Crónica del 2o.Simposium sobre el Duelo “Suicidio y vida, contra y desde la memoria hacia el sentido” de la Asociación Viktor E. Frankl de Valencia

Por Sebastián Tabernero

 

Asociación Viktor E. Frankl de Valencia.

Crónica del Segundo Symposium del Observatorio del Duelo

 

Los días 6 y 7 del pasado noviembre nuestra asociación celebró el Segundo Symposium del Observatorio del Duelo con el título “Suicidio y vida. Desde y contra la memoria… hacia el sentido”. Las jornadas tuvieron lugar en el salón de actos del Ateneo Mercantil de Valencia y contaron con la colaboración del propio Ateneo y de la Fundación Ateneo Mercantil. Fueron reconocidas de interés científico-sanitario por la Conselleria de Sanitat.

Presentamos en este boletín un breve resumen de las ponencias impartidas. En los próximos meses las comunicaciones presentadas en dicho simposio serán publicadas por la Editora Sello Editorial como segundo volumen de la “Colección Observatorio del Duelo”.

Precisamente, el primer volumen de dicha colección (“El Duelo, aquí y ahora. Observar el duelo para elaborar el sentido”) fue presentado en la primera sesión de las jornadas y ya puede encontrase en nuestra sede y en librerías especializadas.

Con este boletín pretendemos transmitir, aunque sea de forma necesariamente escueta, la experiencia de los que asistimos a un encuentro que destacó por su intensidad y por el alto nivel de los ponentes.

Apertura

El acto comenzó con unas palabras de bienvenida del Presidente de la Asociación Viktor E. Frankl, Sebastián Tabernero, quien destacó que “llevando nuestra asociación el nombre del conocido psiquiatra vienés, padre de la logoterapia y sobreviviente de cuatro campos de concentración, era inevitable que tarde o temprano, dedicáramos unas jornadas a abordar este tema” y que “en contra de lo que pudiera pensarse Viktor Frankl no se planteó el tema del sentido de la vida a raíz de su internamiento en los campos.

Sabido es que mucho antes, a finales de los años veinte, siendo un joven estudiante de medicina, ya promovió centros de orientación para adolescentes y jóvenes con la finalidad de prevenir los suicidios”.

Recalcó que “conocer que la vida tiene un sentido no sólo posee una relevancia terapéutica, sino también preventiva en este tema”; aunque sin olvidar que la problemática del suicidio es muy compleja, pues “confluyen en ella aspectos no sólo existenciales o espirituales, sino también físicos, psíquicos, educativos y sociales”.

Recordó que “según la Organización Mundial de la Salud, cada año se producen en el mundo más de un millón de suicidios, una cifra mayor que la suma de todas las muertes provocadas por los homicidios y los conflictos bélicos. Y se calcula que por cada muerte atribuible a esa causa se producen entre 10 y 20 intentos fallidos. Nos encontramos, sin duda, ante un verdadero problema de salud pública”.

 A continuación cedió la palabra a Doña Pilar Ripoll, Directora General de Calidad y Atención al Paciente de la Conselleria de Sanitat, para que en representación del Conseller, procediera a la apertura oficial del symposium quien sirviéndose de las citas de grandes pensadores, hizo un repaso histórico de las distintas percepciones sociales sobre este tema, destacando cómo también cambia en los distintos países la sensibilidad sobre el mismo.

Señaló que el suicidio es una cuestión que plantea “grandes interrogantes a los investigadores exigiendo un abordaje interdisciplinario”. Además “afecta a cuestiones muy complejas como la moral y la ética”.

Llamó la atención sobre “el incremento de la tasa de suicidios en los últimos años especialmente entre los jóvenes y los adolescentes” lo que lo convierte en un tema prioritario en el ámbito de la salud pública.

Manifestó finalmente el apoyo de la Consellería a la labor de las asociaciones que desarrollan su labor en el ámbito asistencial.

 

Aproximación a una visión antropológica del suicidio desde la medicina, la psicología analítica y la espiritualidad.   Dr. Jordi Font i Rodón.

 

La conferencia inaugural corrió a cargo del Dr. Jordi Font (Doctor en medicina, psiquiatra y psicoterapeuta. Institut Universitari de Salut Mental. Fundació Vidal i Barraquer. Universitat Ramon Llull. Barcelona) quien destacó la importancia de tomar en consideración los valores espirituales del ser humano como factor preventivo ante la problemática del suicidio.

Destacó cómo el psicoanálisis y la neurociencia están confluyendo en un mismo punto común: el ser humano es un ser destinado a evolucionar en el sentido de tomar progresivamente una conciencia mayor del mundo y de sí mismo. Es pues “un ser destinado a transcenderse a sí mismo”.

El Dr. Font explicó como desde el mismo momento del nacimiento, la vida nos impone el trauma de la separación y de cómo ese pequeño ser que nace comienza instintivamente a realizar conductas de búsqueda de alivio a su malestar emocional y que, lo más importante, en esa búsqueda puede conseguir encontrar fuera de sí mismo una afectividad, una sonrisa y amor que le ayuda a superar su dolor. Este mismo ciclo se va repitiendo durante toda la vida, a través de las pérdidas y dificultades con las que nos encontramos y, en este camino, el ser humano siempre puede superar su déficit emocional a través de una búsqueda hacia valores trascendentes, pudiendo llegar a superar este estado de carencia, gracias a la capacidad que los seres humanos tenemos de acceder a lo espiritual, entendido este termino no solo como religiosidad, sino como la capacidad de acceder a lo simbólico o trascendental, a aquello que está en un plano no físico o material.

Para el Dr. Font las conductas suicidas serian el resultado de un bloqueo en la capacidad de dar ese salto a lo trascendente, a los valores espirituales o simbólicos a los que el ser humano puede acceder. Por ello, insistió en la importancia de fomentar un cambio en nuestra sociedad hacia valores más profundos y espirituales tanto de la vida, como del propio ser humano.

 

Suicidio y sentido: el grito silencioso de una tarde de domingo.  Pedro Manuel Sarmiento.

 

A continuación, Pedro Sarmiento (Doctor en Teología. Profesor de la Universidad Pontificia de Salamanca) presentó la problemática del suicidio bajo la imagen “un grito de silencio en una tarde de domingo”. Comenzó su ponencia haciéndonos reflexionar sobre el hecho de que podamos hablar del suicidio desde fuera, sin haberlo experimentado en carne propia. Recalcó que la última palabra e interpretación sobre el suicidio pertenece sólo a quien lo ejecuta.

Los límites de palabras como suicidio, victimación, martirio, homicidio voluntario invertido, muerte no accidental, conducta suicida, acto de autodestrucción, conductas de riesgo, suicidio asistido, etc., han determinado las construcciones éticas sobre el valor de la vida y la muerte, así como el imaginario social, el pensamiento psicológico y la práctica médica y forense ante el suicidio.

Cualquier definición de suicidio persigue llegar a saber qué cuenta y que no cuenta como tal. Pero, más allá de la teoría, todo discurso sobre una práctica suicida involucra a un tercero. Ante un suicidio en particular, nuestro discurso no pasa de ser una construcción conjetural y aproximativa. “Un suicidio consumado es la expresión, patológica o no, del deseo de una persona de tomar el control de su propia vida frente a su propia muerte. Ante tal decisión siempre está en juego el valor de la esperanza, el alcance y la valoración de lo real, el sentido de uno mismo, la apreciación del tiempo, y la vinculación entre vida y muerte”.

Viktor Frankl hizo girar la logoterapia sobre este gozne: las razones para no suicidarse (“El hombre en busca de sentido”) que, positivamente, significan la afirmación de la esperanza. El profesor Sarmiento recordó la propuesta de sentido, contrastada con la visión negativa ante los hechos, el pesimismo y la justificación de la lógica suicida. Propuso la logoterapia como una corrección de una imagen deforme del hombre y apostó por esta visión de Viktor Frankl para rescatar la esperanza ante la crisis de la sociedad actual.

 

El afrontamiento del duelo por suicidio. Javier Barbero

 

La siguiente comunicación corrió a cargo de Javier Barbero (Psicólogo Clínico. Hospital U. “La Paz” de Madrid) quien comenzó señalando que “el suicidio es un reto para el profesional sanitario”, pues un 1% de la población mundial fallece por esta causa. Los intentos de suicidio suponen el 20% de las urgencias psiquiátricas.

Comparó la experiencia del suicidio con la del duelo, encontrando puntos en común, pues ambas se caracterizan por ser universales (existen en todas las culturas); son tranversales (surgen en todos los grupos sociales); son imprevisibles (surge muchas veces sin que nos podamos preparar) y generan una alteración emocional muy potente. Y, si atendemos a sus significados, encontramos también paralelismos:

 

-El suicido es un hecho aparentemente absurdo, sin sentido, y esa es una sensación común en quien sufre un duelo.

-El suicidio es un acto de huida (del dolor, de la sociedad…). Y en el duelo existe una huida que se manifiesta en la negación inicial: “No es posible”.

-Es una expresión de rabia frente al mundo, y quien queda en duelo suele expresar la rabia de “¿por qué me has hecho esto?”

-A veces el suicidio tiene un significado de autocastigo, de expiación (“no me merezco estar aquí”); y quien está en duelo manifiesta que vivir sin la persona querida es un tormento (“merece más la pena no vivir”)

-El suicidio se puede entender como una fuga del vacío. En el duelo patológico puede surgir la huída mediante el abuso del alcohol o los psicótropos.

-El suicidio es una muerte biológica, pero el duelo es una muerte biográfica.

 

Las razones del suicidio pueden ser múltiples, pero “atienden normalmente a una pérdida”: un despecho amoroso, al enviudar, pérdida del trabajo o ruina económica, pérdida del honor; la experiencia de fracaso (por ejemplo, académico), o la experiencia de sufrimiento (ver imposible vivir en una silla de ruedas, postrado en una cama, o viviendo una depresión profunda) o la sensación de inutilidad. El doliente por un familiar que se ha suicidado experimenta igualmente pérdida, fracaso y sufrimiento, y además se siente responsable y aparece la culpa. Hay que insistir en que “nosotros no somos la razón por la que decidió suicidarse, y aunque siempre se podría haber hecho algo más, no somos responsables de ese acto”.

El suicidio puede ser una decisión “lúcida” cuando la alternativa de vivir supone una mayor experiencia de sufrimiento que la de morir. Pero hay que cuestionarse: ¿la persona es capaz de tomar decisiones? Y ¿qué experiencia de sufrimiento hay detrás? Quien es capaz de arriesgar su vida como el jesuita Ellacuría, que volvió al Salvador sabiendo que estaba amenazado de muerte, atiende a una decisión centrada en los valores. Lo que confirma que la vida en sí no es un valor absoluto, tal como lo expresa la Iglesia fijándose en los mártires cristianos de los primeros siglos.

Queda la duda y el debate sobre el suicidio médicamente asistido, cuando la persona, en la que existe un sufrimiento físico objetivable, comunica abiertamente su deseo de morir para no sufrir más, a diferencia de quien oculta su decisión. La sedación terminal permite atender esas situaciones límite cuando los síntomas son refractarios a todo tratamiento. Lo más difícil es cuando el síntoma es la angustia vital. Entonces, el trabajo desde los valores puede ser una alternativa psicoterapéutica muy efectiva.

Recalcó “el fuerte componente de culpa que atraviesa la experiencia de duelo por suicidio”; que tiene el riesgo de estancarse como una manera falsa de reparar lo ya inevitable. La idea principal es la de no haber hecho todo lo posible para evitarlo y hay que ayudar al doliente a no instalarse en la culpa. Todo suicidio supone la posibilidad de un duelo complicado. Hay cambiar la experiencia de culpa en respeto. Y desde los valores buscar un nuevo tipo de vínculo. Ese es el objetivo del duelo: “despedirse de un tipo de relación para llegar a otro tipo de relación sin vínculo sensorial”.

Respecto a las estrategias del terapeuta destacó que “lo principal es no juzgar”. Y es importante evitar frases hechas (“tu sabías que estaba loco…”). “Son dos las funciones de los terapeutas en el inicio del duelo: Sostener en el dolor, que supone acoger la experiencia del sufrimiento, y gestionar el dolor”. Hay que ayudar a reconciliarse con los propios límites (“Tenía que haberme dado cuenta…”). Somos limitados. “No soy responsable de mi tristeza, pero sí de lo que hago con ella.

Podemos elegir cómo vivir el duelo. Y por fin, sacar lo mejor de sí mismo”. Por otro lado, el suicidio de un paciente también supone un duelo para el propio terapeuta.

 

Mindfulness tras el suicidio de un ser querido. Dr Vicente Simón

 

El Dr. Vicente Simón (Catedrático de Psicobiología. Universitat de Valencia. Psiquiatra) presentó en su ponencia la práctica y los beneficios de la meditación, científicamente denominada “Mindfulness” (Atención o Conciencia plena), en el afrontamiento del duelo tras la muerte de un ser querido, y en especial para el duelo por suicidio.

Comparó el trauma que experimentamos por la muerte de un ser querido con la¡ imagen de un collar de perlas que se rompe y con el modo en que quedan las perlas desperdigadas por el suelo. De forma que, igual que nos quedamos sin el hilo que las unía, nos quedamos sin un sentido, con fragmentos sueltos que debemos volver a unir.

Asimismo, destacó “los pasos que tienen que darse en todo proceso de duelo como los siguientes: sentir el dolor, perdonar, aceptar y amar, agradecer y decir adiós”. Ante estas tareas que deben ser realizadas en el proceso de elaboración y cierre del duelo, la práctica del mindfulness nos aporta, según el experto:

-Tomar conciencia de nuestros sentimientos; parar nuestra mente y observar lo que estamos experimentando. En el duelo, las emociones que aparecen son tan dolorosas que nuestra mente intenta huir de ellas. La meditación consiste en mantenernos presente en la emoción, tomando conciencia de ella, observándola tal y como es. Igual que si tuviéramos un niño llorando en nuestros brazos abrazamos nuestra emoción hasta que se calme.

-Aceptar la realidad tal y como es. Aunque al principio del duelo es imposible para nuestra mente aceptar lo sucedido, pasado el impacto inicial, la aceptación, entendida no como resignación sino como un “no resistirse” a lo que es, es una tarea necesaria para poder progresar en la asimilación de la pérdida. Como ejemplo de la actitud de aceptación o “no resistencia”, el Dr. Simón mencionó la frase de Jesucristo en el momento de su muerte: “Hágase tu voluntad y no la mía”.

-Desarrollar la autocompasión; desarrollar la capacidad de darse cariño y amor a uno mismo es una capacidad exclusivamente humana, y esta capacidad, según Vicente Simón, “es imprescindible en el proceso de duelo”. Especificó que la autocompasión no consiste en sentir pena de uno mismo, sino en poder sentir hacia uno mismo un gran amor y cariño. Simón propuso como herrramienta para desarrollar la compasión la “tecnica del Metta”, que consiste en meditar concentrando la mente totalmente en desearnos a nosotros mismos todo el amor, cariño, comprensión… que podamos. Destacó igualmente que no consiste en una mera repetición mental de frases hechas,sino que se trata de conectar con nuestras necesidades más profundas y desearnos a nosotros mismos que verdaderamente alcancemos esos beneficios. Con este ejercicio estamos desarrollando la capacidad de amarnos incondicional y verdaderamente a nosotros mismos en cualquier circunstancia en la que nos encontremos, lo cual en el duelo por suicidio resulta de una grandísima ayuda.

Por último, Vicente Simón recordó a Viktor Frankl en su planteamiento del espacio de libertad humana que queda entre los estímulos (o acontecimientos que experimentamos) y la respuesta que damos. Para el Dr. Simón, mindfulness es hacer espacio donde no lo había, es aumentar la conciencia, la capacidad de elegir, de desarrollar lo novedoso y nuestra capacidad creadora. Concluyo definiendo el duelo “como una ocasión para la creatividad del ser humano, para volver a rehacer el collar de perlas con un nuevo sentido”.

 

Familias en duelo: la reconstrucción narrativa de la pérdida de un ser querido por suicidio. Dra.Olga Herrero

 

La primera intervención de la mañana del sábado corrió a cargo de Olga Herrero (Doctora en Psicología. Profesora de la Facultat de Psicología i Ciències de l’Educació i de l’Esport Blanquerna. Universitat Ramón Llull) quien presentó la problemática familiar del niño en duelo tras el suicidio de un ser querido, a través del estudio de un caso clínico: el de una mujer de 37 años que acude a consulta para trabajar su duelo por el suicidio de su madre cuando ella tenía 11 años.

Herrero presentó clara y profundamente los efectos traumáticos que puede tener enla vida de un niño la muerte de un progenitor y la desestructuración familiar que suele acontecer después. Nos explicó de qué manera puede llegar a interferir el suicidio de un progenitor en niveles muy profundos de la personalidad del hijo.

Uno de los efectos más destacables, según la experta, sería “la influencia de este suceso en la conformación de la propia identidad del niño” cuyo progenitor, su madre en este caso, que supuestamente debía cuidarla, quererla y protegerla, decide poner fin a su vida y “abandonarla”. Este acontecimiento puede dejar en el niño una autoimagen distorsionada, pudiendo verse a sí mismo como víctima o como culpable por el hecho acontecido a lo largo de toda su vida.

Por otro lado, “la visión que el niño se forma de los demás también puede quedar afectada negativamente pues puede quedar vinculada al abandono”. Esto podría ocasionar que, a lo largo de su vida, no se arriesgue a establecer relaciones de afecto por la creencia profunda de que le van a acabar abandonando, o que él mismo provoque indirectamente el abandono a base de “ponerles pruebas” a los demás para ver si no le abandonan. Esto puede derivar, como en el caso presentado, en continuas relaciones rotas, tanto a nivel afectivo como laboral. Así, en el caso expuesto, el inicio de una nueva relación y la aparición de dificultades con su pareja fueron los motivos que le llevaron a trabajar en terapia el duelo.

Las técnicas de intervención utilizadas fueron cognitivas, dirigidas a re-co-construir de nuevo la realidad de la pérdida, encontrando nuevos significados con sentido ante aquel acontecimiento que le dejó sin explicación cuando era una niña y ante el cual tuvo que crear una historia de significados que no se ajustaron a lo que fue la realidad: que su madre siempre la quiso.

 

Trastornos de personalidad, depresión y suicidio. Dra. Amparo Belloch

 

En la siguiente comunicación, Amparo Belloch (Catedrática de Psicopatología. Universitat de Valencia) apuntó que los trastornos de Personalidad Límite y Antisocial son diferentes en cuanto a los rasgos que los definen. Sin embargo, en relación al índice de suicidabilidad, podríamos englobarlos en el mismo grupo, pues el 10% de las personas con trastorno Límite de Personalidad presentan 50 actos suicidas más que la población general y la autolisis llevada a cabo por personas con Personalidad Antisocial es diez veces más frecuente.

Se trata, pues, de un problema de salud pública, ya que más del 50% de las personas con trastornos mentales que realizan actos suicidas tienen un TP acompañado de un problema de abuso de sustancias. El 65% de los reclusos tienen un trastorno de Personalidad, la mayoría TP Antisocial. El 38% de ellos, con una ideación suicida persistente, y de este porcentaje, del 17% al 25% consuman la autolisis.

Amparo Belloch, insistió en la importancia del tratamiento psicoterapéutico de estos pacientes, pues muchos de ellos, especialmente en el caso de los presos, no reciben la atención necesaria para el abordaje de sus rasgos patológicos ni de sus conductas autolíticas. La prisión, por tanto, no es el medio adecuado para llevar a cabo la atención que necesitan para sus complejos trastornos mentales.

Respecto al Trastorno Antisocial, sostuvo que la persona con este trastorno presenta “una incapacidad de empatizar consigo misma, de forma que les imposibilita a reconocer sus emociones para poder manejarlas posteriormente”. Existe un programa canadiense (“Programa Edmonton”) para el desarrollo de la empatía con uno mismo.

La catedrática explicó que existen cuatro dimensiones que caracterizan a un Trastorno de Personalidad y sobre las cuales debe incidir el tratamiento psicológico:

1) Desregulación emocional (autodaño y dificultad para expresar las emociones sentimientos).

2) Complacencia / Conformidad -Antagonismo hostil.

3) Inhibición – Excitación.

4) Compulsividad – Impulsividad.

Asimismo, destacó la importancia del trabajo enfocado en potenciar lo positivo de un rasgo de personalidad, mientras se minimiza simultáneamente lo negativo. Amparo Belloch terminó señalando que: “La identidad no es estática, sino que es un proceso de construcción, donde lo más importante es llegar a descubrir y a conocer las cosas que nos importan y tienen sentido para nosotros como individuos”.

 

La muerte psicológica. Ramón Bayés.

 

La conferencia de clausura corrió a cargo de Don Ramón Bayés (Profesor Emérito de la Universidad Autónoma de Barcelona) quien definió la muerte psicológica como “el conocimiento subjetivamente cierto, que se suscita en un momento concreto de la vida, de que uno mismo va a morir”.

Esta certeza psicológica puede preceder a la muerte biológica en un tiempo cronométrico cero, como cuando la persona muere mientras está durmiendo sin que nunca se haya planteado seriamente la posibilidad de su desaparición o ningún indicio previo la haya avisado sobre la inminente realidad de su muerte. Esta certeza también puede darse en unas décimas de segundo, segundos o minutos, como en el caso de un ataque cardíaco o de un accidente de automóvil, o bien en horas o días, como sucede en algunos casos de suicidio. Incluso puede darse en semanas (tal es el caso de un enfermo en situación Terminal) o en meses (si se trata de un enfermo grave en lista de espera) o años (como en el caso un diagnóstico de cáncer, SIDA o enfermedad de Alzheimer); y en última instancia esta certeza puede durar décadas, como en el prolongado proceso de pérdidas sucesivas que es la vejez.

El hecho de que, sea la muerte lenta o rápida, por enfermedad, edad, accidente o suicidio, haya un momento en que la mayoría de las personas descubren con certeza que van a morir, nos permite tratar de enfocar el acercamiento a la muerte desde un punto de vista funcional común.

La muerte psicológica, considerada en si misma, no tiene porque engendrar necesariamente ansiedad y/o depresión, aunque en algunos casos éstas sean sus secuelas. A veces, puede originar tristeza, nostalgia,… al darse cuenta la persona que se halla sola frente a la muerte y que, con ella, desaparecerán para siempre vivencias muy queridas que atesora en su corazón. “La muerte psicológica plenamente aceptada es momentáneamente adaptadora”. Es como si el dolor hubiera desaparecido, la lucha hubiera terminado, y llegara el momento del descanso final antes del largo viaje. De todas maneras, el pensamiento humano puede variar con gran facilidad y, por otra parte, la percepción de duración temporal ante la muerte poco tiene que ver con el tiempo cronométrico.

Mencionó el relato autobiográfico “El año del pensamiento mágico” de Joan Didion, quien describió su dolorosa experiencia tras morir su marido de infarto. Bayés resaltó que “tras la pérdida de una persona querida el superviviente suele permanecer anclado en la rumiación, centrado en los acontecimientos del pasado y en los síntomas y sentimientos que provocan, sin poder adoptar comportamientos efectivos que le permitan salir de la situación. Cuando la persona empieza a recuperarse se incrementa su capacidad para concentrarse y disfrutar con el presente de las cosas presentes, y para impacientarse ante la espera de acontecimientos, cosas o personas sin relación con la pérdida”. Si hay que pasar, de estar centrados en el presente de las cosas pasadas a implicarse en el presente de las cosas presentes “puede servir de ayuda la práctica de la atención plena (mindfulness)”, la cual se encuentra focalizada en el ahora, y nos ayuda a ser conscientes de la belleza y problemáticas que en cada momento nosofrece la vida, como observadores y no como jueces ni como víctimas.

 

Coloquio final. Conclusiones. Pilar Barreto

El Symposium terminó con una exposición de las principales conclusiones del mismo por Pilar Barreto (Catedrática de Psicología. Universitat de Valencia. Directora del Observatorio del Duelo de la Asociación Viktor E. Frankl) quien, entre ellas, destacó el profundo sufrimiento (“desgarro” en expresión de Neimeyer) que genera el duelo, la relación entre el suicidio y la no superación de un duelo y el aislamiento, el respeto con el que hay que aproximarse al doliente, y la importancia de la espiritualidad, del sentido y de la “re-co-construcción” en la elaboración del duelo. En ésta, se destacó la utilidad de la meditación como herramienta. Se valoró la importancia de fortalecer la autoestima y la maduración de las personas con carácter preventivo del suicidio, para saber afrontar las pérdidas inevitables de la vida para extraer ganancias de ellas.

También intervinieron Pedro Sarmiento, Jordi Font, Ramón Bayés, así como diversos asistentes. Sebastián Tabernero, clausuró el acto, agradeciendo su presencia a los ponentes y al público, así como la labor de las personas implicadas en la organización. El éxito de las jornadas, tanto por la calidad de las intervenciones como por el gran número de asistentes, será un estimulo para la celebración del tercer Symposium, del que se ofrecerá información en breve.

 

Asociación Viktor E. Frankl -Valencia (ESPAÑA)

Asociación para la ayuda en el sufrimiento, en la enfermedad y ante la muerte.

www.asociacionviktorfrankl.org  

www.acompañar.net

www.observatoriodelduelo.es

 correo@asociacionviktorfrankl.org

C/ Don Juan de Austria 34, pta 4.; 46002 Valencia (ESPAÑA); Tf: 963.510.113

Horario de apertura: de lunes a jueves y de 17.00 a 20.00 horas

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Comentarios

  1. Excelentes iniciativas en donde se propician espacios de reflexión y análisis de tan olvidadas problemáticas sociales. SOLICITO ayuda para publicar mi obra sobre el tema La Odisea del Suicidio” que con gusto remitiría para sus correspondientes valoraciones.
    Aprovecho para invitarles al PRIMER CONGRESO NACIONAL DE PREVENCIÓN DE SUICIDIO EN COSTA RICA, que organizo para el 10-9-2010 en mi país.
    Gracias y que Dios les bendiga.

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