Frankl, Allers y Schwarz, encuentro y relación en el surgimiento del Análisis Existencial y Logoterapia. Reseña del libro de F. Miramontes

Por Marianna Delgado Falcón-Cooper

SOBRE EL AUTOR

Felipe Miramontes, psicólogo, logoterapeuta, docente y escritor, hizo suya la misión de recolectar la evidencia para dar a conocer una parte de la vida de Frankl que no estaba documentada: Las contribuciones de Rudolf Allers y Oswald Schwarz a la ya latente sensibilidad existencial de Frankl, y su influencia enorme en la rehumanización de la psicoterapia, haciendo de la Logoterapia y el análisis existencial enfoques terapéuticos de vanguardia.

Originalmente centró su atención en estos científicos por las importantes aportaciones que hicieron al campo de la sexología. El resultado de esta investigación iba a conformar sólo un capítulo de su tesis para obtener el título de especialista en Logoterapia, debido al interés que guardaba por el tema de la sexualidad y su relación con la Logoterapia. Sin embargo, al irse involucrando con estos personajes a lo largo de su indagación, tuvo la acertada intuición de que la relación entre ellos y sus coincidentes ideas, que fueron importantes cimientos en la edificación de la Logoterapia, merecían una investigación aparte: una obra dedicada específicamente a ello, cuyo contenido valía la pena compartir con todos nosotros.

En lugar de esperar a que alguien más investigara este tema y algún día publicara algo al respecto, se propuso hacerlo él mismo. Pareciera que se planteaba las preguntas de Hillel, el sabio rabino y maestro judío:

Si no lo hago yo, ¿quién lo hará?

Si no lo hago ahora, ¿cuándo será el momento de hacerlo?

Si lo hago sólo para mí mismo, ¿quién soy yo?

Este libro es reflejo de su incansable búsqueda. Hizo contacto con varias personas valiosas en el campo de la Logoterapia, tanto a nivel nacional como internacional, quienes lo apoyaron, convencidos de la validez de su trabajo. Entre ellos, el Dr. Alexander Batthyany, actualmente Presidente y Director del Víktor Frankl Institut, una sociedad científica no-lucrativa que tiene la misión de albergar el trabajo vitalicio de Víktor Frankl y proveer acceso a información auténtica sobre Logoterapia y Análisis Existencial. Logró que le enviaran copias de cartas inéditas entre Frankl, Allers y Schwarz, material al que pocas personas en el mundo han podido acceder. Por otro lado buscó, con persistencia y esperanza, en las librerías de “viejo” en el Centro Histórico, ediciones especiales y originales de algunos libros de estos autores, que habían sido imposibles de hallar en otro lado, o de los cuales sólo había podido conseguir copias. Nos comparte esta experiencia, y cómo, entre señales, presentimientos, revelaciones y llamados se fue fraguando el destino para lograr esto, su ópera prima. Algunos de los “tesoros” que encontró ahora forman parte de la biblioteca de SMAEL sede sur, ya que, en otra de sus facetas, también colabora en la conformación de dicha biblioteca para dar contención a las ideas que merecen estar ahí, junto a las de Frankl, y a nuestro alcance. Así, a estos libros olvidados, rescatados de estantes escondidos y polvorientos, les ha dado su justo lugar como patrimonio de la comunidad logoterapéutica.

A mi parecer, nuestro joven y mexicano logoterapeuta se une a los vieneses, siendo un personaje más en este relato, pues re-construye y significa los hechos a través de “sus propios ojos y su voz,” y es a través de sus hallazgos, sus reflexiones y conclusiones, que nos va armando este rompecabezas, tras más de tres años de investigación.

Ha sido calificado como un libro “necesario” y, como bien nos advierte su autor, es la primera obra en su categoría.

En esta invitación a conocer la vida y obra de estos hombres (lo que él llama una presentación bio-bibliográfica) el autor nos ofrece una experiencia literaria que nos sitúa en la época y en el lugar en el que se entretejieron sus historias: una Viena esplendorosa, rica en cultura y desarrollo científico, aunque también marcada por dos guerras mundiales. Intenta contextualizar y sumergirnos en la atmósfera, para ayudarnos a comprender las perspectivas presentes en ese momento, y a su vez justificar la necesidad de la emergencia de una nueva perspectiva en medicina y psicoterapia. Al destacar a estos personajes nos ayuda a encontrar el verdadero origen del pensamiento Frankleano.

Escribe para hacerle justicia a la verdad. A pesar de que él mismo confiesa que una de las razones por las que le interesan los detalles biográficos de otros es por “chismoso”, me atrevo a corregirlo en este caso, y hacerle también justicia a él, diciendo que es más bien por “curioso”. Y muchas veces la curiosidad misma es la que lleva a los grandes descubrimientos e ideas. La curiosidad intelectual es la esencia del progreso humano y mantiene vigente el interés por conocer y comprender lo que nos rodea como seres-en-el-mundo. Sin curiosidad muere el espíritu de la investigación.

Felipe también escribe este libro con una firme y noble intención: como un antídoto para la ignorancia. Esa ignorancia que tiene dos vertientes: la de no saber lo que se debería saber y la de tener información imprecisa o insuficiente con respecto a algo. Este libro también nace del afán del autor por dar a conocer lo que como logoterapeutas nos corresponde saber.

Estimado lector, si lees el título de este libro y no te son familiares los nombres que en él encuentras, es tu obligación leerlo. Nuestro autor ha homenajeado a estos invaluables representantes de la tercera escuela y los ha resucitado de la verdadera muerte: el olvido. Felipe Miramontes ha conmemorado sus ideas porque son claves para el nacimiento de una psicoterapia humanista, con enfoque existencial y antropológico. Ideas que, sin decir más, acunaron a nuestra respetable Logoterapia.

EL “ANTI-FREUD”, EL “URÓSOFO” Y EL “PENSADOR”

Tres legítimos representantes de la tercera escuela

A pesar de que reconocemos al rostro de Frankl como el representante de la Tercera Escuela de Psicoterapia de Viena, lo cierto es que no es el único legítimo, son tres: Rudolf Allers, Oswald Schwarz y Viktor Frankl.

Los tres estudiaron en la Facultad de Medicina de Viena, aunque Víktor llegaría años más tarde. Allers y Schwarz se graduaron juntos y conformaron una amistad muy productiva.

Los unen sus coincidentes ideas (a veces lo eran a tal punto que no recordaban a quién se le había ocurrido primero una cierta idea) y su preparación multidisciplinaria, en ámbitos como la medicina, la psiquiatría, la psicología, la filosofía y la antropología.

Frankl los conoce en 1925 en el grupo adleriano de psicología individual. El mismo Frankl dice que “cayó bajo el hechizo” de dos hombres, que no sólo lo impresionaron como personas, sino también lo habían influenciado profundamente. Rudolf Allers y Oswald Schwarz marcaron de manera esencial la vida de Frankl, no sólo en lo profesional, sino en su historia personal. Él los consideró sus respetables maestros y fieles guías.

Pero el impacto fue mutuo. La relación que tuvieron fue, como diría nuestro autor, la de auténticos compañeros existenciales, ya que Frankl también los cautivó por su inteligencia, por su pensamiento profundo y filosófico y su interés por el ser humano íntegro. Entonces, se convirtió también para ellos en un colega “de altura,” quien aportó su coraje e intuiciones para desarrollar proyectos que captaron el interés y recibieron el respaldo de sus mentores.

A continuación daré a conocer algunos puntos que me parecen relevantes sobre Allers y Schwarz. Me limitaré a mencionar algunos aspectos que tienen que ver con su influencia y relación con Frankl, aunque debo advertir que hay mucho más por descubrir acerca de estos interesantes personajes en el libro:

Rudolf Allers (1883-1963):

Allers fue pionero en reconocer que una sólida base filosófica brindaría la ayuda necesaria para fundamentar una teoría más humana, a diferencia de las ideas deterministas, reduccionistas y mecanicistas acerca del ser humano que yacían detrás del psicoanálisis.

Fueron tales sus críticas al psicoanálisis que se ganó el apodo del “Anti-Freud”. Llama al psicoanálisis la “psicología de lo profundo,” por centrarse en los fenómenos ocultos, profundos e inconscientes que se presentan en las personas. A su vez decía que la posición de partida del psicoanálisis, al ser biológica, era una “mirada desde lo bajo”, pues identificaba al ser humano y a sus motivaciones con lo instintivo y lo primitivo.

Contrario a esto introduce el concepto de “psicología de las alturas,” diciendo que para estar a la altura de sus propios deberes, la psicología se ve forzada a sobrepasar sus límites.

Frankl utilizó esta misma expresión para designar a su Análisis Existencial y Logoterapia, que tienen el fin de comprender la condición humana integral (lo que incluye, por supuesto, la parte espiritual) respetando así la dignidad humana.

El ser humano siempre fue el centro de sus reflexiones. Se interesa por la filosofía existencial puesto que le preocupa el estudio del problema del hombre. Ocupó gran parte de sus esfuerzos en defender una imagen total de lo que es el ser humano.

En su teoría de la neurosis explica que no es necesariamente una enfermedad, sino que puede surgir por un conflicto existencial. Le acontece al ser humano por el simple hecho de estar vivo y de existir. Por lo tanto, también tenía una perspectiva humana y existencial acerca del tratamiento de las neurosis: tratar lo humano como humano.

Tuvo el gran mérito de introducir a Frankl la filosofía de Max Scheler. Se puede considerar a esta como una importantísima contribución espiritual que le hace Allers a Frankl, pues promovió un cambio fundamental en la fase temprana de su carrera científica. El mismo Frankl expresaría su deuda al decir que: “la Logoterapia es el resultado de la aplicación de los conceptos de Max Scheler en psicoterapia.” Este filósofo y fenomenólogo alemán tuvo un fuerte impacto en la formación y cosmovisión de Frankl. Su influencia se descubre en toda su obra, impregna toda su antropología. Entre muchas otras cosas, toma de él su visión de la persona como centro de actos espirituales, capaz de ir en busca de valores, significados y propósitos que le otorguen sentido a su existencia.

Otro factor que fue decisivo para el desarrollo de la Logoterapia fue la difusión de los libros de Frankl por parte de Allers en los Estados Unidos. Frankl le enviaba a Washington cada uno de sus libros y artículos publicados, detalle que Allers agradecía, y que además retribuía al discutir, tanto en conferencias como en sus propios libros, el pensamiento de Frankl en relación con la psicoterapia.

 Por su parte, Allers hacía llegar los escritos de Frankl a Gordon Allport, el renombrado psicólogo estadounidense, quien intervendría para que Frankl viajara por primera vez como profesor invitado a la Universidad de Harvard. Allport fue quien tradujo “El Hombre en Busca de Sentido” al idioma inglés, escribió el prólogo e insistió en que la editorial diera una oportunidad al libro. Este hecho es trascendental si consideramos que este libro figura actualmente en la biblioteca del Congreso de Estados Unidos como uno de los diez libros que han cambiado el curso de la humanidad.

Oswald Schwarz (1883-1949):

Desde temprana edad tenía interés por la filosofía, de la cual sería estudiante autodidacta. Tuvo una gran influencia de Husserl y de la fenomenología y le interesaba la relación de la teoría médica con la filosofía.

Al unir sus conocimientos filosóficos, psicológicos y médicos pudo desarrollar y ser precursor de la Medicina Psicosomática (le daba igual importancia a la mente y al cuerpo) y fundador de la Medicina Antropológica.

Siempre, en su labor como urólogo, colocó la atención en los problemas psicológicos que afectaban a sus pacientes.

Además de desempeñarse como médico urólogo, daba clases de lo mismo en la Universidad de Viena. Gracias a su inclinación por la filosofía existencial, fue apodado por sus alumnos el “Urósofo”.

Dejó plasmada en su obra la lucha de tantos años por humanizar la medicina, la sexología y la psicoterapia.

En su teoría sobre las neurosis explica que éstas “se hallan en la génesis de numerosas dolencias físicas que arrancan de un punto de partida moral…” Como nos señala el autor, esta idea es el germen de lo que Frankl llamaría después las neurosis noógenas, pues son crisis que tienen su origen en la dimensión espiritual y una expresión física o psicológica.

Cuando Frankl, en 1927, escribe un texto en el que esclarecía la relación entre filosofía y psicoterapia, Oswald Schwarz alabó esta obra y en el prólogo que él mismo escribió comentó que las afirmaciones de Frankl “tendrían para la psicoterapia la misma importancia que la que había tenido para la filosofía la Crítica a la Razón Rura de Kant.” En aquél primer libro inédito Frankl planteaba algo contra lo que luchó toda su vida: la superación de los reduccionismos. Proponía una visión integral del hombre (su ontología dimensional), y cambiaba el paradigma de la medicina y la psicoterapia, rehumanizándolas.

El Éxodo

Como se había mencionado anteriormente, coinciden estos dos personajes con Frankl en el grupo adleriano de psicología individual. Aquí son cofundadores de una revista en la que se divulgaban las ideas de la Psicología Individual, así como sus propias aportaciones al campo de la psicoterapia.

Frankl también inicia junto con sus maestros centros de consulta para atender a los jóvenes afectados por los efectos de la primera guerra mundial. El trabajo que aquí realizaron juntos les llevó a acercarse más íntimamente y a cultivar una profunda amistad. Los unía la inquietud de hacer llegar sus investigaciones y servicio a la gente más necesitada. Schwarz estimula a Frankl a escribir sus conclusiones y teorías, pues le parece muy interesante el acento que hace de la problemática del sentido de vida de los pacientes, y la necesidad de aclarar la relación entre la filosofía y la psicoterapia. Es claro que Schwarz aprecia y valora las ideas de Frankl, quien también desde una temprana edad se había interesado por cuestiones filosóficas, y acosaba a familiares y amigos con preguntas, ganándose así el apodo de “El Pensador.” (Tuvo intuiciones precoces, si consideramos que a la tierna edad de dieciséis años disertó acerca del sentido de la vida, exponiendo que no somos nosotros quienes debemos preguntar por el sentido de la vida, sino que es ésta la que nos pregunta, y nosotros quienes debemos responder con nuestra existencia).

 La Segunda Escuela fundamenta y cataliza algunas de las propuestas realizadas por Allers, Schwarz y Frankl. Sin embargo, los tres científicos con marcados intereses filosóficos, preocupados por una perspectiva que abordara las cuestiones humanas, constituyeron un subgrupo, descontentos con la poca apertura de Adler hacia una visión del hombre antropológica, integral, abierta a la trascendencia. Pretendieron corregir y complementar el psicologismo de Adler, desde dentro de la psicología individual, sin embargo se les impidió llevar a cabo esta tarea.

Es así como las dos cabezas más importantes de la escuela de Adler hasta entonces (Allers y Schwarz) se vieron obligados a retirarse de la Asociación de Psicología del Individuo. Frankl intenta mediar entre Allers, Schwarz y Adler, pero el resultado es infructuoso. Queda excluido del círculo adleriano por defender tanto a sus maestros, como a sus ideas. Y así Frankl sale de la inmanencia (un aspecto que se le criticaba a la visión de la segunda escuela) en busca de la trascendencia.

Después de esto inicia un capítulo en la vida de Frankl en el que se sentía a la deriva, y pasó por unos años de “aprendizaje y peregrinaje”, pues perdió por un tiempo el ambiente científico en el cual pensaba seguir desarrollando sus ideas. Sin embargo siguió leyendo a Scheler, y no dejó de pensar en el cambio de paradigma (la superación del psicologismo) que necesitaba ocurrir en el campo de la psicoterapia. Finalmente, y para la fortuna de todos nosotros, Frankl renacería.

La Tercera Escuela y la Logoterapia

Se puede decir, entonces, que el tercer movimiento psicoterapéutico de Viena queda conformado oficialmente en 1927 cuando Allers, Schwarz y Frankl salen del grupo de Adler, lo que les permite desarrollar sus propuestas terapéuticas de manera independiente y con un sólido fundamento de antropología y filosofía.

Dentro de la Tercera Escuela conjuntaron sus esfuerzos aproximadamente durante siete años (1927-1934). Después Schwarz parte hacia Londres, en donde continúa practicando la urología y psicología.

Por su parte, Allers también deja Viena y se va a Italia a estudiar un doctorado en Filosofía, para posteriormente residir en Washington, Estados Unidos. Aquí, Allers se apartó de la práctica psicoterapéutica y dedicó los últimos años de su vida al estudio y enseñanza de la filosofía.

Frankl tiene una sombría (aunque también esencial) cita con el destino cuando en 1942 es deportado al primero de los cuatro campos de concentración por los que transitó en tres años de reclusión. En este tiempo asume su sufrimiento, se propone ser activo en su situación, y vive la experiencia “poniendo atención.” Vive en carne propia la intensidad de las situaciones límite y los valores de experiencia, creación y actitud para hallarle el sentido a cada momento. Otra de las razones a las que le debe su sobrevivencia fue a la decisión de reconstruir el manuscrito que contenía los fundamentos de la Logoterapia.

La colaboración entre ellos continuó en forma de cartas hasta las postrimerías de su vida.

Frankl fue el único miembro de la Tercera Escuela en sistematizar sus ideas y disponerlas para la psicoterapia. El desarrollo de sus ideas personales que buscaron luchar contra todos los reduccionismos anteriores, e incluir la dimensión específicamente humana de la espiritualidad, tuvieron un fuerte impacto y éxito. Frankl fue un genio quien realmente vivió su unicidad, hizo realidad su misión y trascendió. Por esto se puede decir que la Tercera Escuela cobijó a la Logoterapia, pero ésta después subsistió por sí sola.

Es así como el Análisis Existencial y la Logoterapia de Frankl quedan sustentados por tres aspectos igualmente importantes:

1. La Antropología Filosófica: la práctica terapéutica de Frankl está marcadamente influenciada por la filosofía y por una visión de la persona abierta a la trascendencia y a lo espiritual.

2. La Filosofía Existencial, incluida en la teoría y práctica terapéuticas

3. La Fenomenología: cuyos principios absorbió de Husserl, pero quizás sobretodo de Max Scheler. (el giro fenomenológico que aparece en las terapéuticas orientadas existencialmente, y que aparece por supuesto en la Logoterapia, implica adentrarse en la relación terapéutica para escuchar y aprender del paciente).

Honor a quien honor merece

Felipe Miramontes nos recuerda que cada genio tiene sus propias influencias. Frankl muestra un lado muy humano y humilde, reconociendo en todo momento a quienes le influyeron y ayudaron en el camino.

Aunque hubo desacuerdos, Frankl siempre mostró y guardó respeto por Freud y por Adler, y por sus aportaciones, y por esto reconoce que era un enano parado en los hombros de un gigante. Su intención no era fundar una tercera escuela, sino corregir y complementar las anteriores incluyendo la dimensión espiritual del hombre, la cual permitía hablar de valores, sentido, conciencia, entre otras cosas.

Frankl le dedica su libro “Teoría y Terapia de las Neurosis” a su maestro Schwarz, quien aportó mucho sobre el tema.

Cuando fallece Allers, Frankl pronuncia un discurso – homenaje en la Sociedad Austriaca de Médicos para la Psicoterapia, con el título “Rudolf Allers como filósofo y psiquiatra”.

Cuatro años después le dedicó su libro “Psicoterapia y Existencialismo: escritos selectos sobre logoterapia”.

 Relación Epistolar

El último capítulo es una parte exquisita del libro, pues Felipe pone ante nuestros ojos la correspondencia inédita entre Frankl y Schwarz (en los años 1946-1947) y entre Frankl y Allers (en el periodo de 1952-1957). Estas cartas reflejan la comunicación que restablecieron entre ellos después de que Frankl fuera liberado del último campo de concentración y retornara a Viena, intentando reconectarse con sus amigos y con el mundo terapéutico.

Estas cartas evidencian su influencia mutua y el cariño y respeto que había entre ellos: se enviaban el material que estaban desarrollando para ponerlo a consideración de los otros, para pedirse consejos con respecto a libros o autores, discutían temas, se pedían favores tanto personales como profesionales, etc…

Además las cartas nos dan testimonio interesante sobre algunos detalles de la época. Por ejemplo: las condiciones de vida precarias en la Viena de la posguerra, la falta de interés que había tanto en Inglaterra como en Estados Unidos para crear una psicoterapia orientada hacia la existencia, etc., así como las propias limitaciones y dificultades en las formas de comunicación.

 LA FILOSOFÍA: un ingrediente clave para una psicoterapia humana y existencial

Se me hace muy revelador e interesante, cómo un católico expreso (Allers), un agnóstico (Schwarz) y un judío (Frankl) pudieron colaborar en perfecta armonía y coincidir en tantas ideas fundamentales. Creo que se lo podemos atribuir a la visión integral que tenían del hombre (lo cual incluye su dimensión espiritual) y a los principios que adoptan de la “filosofía perenne”, que es el conjunto universal de verdades y valores comunes a todos los pueblos y culturas.

Reflejo de esto es que en 1995, la Iglesia Católica presenta una declaración sin antecedentes, estableciendo que la Logoterapia es la psicoterapia privilegiada en virtud del elevado sentido ético que manifiesta y el respeto por la persona humana en su integridad.

Por esto no debe de sorprendernos que la Logoterapia sea tan humana, incluyente, universal y atemporal. A pesar de que surgió en un momento histórico en el que era “necesaria”, creo que sus principios y aplicaciones siempre serán vigentes. Me atrevo a llamarla entonces “la psicoterapia perenne.” Los que la conocemos sabemos que hemos encontrado algo bueno, valioso y verdadero. Esto se lo debemos a los esfuerzos que hicieron los miembros de la Tercera Escuela por incluir la disciplina filosófica en la perspectiva terapéutica, y no es difícil comprender por qué:

 El estudio del hombre quedaría incompleto sin los fundamentos de una antropología filosófica que permita contemplar y hacer una reflexión profunda y coherente sobre su naturaleza. La antropología filosófica goza de una certeza eminente, (es tan”cierta” y “verdadera” como lo presumen ser las ciencias) puesto que sus verdades las podemos experimentar directamente en nosotros mismos y en los demás. Está a disposición de la vida humana.

El enfoque existencialista considera a la persona humana concreta, no a un sujeto epistemológico abstracto. Lo considera bajo un aspecto particular: como un sujeto libre que se crea a sí mismo y se trasciende. En pocas palabras, lo que éste hombre devenga depende de su libertad, de sus elecciones.

El existencialismo es un intento de filosofar desde el punto de vista del actor, en lugar de hacerlo, como ha sido costumbre, desde el punto de vista del espectador. El espectador podría ser el hombre de ciencia, quien adopta la impersonal posición de un analizador.

Mientras que las teorías psicoterapéuticas anteriores intentaban hacer encajar o encasillar al individuo dentro de una serie de características medibles y generalizadas, el enfoque humano y existencial de la Logoterapia pone su énfasis precisamente en lo que hace único a cada individuo y se enfoca en ayudarlo a tener el coraje de hacerse cargo de su existencia única, en la que su misión es llegar a ser él mismo.

Hay cuestiones que sobrepasan las neurosis y son las paradojas, dilemas y crisis de la existencia humana en sí, las del “hombre de carne y hueso”, como diría Unamuno, más que los indicadores de “salud” o “enfermedad”. Detrás de varios “problemas humanos” están la angustia existencial, el temor a la muerte, la soledad, el estar “condenados” a la libertad con responsabilidad y las renuncias o pérdidas existenciales que vienen con cada elección, en esta vida inevitablemente finita.

 Ante esto, la actitud del terapeuta es fundamental para hacer de su de terapia un auténtico acompañamiento existencial, en el que no hay jerarquías, en la que hay dos sujetos, y en la que el encuentro y la empatía forman parte fundamental del proceso. La psicoterapia existencial y humana intenta penetrar la significación de cuestiones humanas como el amor o la angustia dentro de la experiencia misma, en lugar de tratarla desde un punto de vista distanciado y objetivo. Con esto, se reivindica la flexibilidad, ambas partes se dejan impactar por la riqueza de la realidad, con sus lados misteriosos, aún a costa de perder exactitud.

Uno de los objetivos de la terapia con enfoque existencial es clarificar y aumentar la comprensión de la existencia a los ojos de la persona misma que la vive, y ayudarla a reconciliarse con la vida y aceptarla tal y como es, con todas sus inherentes contradicciones. En lugar de promover una “adecuada” o “correcta” forma de vivir, proporciona un marco para reflexionar y hacernos preguntas que amplíen nuestra perspectiva. Así, en lugar de ayudar al paciente a no vivir más angustia, se trata de ayudarle a descubrir formas de utilizarla en su beneficio, tomado en cuenta esa parte espiritual, que nos habla de conciencia, de valores y de sentido.

La Logoterapia está impregnada de una fuerte influencia de la filosofía existencialista. Esto me lleva a pensar en el “padre del existencialismo”, Soren Kierkegaard, quien hace filosofía en función de sus problemas personales. Su filosofía va del brazo de la biografía en el sentido de que la primera brota como respuesta a los problemas personales en los que se encuentra implicado, y que son resueltos por elección, en el plano existencial y no en el plano abstracto y teórico. Es bien sabido que, también en el caso de Frankl, su biografía influyó de manera esencial en su teoría psicoterapéutica. Muchos nos sentimos implicados e identificados con la problemática por ellos planteada y encontramos en estos pensadores pistas muy fecundas para comprender la existencia humana propia y ajena.

Con todo esto, creo que es nuestra obligación volvernos pensadores filosóficos y existenciales. La misma vida induce a filosofar, entonces hay que vivir filosofando y filosofar viviendo con toda intensidad. Conocer al hombre es conocerme a mí mismo, y conocerme es conocer lo humano. Sólo así podremos presumir ser verdaderos logoterapeutas.

A MODO DE CONCLUSIÓN…

La obra de Felipe es un intento por sacar a la luz la semblanza de unos hombres y nombres (Allers y Schwarz) que no debieran ser “ni tan ajenos ni tan lejanos” para los logoterapeutas, y en general, para los terapeutas orientados filosóficamente. Hay que agradecerle el haber fijado nuestra atención en ellos.

La inclusión de la disciplina filosófica fue fundamental para la rehumanización de la psicoterapia. Es muy importante para un terapeuta partir de un marco filosófico claro que considere la integridad y la dignidad de la persona humana. Como logoterapeutas hay que cuestionarnos y replantearnos la postura desde la cual nos relacionamos con el paciente, y nutrirnos constantemente de filosofía.

Frankl aprendió, entre otros, de Allers y Schwarz, y con ello modificó, sistematizó y aportó su disciplina. Me vienen varias preguntas a la mente… por ejemplo:

¿Qué hubiera sido de Frankl y de la Logoterapia si nunca se hubiese encontrado con la obra de Scheler; esa que le acercó tan amablemente Allers, y cuyas reflexiones le sirvieron, tanto para “renacer” de un momento en el que sentía que había perdido la dirección de su vida, como para sobrellevar el internamiento en los campos de concentración, como para fundamentar muchos principios de su Logoterapia?…

La respuesta no la podemos saber, pero lo que queda claro es que, si el hombre es un ser que se construye a sí mismo, también es cierto que es un ser-en-relación y que junto con otros hay una innegable co-construcción.

El mensaje que hay detrás de esto es: comparte el crédito de tus logros con las personas que te ayudaron a lo largo del camino.

Frankl siempre lo hizo, y nos corresponde hacer lo mismo. Pocas veces nos damos cuenta a cuántas personas les debemos lo que somos. En lo personal, le estoy eternamente agradecida a los maestros y a los libros (en especial, a sus autores), que han marcado mi vida, que le han dado una dirección, que me han impulsado, inspirado y ayudado a “ir siendo” lo que estoy llamada a ser. (Entre ellos, por supuesto, puedo contar “El Hombre en Busca de Sentido.” ¿Cuántos de nosotros no afirmamos que hubo un “antes” y un “después” de la Logoterapia en nuestras historias personales?)

Al leer la biografía-en-relación de estos hombres, uno no puede evitar encontrarse a sí mismo. Yo, en lo personal, lo viví de esta manera y me descubrí revisando mi propia existencia. Al final de cuentas todos somos compañeros existenciales. Nos encontramos a nosotros mismos también en el otro. Pero no sólo encontramos lo que somos, sino lo que podemos ser.

No me queda más que aplaudirle a nuestro autor por ofrecernos los frutos de su exhaustiva investigación. Hay mucho que descubrir y que los está aguardando en esta rica, interesante y novedosa obra de Felipe Miramontes. La dejo a su consideración. Viva su propia experiencia literaria y saque sus propias conclusiones, pero que no le deje indiferente. A mí me movió a explorar más los pensamientos de otros personajes que influyeron en el pensamiento de Frankl, me regresó a mis viejos libros de antropología filosófica, a los de filosofía existencial… y, en particular, me quedan unas ganas inmensas de conocer más a fondo la obra de Scheler.

Gracias Felipe por hacerle caso a tu curiosidad, y por despertar la mía. Esta curiosidad que me genera preguntas, dudas, inquietudes, y me mueve a no quedarme sólo con “lo dado”, sino a preguntarme ¿cómo puedo contribuir yo a construir la Logoterapia, cuyos cimientos nos colocó Frankl con tanta lucha, genialidad, pasión, convicción y esperanza?

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