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El Personalismo de Emmanuel Mounier

16/03/2008

Por Julio Ayala

 

MOUNIER Y LA REVOLUCIÓN PERSONAL Y COMUNITARIA

 

Emmanuel Mounier, quien vivió durante la primera mitad del siglo pasado (1905-1950), ha aportado desde un modo de pensar y vivir lo que se denomina pensamiento personalista comunitario. Y en 1935 decía que estaba “en los primeros combates: guerra al capitalismo, al espíritu burgués, a la proletarización, al imperialismo espiritual de los Estados y de los técnicos, a la divinización de las fuerzas productoras…”. Y agregaba: “Los motivos para rechazar el orden establecido,…no son solamente materiales, económicos…nuestros motivos son en principio morales y espirituales. Es en nombre de la dignidad y de las aspiraciones esenciales de la persona humana por lo que rechazamos el orden actual y por lo que trabajamos para instaurar otro”.1

Se impuso él mismo, además, “el deber de precisar una crítica unánime…para un renacimiento y poner los cimientos comunes de una ciudad en la que cada morada pueda elevarse en condiciones mínimas de libertad y orden”.

Confiaba en un humanismo personalista que “no debía ignorar la diversidad de creencias, parciales o totales, sobre el universo y el hombre y…que estas creencias encontraran hombres que más adelante sean capaces de comprometerse en libertad”.

Esperaba “de todo progreso material que sea la base y la condición necesaria, pero de ninguna manera la condición suficiente, de una vida más humana, y nunca su plenitud o su alimento”. Pensaba que: “Una revolución por la abundancia, el confort y la seguridad, si sus móviles no son más profundos, conduce, después de las fiebres de la revuelta, de manera más segura a una generalización execrable ideal pequeño-burgués que a una auténtica liberación espiritual…Es en este sentido que denunciamos un humanismo del confort y de la abundancia material, y no en nombre de un ascetismo sistemático que, por establecer una norma colectiva, sería puramente exterior y sin valor formativo. Cuando afirmamos que el hombre se salvará por la pobreza, no queremos perpetuar hipócritamente la miseria, la degradante miseria. Queremos solamente decir que, una vez vencida la miseria, cada uno debe estar libre de ataduras y de tranquilidad: a cada uno le corresponde conocer sus fuerzas y su medida…no contraponemos revolución espiritual a revolución material fecunda que no esté enraizada y orientada espiritualmente…el trabajo revolucionario es mostrarle, en principio, que el fin último de esta rebelión es la aceptación de una responsabilidad y la voluntad de una superación,…y también el de educar desde ahora en una acción responsable y libre”.3

Recordaba que: “la experiencia vuelve al mismo sitio: ni el poder, ni la razón raciocinante satisfacen la vocación del hombre; una distracción nueva, una civilización que pasa, la decadencia puesta al día y las cadenas siguen intactas…cuando una filosofía “parte del cartesianismo y pasa por la Enciclopedia, el positivismo y la Sorbona, se alinea en el camino central de la filosofía burguesa…”. 4

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1 Mounier, Emmanuel: “Nuestro humanismo”, Declaración colectiva, octubre de 1.935, en Mounier en Esprit, Caparrós, Madrid, 1.997, p.7.
2 Ibídem.
3 Ibídem.
4 Ibídem.

 

Mounier no toleró la vida indiferente y despersonalizante de la Sorbona, siempre pensó y actuó coherentemente. Decía que: “La vocación del hombre es la de ser una persona en situación de comprometerse libre y responsablemente y capaz de vivir una vida espiritual”5. Desde el Movimiento Esprit que fundara con otros pensadores personalistas comunitarios escribía: “Nosotros queremos personas suficientemente concientes de su vocación para que resistan cualquier tentación de amaestramiento. Queremos personas morales”6.

Entonces, creemos que vale mencionar aquí lo esencial del personalismo comunitario, a modo de resumen.

1. La persona, realidad relacional.

a) El encuentro: la relación es entre un yo y un tú; “la relación es un entre, un diá-logo…el yo y el tú se constituyen a partir del ‘entre nosotros’ primordial7. Dice M. Buber: “Yo llego a ser yo en el tú; al llegar a ser yo, digo tú”8. Es en este encuentro entre un yo y un tú, en esta relación, que el ser humano se personaliza, se hace persona y nace el “nosotros” comunitario.

b) El des-encuentro: es la alteración de esa relación yo-tú, es el desamor, la incomunicación o su alteración. Sin el tú relacional de la reciprocidad no queda nada ni nadie, la persona se impersonaliza o despersonaliza. Es la locura, el desatino, la ausencia de vida.

2. La persona, en la perspectiva de Mounier.

Para Mounier “una persona es un ser espiritual constituido como tal por una forma de subsistencia y de independencia en su ser; mantiene esa subsistencia e independencia mediante su adhesión a una jerarquía de valores libremente adoptados, asimilados y vividos en un compromiso responsable y en una constante conversión; unifica así toda su actividad en libertad y desarrolla por añadidura, a impulsos de actos creadores, la singularidad d su vocación”.

Ser espiritual.

Mounier dice de la persona que es un ser espiritual, no reductible a lo material, pues tenemos vocación de eternidad.

Subsistente adhiriéndose a una escala de valores.

Somos lo que somos porque existimos y esta existencia es humana y axiológica: adoptamos una escala de valores en libertad.

Comprometidos con esos valores.

Vivimos esos valores en un compromiso personal y este compromiso es una experiencia comunitaria, es respuesta (diálogo) y responsable por el otro.

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5 Ibídem.
6 Ibídem.
7 Díaz, Carlos: Emmanuel Mounier, un testimonio luminoso, Ediciones Palabra, Madrid, 2.000.
8 Buber, Martin: Qué es el hombre, FCE, México, 1.949, p. 105.
* En libertad responsable.
Viviendo libre, responsablemente y en constante conversión. Una vida personal donde lo que se habla primero se vive. Porque nadie da lo que no tiene.

 

Dice el maestro Carlos Díaz que: “en lo eterno humano –en su naturaleza, en su ley natural- está escrito que:

- El ser vale más que el tener.

- Quien más regala es quien más posee, y hay más alegría en regalar que en retener.

- El dinero es necesario, pero insuficiente.

- Somos capaces de amistad, de preocuparnos por le otro, así irrepetible para nosotros.

- El amor es más fuerte que el odio.

- A todos nos gusta que nos quieran y nos traten como a personas.

- Da más fuerza sentirse amado que sentirse fuerte.

- No somos medio o instrumento para el egoísmo ajeno, sino fines en sí”9.

3. El Personalismo es comunitario.

Hacemos comunidad empezando con los más próximos. La persona es comunitaria desde siempre y para siempre. Porque somos un yo-tú-nosotros es posible amar al prójimo como a uno mismo.

4. Aprendizaje de la comunidad.

Hacemos comunidad y aprendemos en ella reconociéndonos frágiles, débiles, interdependientes; así crecemos todos, en unidad, haciéndonos responsables mutuamente, viviendo los valores universales para que a nadie le falte nada, cada uno con sus dones, donde todo afecta a todos. Por eso que cada cual conozca sus talentos, sus dones para donarlos, viviéndolos comunitaria y plenamente en el hoy.

5. La política, el arte de convivir en la comunidad y el amor de los amores.

Apuntar a los fines con medios, no sólo buenos, sino verdaderamente proporcionados a su fin, “medios en los que actúen auténticamente esa misma justicia que constituye la esencia del bien común y esa misma santificación de la vida profana que se refiere a la perfección del bien común”10.

6. Ya no es “Pienso, luego existo”, sino “Amo, luego existo”.

No es sólo ni antes la razón, sino el amor es primero, no el ego. Puedo decir “amo” porque antes he sido amado, y porque he sido amado amo. Soy amado, luego existo. “El amor es el nombre de la persona”. “Y en nombre de ese nombre, todo lo bueno se nombra”11.

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9 Díaz, Carlos: Ibídem.
10 Maritain, J.: El hombre y el Estado, Ed. Encuentro, Madrid, 1.983, pp. 77-78.
11 Díaz, Carlos: Ibídem-

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