La concepción de persona en Max Scheler y su influencia en Viktor Frankl

Por Felipe Miramontes * 

Les pido que nos detengamos a pensar en la grandeza a la que todavía podemos aspirar si nos atrevemos a valorar la vida de otra manera. Nos pido ese coraje que nos sitúa en la verdadera dimensión del hombre. Todos, una y otra vez, nos doblegamos. Pero hay algo que no falla y es la convicción de que —únicamente— los valores del espíritu nos pueden salvar de este terremoto que amenaza la condición humana.
Ernesto Sabato
***
A Leticia Ascencio, quien de un terremoto supo sacar una semilla de vida con sentido. Hoy, esa semilla es árbol, y muchos hemos encontrado valioso el treparnos en sus ramas.

La intención de estudiar la relación existente entre la filosofía de Max Scheler y la logoterapia de Viktor Frankl me parece relevante por cuanto a su amplitud y profundidad se refiere, y cuya importancia se enmarca tanto en la psicología como en la filosofía, dos áreas científicas que abordan de manera significativa problemas humanos de actualidad. Dicho sea de paso, las relaciones entre filosofía y psicoterapia han sido abordadas desde que ésta última hizo su aparición formal en el campo de las ciencias a finales del siglo XIX y principios del XX con el psicoanálisis de Sigmund Freud.

 La logoterapia se presenta como una alternativa para el hombre actual, para los problemas que aquejan al hombre de hoy. Y si como dice Frankl, la logoterapia es el resultado de la aplicación de los conceptos de Max Scheler en psicoterapia, entonces las ideas de Scheler poseen una importancia primordial para la comprensión y acompañamiento de la persona de nuestro siglo XXI, tan necesitada de que se le valide en toda su humanidad y que desde ahí se le acompañe y guíe por caminos dignos a su existencia. Estos caminos deberán estar inspirados en tres pilares para una vida auténticamente humana: libertad, responsabilidad y espiritualidad. Este último pilar, la espiritualidad, se manifiesta, dentro de las esferas de lo finito, según Scheler en el centro de actos que es la persona, dando cabida a los valores espirituales, que otorgan dignidad a la persona, como valor supremo, como un ser que es en cuanto valora.

Por otro lado, Frankl menciona a través de su obra que el hombre moderno está viviendo una crisis de sentido, en donde se hace difícil vivir dado que el hombre ha perdido la orientación que le daban los instintos y las tradiciones, por lo que debe descubrir nuevos valores que le ayuden a hacer frente a las exigencias de la vida actual. A este hacer frente Frankl lo denomina responsabilidad, más que obligación, y menciona que sólo podremos actuar en consonancia con nuestra humanidad si en lugar de preguntarnos los porqués de lo que nos acontece, nos volvemos los responsables, los que respondemos a la vida más que preguntarle. Para ello, Frankl retoma de Scheler el concepto de persona como ser abierto al mundo, al diálogo, al cumplimiento de valores y al sentido.

Si enmarcamos esta propuesta en la situación actual, nos damos cuenta de la necesidad que se vive actualmente por la falta de responsabilidad. La crisis a este respecto se acentúa cada vez más, por lo que la logoterapia, como terapéutica centrada en el sentido, en la educación de la responsabilidad y de los valores, se presenta como una orientación adecuada para quienes decidan acudir a ella. Por lo tanto, es de suma importancia tener claros los fundamentos filosóficos que sostienen a esta escuela para saber cuál es la concepción del hombre que la sustenta.

Uno de los propósitos de investigar la influencia de Scheler en Frankl es, como se mencionó anteriormente, evidenciar la dignidad de la persona, para con ello trabajar en el marco terapéutico de una manera más respetuosa y, sobre todo, más humana, reconociendo lo espiritual en la persona. Creo que si seguimos tratando a las personas como seres determinados por las circunstancias (históricas, genéticas, psicológicas, sociales, económicas) no estamos haciendo un verdadero trabajo terapéutico humano.

Otro propósito es el de evidenciar cada una de las aportaciones de la filosofía scheleriana a la logoterapia. Para ello necesitamos basarnos en los textos de ambos autores principalmente, y ayudarnos de otros estudios al respecto (sobre todo en el caso de la obra de Scheler). Considero que al hacerlo estaríamos cubriendo una brecha en la historia de la logoterapia como teoría y práctica terapéutica. Nuestra aportación ayudaría además a recorrer la historia de ambos personajes y a saber cómo Frankl llegó a entender las ideas de Scheler y, así, formular la única terapéutica que se basa en las ideas de este filósofo alemán.

Además, creo que la importancia de un trabajo de esta envergadura redundará tanto en la formación de logoterapeutas como en las relaciones con sus pacientes; por lo que la aportación del presente podría dirigirse no sólo al campo teórico sino también al práctico.

Ante esto, considero de suma importancia exponer la trascendencia que representa la influencia de Max Scheler en Viktor Frankl, a quien algunos denominan como el terapeuta con más influencia en el siglo XX y quien es considerado también como el exponente más sobresaliente de la Tercera Escuela Vienesa de Psicoterapia.

Juzgo pertinente hacer una precisión metodológica: esta investigación no iría por la vía estrictamente comparativa que confronte los pensamientos de ambos autores, sino que sería una descripción acerca de sus conceptos (aunque, no obstante, no dejaríamos de señalar algunas afinidades que sin duda comparten), teniendo como meta principal dilucidar la influencia del filósofo alemán en el médico-terapeuta y también filósofo vienés.

PLANTEAMIENTO DEL PROBLEMA

ANTECEDENTES

Max Scheler es un filósofo que atribuye gran importancia al concepto de persona, de la cual dice que se manifiesta como tal en la realización de valores. Además en la filosofía de Scheler se menciona que una persona existe sólo en el cumplimiento de sus actos. Esta persona –que es el ser humano concreto y espiritual, más allá del ‘yo’ y del alma– es la responsable de la unidad en la diversidad, diversidad de actos: juzgar, amar, percibir, etc. Es el centro activo en que el espíritu se manifiesta, es un centro superior al organismo.

La persona está también abierta al mundo y, en la concepción scheleriana, esta apertura se da por medio del conocimiento y el amor.[1] Mediante el conocimiento la persona puede conocer todo; por el amor la persona simpatiza con las demás personas y cosas.

“Esta persona está sometida a un proceso constante de maduración cuya estructura es el diálogo amoroso con otras personas y mundos”.[2] García Pintos dice que en el ser humano abierto al mundo sólo corresponde un proceso abierto, un proceso de maduración que transcurre durante toda la vida, un proceso que no puede reconocer declinaciones, que él denomina proceso de maduración noética.[3] Este concepto de García Pintos reúne los conceptos schelerianos así como los frankleanos.

Por otro lado, el nacimiento de la psicoterapia tal y como la conocemos actualmente se dio con el nacimiento de psicoanálisis. En esta escuela terapéutica fundada por Sigmund Freud se ponía especial atención a los aspectos psíquicos inconscientes del ser humano, era un avance en cuanto a lo que venía a ser la concepción del ser humano que tenemos hoy día, en cuanto a que surge por aquellos años la teoría de la evolución de Darwin, con lo cual la biología entra a una descripción de lo que es el ser humano. Esta biología, junto con una incipiente psicología, dio forma al concepto de lo que era el hombre. Durante muchos años estas concepciones predominaron en varios ambientes científicos. El psicoanálisis de Freud reinó por mucho tiempo al concebir al hombre de manera mecanicista y materialista, dejando de lado su dimensión espiritual (haciendo justicia a Freud decimos que esta omisión no se trata de una negación, sino simplemente de una categoría inabarcable para el psicoanálisis, que tenía orientada su atención solamente al “sótano de la casa”, o como ya decíamos, a los aspectos psicológicos inconscientes de los individuos). Por otro lado, Viktor Frankl, en algún tiempo estudioso del psicoanálisis y de la psicología individual de Adler, postula la importancia del reconocimiento de lo específicamente humano en el hombre como premisa para el acompañamiento terapéutico de éste. Esto equivale a hablar del hombre como una unidad y una totalidad comprendida en tres dimensiones, a saber, la biológica, la psicológica y la espiritual.[4] Es precisamente desde esta dimensión espiritual (o también llamada noética, del griego nous que significa espíritu) que Frankl postula su Análisis Existencial y Logoterapia, escuela terapéutica centrada en el sentido de la vida.[5] La logoterapia (como Frankl la llamó simplemente, para diferenciarla de otra escuela terapéutica llamada Daseinanalyse, de Binswanger, y que en las traducciones al inglés llamaban Análisis Existencial indistintamente a cualquiera de las dos, siendo que tienen diferencias fundamentales) destacó su concepción del hombre como un ser no determinado por sus circunstancias biológicas, psicológicas o sociales (que Frankl reconocía como los ismos reduccionistas: biologicismo, psicologismo y sociologismo), sino como un ser con una libertad para tomar una postura digna ante cualquier circunstancia y encaminado a la búsqueda de un sentido y el cumplimiento de valores.[6]

Viktor Frankl obtuvo de la filosofía una influencia profunda y un soporte sólido para su obra y su trabajo logoterapéutico, siendo los filósofos más allegados a él: Friedrich Nietzsche, Karl Jaspers, Martin Heidegger, Martin Buber y, sobre todo, Max Scheler. Con lo anterior vemos que su obra está afectada en gran medida por el existencialismo, la fenomenología y las semillas del personalismo.

La logoterapia propuesta por Viktor Frankl recoge muchos de los conceptos de Max Scheler, y conviene poner el acento en la concepción del hombre que ambos autores declaran. El ser humano, y más específicamente la persona, es un ser abierto al mundo, en constante maduración, en relación con otras personas y otros mundos, que encuentra su manifestación mejor y más elevada en el espíritu, al que se accede por mediación de la conciencia (valoral, axiológica, moral, espiritual, por distinción de la conciencia psicológica) y desde la cual la persona elige y vive sus valores personales en su existencia concreta.

En consonancia con esto, Frankl plantea tres existenciales o fundamentos logoterapéuticos en el camino del cumplimiento de sentido y de la realización de valores: la libertad, la responsabilidad y la espiritualidad.

Esta espiritualidad es para la logoterapia la dimensión de los valores,[7] así como de la libertad y la responsabilidad. Scheler y Frankl hablan de la captación de valores: mientras que para el primero los valores son captados mediante la intuición emocional, para el segundo estos valores son captados por la conciencia (en alemán Gewissen, como conciencia valoral o axiológica, a diferencia de la Begusstsein o conciencia del darse cuenta), como una vía regia al espíritu de cada persona, que se conecta con el mundo, con los otros, con Dios. De esta manera, persona y valor pertenecen a un mismo plano: el humano, y más aún, el personal, que se entiende mejor en el amor.

Cortés Morató y Martínez Riu (1996) nos explican, desde la teoría scheleriana, que “la aprehensión de estos valores, así como las relaciones entre ellos, se efectúa mediante una intuición o experiencia emocional pura (Wertgefühl), distinta de toda experiencia empírica y de toda aprehensión racional”.[8] Frankl llama a la conciencia espiritual el órgano de sentido, siendo éste quien nos dirige en la captación de sentido y valor.  

Existen otros puntos de coincidencia entre Scheler y Frankl, siguiendo a Guberman y Perez Soto (2005) podemos mencionar: ambos afirman que la persona está abierta al mundo y dirigida hacia algo o alguien diferente de sí misma (autotrascendencia en la logoterapia); ambos preservan la unidad de la persona pese a las diferencias ontológicas; y ambos también defienden la apertura a la trascendencia a través de la conciencia. Precisamente, esta apertura básica es la que caracteriza a la persona como un ser esencialmente dialogal[9] y relacional.

Por otro lado, sabemos a partir del trabajo de Pareja Herrera (1989) que tanto Frankl como Max Scheler coinciden en señalar la importancia de la confrontación entre la dimensión del espíritu humano y la facticidad psicofísica. Scheler plantea una antropología en la que la persona está radicalmente abierta al mundo.[10] En su importante antropología filosófica, que Scheler concibe como explicación de toda la acción humana, parte de la crítica de todo dualismo psicofísico: cuerpo y psique son dos aspectos de la vida, la cual se manifiesta como impulso afectivo, instinto, memoria e inteligencia, en una gradación creciente que culmina en el hombre.[11] Por su parte Frankl afirmará la existencia del antagonismo psiconoético que expresa la fundamental capacidad humana de afrontar los condicionamientos o facticidad psicofísica porque la persona es una existencia espiritual libre y responsable.[12]

En este sentido, Scheler y Frankl critican la reducción del hombre a impulsos de adaptación natural (Darwin), nutritivos y económicos (Marx), sexuales (Freud) o de poder (Nietzsche).[13]

Resumiendo, algunos de los puntos básicos de contacto entre Frankl y Scheler son:

  1. La unidad en la diversidad de la persona humana. La persona es una unidad en cuanto que no puede ser divisible y una totalidad en cuanto que no se le puede agregar algo más.
  2. La apertura al mundo y a los valores, que es decir apertura a la trascendencia, dada por la conciencia en cuanto a fenómeno axiológico e inagotable.
  3. La conciencia como órgano de sentido, voz de la trascendencia, ‘brazo’ del espíritu que posibilita a la persona el sentir la presencia de una instancia suprahumana y le hace tomar conciencia de su ser contingente, es decir, no necesario, creado. La conciencia no agota su propio significado en su dimensión de hecho psicológico sino que es sólo un aspecto de un fenómeno básicamente trascendente o metapsicológico. “El análisis scheleriano indica que la conciencia es la voz de la trascendencia y que por ella la persona capta la presencia en la fe, de un juez invisible e infinito, o Dios. El material psicológico posibilita el paso a una presencia que se manifiesta y esa presencia es Dios”.[14]
  4. El carácter dialogal del hombre, por el cual está abierto al encuentro interpersonal.

 

A pesar de que el pensamiento de Scheler no ha tenido “continuadores ceñidos plenamente a sus concepciones, ha influido en varios autores y corrientes contemporáneas, como el personalismo de Mounier, en ciertas variantes del existencialismo y ha dejado su impronta en la moderna antropología filosófica”.[15] La incidencia de la obra de Scheler en los movimientos personalistas,[16] de entre los que se puede contar, por afinidad en sus ideas y en la concepción del hombre es la logoterapia.[17] Dada la presencia de Scheler en ambas escuelas (personalismo y existencialismo), las relaciones entre la logoterapia y el movimiento personalista merecen también una revisión, no obstante, esta sería tema de otra investigación independiente a la actual que aquí propongo. En cambio, me nos quedaré con una de esas “ciertas variantes del existencialismo” que es la logoterapia de Viktor Frankl, que si bien ha sido asociada con la psicología humanista norteamericana, está, sin embargo, más cercana a la tradición existencial europea, de la que Max Scheler es precursor, y con la cual Frankl da forma a su Análisis Existencial y Logoterapia.

Volviendo al inicio de esta discusión, se confirma que la relación entre la filosofía y la psicoterapia, sobre todo la aportación de la primera al campo terapéutico, es de vital importancia para el trabajo que realiza el terapeuta en el acompañamiento de sus pacientes. Carl Rogers, terapeuta humanista norteamericano, hablaba de cuatro actitudes básicas que debería poseer todo terapeuta ante su paciente, y una de ellas era precisamente que el terapeuta debería haber encontrado una filosofía de vida acorde con su sistema personal de valores. En nuestro caso, Viktor Frankl encontró en Scheler al filósofo que le proporcionó la sustancia fundamental para desarrollar su práctica logoterapéutica. A través de su obra, Frankl menciona, sin abundar nunca lo suficiente en ello, las coincidencias entre la logoterapia y la filosofía de su maestro, además de las ideas que Scheler propuso y que Frankl adaptó a su teoría. Frankl llegó incluso llegó a decir que la logoterapia era “el resultado de la aplicación de los conceptos de Max Scheler en psicoterapia”.[18]  Con lo que nos queda la tarea de emprender un recorrido por la obra de ambos autores para señalar —como es el propósito de esta propuesta que culminará con la publicación de un libro dedicado exclusivamente a este tema— cuáles son estos conceptos schelerianos que se encuentran en la teoría y práctica logoterapéutica, así como su repercusión y alcance en este ámbito. Y, sobre todo, atendiendo a que “no hay tarea más sublime ni más delicada que poder influir en otras personas ayudándolas a conseguir una clara conciencia del mundo y de la realidad”.[19] Creemos que esto tiende un puente dialogal entre la filosofía y la psicoterapia, entre Max Scheler y Viktor Frankl.

* Felipe Miramontes

Licenciado en Psicología por la UNAM, estudió la Especialidad en Análisis Existencial y Logoterapia en SMAEL, donde actualmente es maestro. Tiene una formación como Educador de la Sexualidad; es psicoterapeuta existencial individual y de grupos por el Círculo de Estudios en Psicoterapia Existencial. Colabora en la Revista Mexicana de Logoterapia como corrector de estilo, es miembro del consejo editorial de la misma y ha publicado artículos y reseñas en números anteriores, así como en www.logoforo.com. Es autor del libro Encuentro y relación de Frankl, Allers y Schwarz en el surgimiento del análisis existencial y la logoterapia (2010), No. 16 de la Colección Sentido de Ediciones LAG.


[1] Manuel Suances Marcos, Max Scheler. Principios de una ética personalista, Herder, Barcelona, 1986.

[2] Manuel Suances Marcos, Max Scheler…, op. cit., p. 28.

[3] Elisabeth Lukas y Claudio García Pintos, De la vida fugaz. 1ª Ed. Ediciones LAG, México, 2002.

[4] En este punto, Frankl tiene dos influencias muy claras. Por un lado está el modelo ontológico estratificado de Nicolai Hartmann; por otro está el modelo de Scheler a modo de círculos concéntricos periféricos que están en relación al axis espiritual o centro personal. Estos modelos realizan un esfuerzo significativo en el camino de preservar la unidad de la persona pese a las diferencias ontológicas que conlleva en sus dimensiones somática y psíquica. La propuesta que Frankl hace al respecto tiene como resultado el enfoque ontológico-dimensional.

[5] V. E. Frankl, Psicoterapia y humanismo. ¿Tiene un sentido la vida? 6ª. Reimp., Fondo de Cultura Económica, México, 2002, p. 17.

[6] V. E. Frankl, El hombre doliente. Fundamentos antropológicos de la psicoterapia, 4ª. Ed., Herder, Barcelona, 2000, p. 44.

[7] E. Lukas y C. García Pintos, De la vida fugaz. 1ª Ed. Ediciones LAG, México, 2002, p. 71.

[8] J. Cortés Morató y  A. Martínez Riu, “Max Scheler (1874-1928)”, en Diccionario de filosofía en CD-ROM, Herder, Barcelona, 1996.

[9] M. Guberman y E. Pérez Soto, Diccionario de logoterapia, Editorial Lumen, Argentina, 2005, p. 126.

[10] G. Pareja Herrera, Viktor E. Frankl. Comunicación y resistencia, 2ª. Ed., Premiá, México, 1989, p. 97.

[11] J. Cortés Morató y  A. Martínez Riu, op. cit.

[12] G. Pareja Herrera, idem.

[13] J. Cortés Morató y  A. Martínez Riu, op. cit.

[14] Idem, p. 98.

[15] J. Cortés Morató y  A. Martínez Riu, op. cit.

[16] Antonio Pintor-Ramos, Scheler (1874-1928), Ediciones del Orto, Madrid, 1997.

[17] Cf. Xosé Manuel Domínguez Prieto, Viktor E. Frankl, Colección Sinergia, España, 2000.

[18] Viktor Frankl. Fundamentos y aplicaciones de la logoterapia, San Pablo, Buenos Aires, 2000, p. 15.

[19] Manuel Suances Marcos, Max Scheler…, op. cit., p. 25.

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Comentarios

  1. Señor Felipe lo felicito porque su articulo me parece excelente,pues creo que este es el punto clave que le faltaba a las corrientes psicologicas,pues los postulados psicoanaliticos y adlerianos se perdieron en elucubraciones inutiles…y se perdieron en el camino por no tener na base antropologica solida como lo hace Viktor Frankl..pues creo que cualquier teoria psicologica debe partir de la pregunta fundamental ¿QUE ES EL HOMBRE? y la respuesta a esta pregunta la encontramos en la filosofia…estdiando a los grandes genios de la antiguedad y a los filosofos serios actuales…porque si no vamos a DAR PALOS DE CIEGO, tratando de crear terapias sin fundamentos solidos…y como psicoterapeutas VAMOS A SER UN VERDADERO FIASCO EN TRATAR A PACIENTES QUE RECURREN A NOSOTROS EN BUSCA DE AYUDA,por eso a cualquier psicologo antes que nada se le debe de dar como MATERIA BASICA ANTROPOLOGIA FILOSOFICA. Le mando un saludo.

  2. Elvira

    Desde una rama de ese gran arbol, quiero leer todo el libro, me gusta, lo que leí en este articulo.
    Elvira halabe

  3. Felipe Miramontes

    muchas gracias por sus comentarios Elvira y Daniel, confluyo con uds. en que esta es una rama de un arbol mayor que merece ser estudiado: scheler y frankl!

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