¿Cómo consolar a quien perdió a un ser querido? Qué decir cuando no hay nada que decir…

Como personas sensibles y solidarias, siempre tratamos de hacer lo correcto. Sin embargo, hay veces que al tratar de hacer lo correcto y no tener éxito, podemos hacer más daño que bien.

Tal es el caso, al intentar consolar a las personas que se encuentran en duelo. En esas situaciones, una de las peores cosas que se pueden hacer es recurrir a frases que no sólo han sido repetidas en exceso, sino que además están completamente fuera de lugar.

Una típica frase que se dice es: “Él está ahora en un mejor lugar”. ¿Cómo puede saber alguien tal cosa? Esta declaración no es de ayuda para ningún doliente. Lo que sabemos, es que este mundo es un buen lugar, ya que es un lugar para hacer el bien. La muerte, por lo tanto, es una tragedia.

Otra frase que no es de ninguna ayuda para los dolientes es decir, que Dios necesitaba más al difunto de lo que los vivos lo necesitaban. De nuevo preguntamos, ¿Cómo alguien puede saber eso? Además, hace quedar a Dios como si fuera una entidad completamente egoísta, que causa tragedias en este mundo con el propósito de unir más personas a Su equipo en el cielo.

Otra frase, no recomendable para decir, después de la muerte de alguna persona que haya vivido hasta los ochenta o noventa años es: “por lo menos él vivió una vida completa”. No importa que tan bien intencionadas eran esas palabras, son una cruel invasión hacia las emociones del doliente. Este tipo de frases trivializan el dolor del deudo y lo hacen sentir como si estuviera sufriendo por algo innecesario. Esto desconecta al doliente del que intenta reconfortarlo, cuando el propósito de consolar es conectarse al doliente.

Muchas personas que han estado de luto por tragedias familiares, me han expresado sus molestias sobre comentarios como este que acabamos de mencionar. Ellos afirman que razonamientos como estos son degradantes y banalizan sus sentimientos.

Una pareja estaba de duelo por la muerte de su hija de seis meses de edad. Una persona conocida pasó a visitar a los padres y les dijo lo siguiente: “Ella murió con un alma perfecta, nunca tuvo la oportunidad de pecar”. Seguramente que él tenía buenas intenciones al decir esto, y quizás, muchas personas en el lugar de los padres, sí estarían reconfortados con el comentario. Pero estos padres estaban muy tristes por la acotación de ese señor. Es cierto que la joven niña no tuvo oportunidad de pecar, pero así tampoco tuvo oportunidad para hacer buenas acciones, y ese era en realidad el sufrimiento de la familia.

El problema es que se necesita algo más que buenas intenciones para poder consolar a una persona que ha sufrido una pérdida. El buscar el “lado bueno” de la tragedia y comentarlo a los familiares, puede ser muy perjudicial para todos.

Una joven viuda estuvo muy dolida por el comentario de una amiga, mientras la visitaba para consolarla después de la muerte del esposo, le mencionó con sus mejores intenciones: “Tú eres joven y bonita, seguro que pronto vas a encontrar a alguien”.

Sin sumergirnos tanto en otros ejemplos, podemos agregar a nuestra lista de frases para no decir, algunas como: “Yo sé cómo te sientes”, “La vida sigue”, “Pronto te vas a sobreponer”, “Tienes otros hijos”, “Tu pena pasará rápidamente”, y “Tienes toda una vida por delante”. Todos estos comentarios banalizan el dolor, en vez de respetar la gravedad del sufrimiento.

Las visitas a dolientes, nos desafían a ser excesivamente sensibles y cuidadosos con lo que sale de nuestros labios. Una vez que las palabras salieron, no pueden ser anuladas. Es bonito cuando los dolientes entienden y aprecian nuestras buenas intenciones, pero no deberíamos confiar en esto, ellos están sufriendo mucho en esos momentos.

Tú puedes preguntarte: “Si todo lo que digo es potencialmente contraproducente, entonces, ¿qué debo decir?”. Esta es una excelente pregunta. Y la respuesta es: ¡no digas nada!

¿No decir nada?, ¿No es acaso obligación del que intenta reconfortar al deudo decir palabras de consuelo? La respuesta, tan sorpresiva como suene, es No. No es obligatorio decir palabras de consuelo, la obligación es reconfortar, simple como suena.

¿Cómo puede uno consolar sin decir palabra alguna?

Consolar a alguien puede lograrse simplemente acompañando al doliente, incluso en silencio. Todos estaríamos de acuerdo que ir y no decir nada es mejor que ir y decir algún comentario molesto o desagradable. Claro está, el mejor resultado puede lograrse al visitar y compartir pensamientos y reflexiones inteligentes.

¿Pero cómo puede alguien saber que es apropiado si cada doliente piensa distinto? La respuesta es a través del silencio, acercándonos con los labios sellados y con los oídos completamente abiertos. Este es el protocolo más específicamente humano para las visitas a dolientes. Ve, siéntate y escucha. El doliente empezará a hablar, y ahí sabrás que es lo que necesita. Después puedes responderle. Esta es la forma más segura y sensible para confortar a los deudos.

A su vez, identificarse con el deudo y con su duelo es extremadamente importante. Reconocer la dificultad de encontrar las palabras correctas para decir es un gesto consolador. Querer saber más sobre el difunto es también bienvenido, siempre y cuando uno intuye que al doliente le consolará esta actitud.

Y, cuando llegue el momento (si es que llega) de que pueda caber algún comentario al estar acompañando al deudo, una de las formas más efectivas para consolar es decir cosas bonitas sobre el difunto y sobre los dolientes. Historias sobre el difunto, especialmente esas que los familiares no conocían, son una gran fuente de consuelo y a menudo causan una sonrisa en el rostro del doliente. Expresar admiración por el amor que unía al deudo con la persona fallecida, o por los cuidados que se le procuraron también puede ser un método efectivo para consolar.

Ten siempre en mente que no importa que tan raro puedas sentirte al ir a visitar a alguien de duelo, no se trata de ti, se trata de él. ¿Qué cosas van a causar que el doliente se sienta mejor?, ¿Qué le va a provocar una sonrisa? La respuesta puede ser difícil de hallar, o quizá puedes tener muchas respuestas. Mientras más esfuerzo pongas en resolver esas preguntas, es más probable que puedas verdaderamente “acompañarlo” y a su vez es más probable, que el doliente sea ayudado a transitar el camino que va desde el dolor hacia el agradecimiento, agradecimiento por la vida que tuvo su ser querido.

Mauricio R. Carvajal Guajardo

Psicólogo y Logoterapeuta
Cédula Profesional No. 2005645 / UAEM  / 1984-88

Tels. 24 Hrs. y Fax: 315.2622, Consult. 382.1487 y Cel. 790.8482 en la Cd. de Cuernavaca, Mor.

 

¡Inscríbete a nuestro Newsletter!
boletín logoterapia
Regularmente enviamos información relevante sobre la Logoterapia a través de nuestro Newsletter.
Para inscribirte a nuestro Newsletter por favor deja tu nombre y email.
En cualquier momento que ya no quieras recibir más información de nosotros podrás des-inscribirte.

Comentarios

  1. Jorge C. Ram

    Aquí e Guatemala se ha intentado una capacitacion continua en principios y valores a través de la RICN red internacional de cristianos en negocios pero la palabra cristiana algunos lo rechazan, pero si ha dado frutos en algunas universidades. la mesa redonda es una estrategia donde las empresas o instituciones ceden un tiempo para que los empleados compartan se pongan retos o desafios de cambio. este tema me gusta mucho a nivel empresarial , por esto mismo la cultura de contratos y out soursing, está teniendo alguna aceptación. en el libro mas alla de la cumbre de Zig Ziglar cuenta que su mejor filósofo es Daniel el travieso que hace magia y conoce dos trucos POR FAVOR Y GRACIAS, puede agregar PERDON Y OTROS VALORES BENDICIONES

  2. Estela González

    Gracias, me han servido mucho tus comentarios, estoy totalmente de acuerdo con lo que planteas, a veces nuestras palabras en esas situaciones tan dolorosas hacen más mal que bien, y suenan desconsideradas y hasta burlonas e insensibles. Yo tampoco sabía como abordar esto con amigos o conocidos y optaba por darles un abrazo o de plano mejor no asistía hasta pasados unos meses, lo cual tampoco creo que fuera considerado pero creo que afectaba menos que decir una tontería.
    gracias por tu consejo ahora sabre la mejor manera de actuar

  3. MAURICIO GALLEGOS ZAPIEN

    CADA CAMBIO IMPLICA UNA PERDIDA, CUANDO UN SER QUERIDO MUERE, ES QUIZA UNA DE LAS MAS
    DOLOROSAS, SIN EMBARGO PERDER LA SALUD Y SEGUIR VIVIENDO CON UNA CALIDAD DE VIDA MENOR A LA QUE SE ESTABA ACOSTUMBRADO, ES MAS DIFICIL DE SOBRELLEVAR YA QUE SE TIENE QUE DEPENDER DE LOS FAMILIARES ESTO NO ES GRATO PARA EL PACIENTE Y TAMPOCO PARA LOS FAMILIARES, COMO SE DEBERIA APOYAR A LAS PERSONAS QUE ESTAN PASANDO POR ESTAS CIRCUNSTANCIAS???.

  4. Milka Dávila Núñez

    Perder a alguien siempre es doloroso, la muerte para muchos de nosotros nos ha quitado a personas muy queridas de forma prematura, aunque nunca es buen tiempo, sin embargo son muchas las circunstancias que pueden agravar este acontecimiento. Si la persona que murió estaba enferma, si fue de forma repentina o si esa persona terminó con su vida. Aunque las circunstancias en que un deceso acontece pueden ser variados, la pena del que queda aquí es algo muy difícil de sobrellevar y ciertamente se tiene coraje y frustración ante comentarios aunque bien intencionados, en algunas ocasiones solo dejan los sentimientos más acentuados, con un daño que dura mucho tiempo. Gracias por este tipo de artículos, es bueno ahondar más en el tema respecto de la ayuda que se puede proporcionar a un doliente.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

You may use these HTML tags and attributes: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <s> <strike> <strong>