdidas y que han encontrado su camino de salida desde las profundidades. Las personas hermosas no son casualidad”.
*Ma. Teresa Lemus de Vanek
Psicóloga clínica por la Universidad Iberoamericana
Logoterapeuta egresada de SMAEL
Especialidad en Intervención en crisis
Fundadora y directora de Logoforo.com, el sitio de la Logoterapia.

Referencias Bibliográficas:
Gómez del Campo Estrada José F. (1992) Intervención en las Crisis: Manual para el entrenamiento. Universidad Iberoamericana. Departamento de Psicología.
Fitts, W. H. (1965) Tennesee Self Concept Scale. Acklen Station, PA: Counseling Recordings and Tests.
Frankl, V.E. (1990) Logoterapia y Análisis Existencial. Editorial Herder.
Jaspers, K. (1973). La filosofía. Breviarios. Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica.
Slaikeu, K. A. (1988). Intervención en Crisis. Manual Moderno.
Lukas, Elisabeth. (2008) Viktor E. Frankl, El sentido de la vida. Plataforma editorial.
Paredes Salomón, Alejandro. (2011). El concepto de autoestima desde la Logoterapia. www.Logoforo.com
Citas- www.Logoforo.com

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